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lunes, 24 de septiembre de 2012

SEVILLA Y MANZANARES, MANZANARES Y SEVILLA


Cuando José María Manzanares terminó su vuelta al ruedo después de dar muerte al quinto de la tarde, se fundió en un abrazo interminable con José María Manzanares. Padre e hijo eran conscientes de que en esa tarde el más joven había alcanzado la gloria del toreo: puede haber otras plazas de toros y otras aficiones, pero el torero que es capaz de llevar al éxtasis (o al extásis, como diría Paula) a la afición de Sevilla, alcanza la gloria del toreo. Y eso es lo que el joven Manzanares logró ayer en la Maestranza. A partir de ahora no ocupa Morante el primer lugar en las pasiones taurinas de Sevilla: lo que su padre, también adoptado por la afición maestrante, no consiguió nunca (desplazar a Curro) lo ha logrado el hijo. Eso deberían pensar los dos mientras se fundieron en el interminable abrazo.

No se puede torear más despacio y con más temple. El joven Manzanares dejó sobre el albero una obra maestra del arte de la tauromaquia. Una obra efímera que quedará grabada en la memoria de los que pudimos contemplarla (y también en youtube para los que no estuvieron allí pero, claro, no es lo mismo). Venía Manzanares dispuesto a triunfar a toda costa, y lo consiguió. Desde las verónicas a pies juntos o con el compás abierto y la excelsa media abelmontada con que terminó de recibir a su primero tras la larga a portagayola (esta vez sí que tuvo criterio la música) hasta los redondos interminables y lentísimos que ejecutó en el quinto. Tiene Manzanares  tal poder y tal temple con la derecha que en la faena al primero se llevó un tantarantán por haberse rebozado con el toro hasta el extremo de que cuando terminó el pase tenía los pitones del núñezdelcuvillo en la espalda. Para terminar de poner Sevilla a sus pies sólo le falta mejorar su torero al natural y completar su repertorio con unos kikirikí o unos pases de la firma para culminar las series con la izquierda (que se haga con todo lo que haya grabado de Curro, o que le pida al Maestro que le enseñe cómo se hace tentando unas becerras).

Después de ver a Manzanares, Talavante ha quedado como un torero voluntarioso pero vulgar. Y eso que aceptó el reto y trató  de competir y de estar a la altura. Si Manzanares se fue a portagayola en su primero, Talavante lo hizo en el segundo (dice el extremeño que por primera vez en su ya larga trayectoria torera). Talavante tiene valor, pero su toreo es frío (para los gustos de Sevilla, claro) y carece del don del temple. Sus faenas fueron aceleradas y los lances casi siempre acababan con las telas enganchadas. Al sexto, un núñezdelcuvillo que no era un carretón, vaya que no tenía la nobleza marca de la casa y presentaba dificultades y cierto peligro, no supo o no quiso verlo ni le dio las distancias adecuadas, y lo pasaportó con una faena voluntariosa pero bastante insulsa.

Así que Manzanares le mojó la oreja a Talavante en el mano a mano, del mismo modo que Núñez del Cuvillo le mojó la oreja a Juan Pedro Domecq. No es que los núñezdelcuvillo fueran un dechado de virtudes, pero superaron a los flojos juanpedros que, aunque esta vez parecían bien escogidos, demostraron que esa ganadería tiene un problema serio en sus reatas.

Además de ver torear a Manzanares como lo harían los mismísimos ángeles (si es que los ángeles torean), hemos visto un magnífico tercio de banderillas a cargo de su magistral cuadrilla. Una lección torera de cómo se hace la brega de un toro.

En fin, que al menos hemos terminado el abono con dos alegrías. Una porque hemos podido deleitarnos con el toreo de verdad (no todo lo importante ocurre en Nimes), y por otra porque Luis Blázquez sólo salió con contusiones después de una cogida que hizo temer la tragedia.

¡Ya era hora!


sábado, 22 de septiembre de 2012

¡¡¡EUREKA!!!


Eso es lo que dicen que gritó el sabio cuando descubrió por qué algunos cuerpos flotan en el agua y otros se hunden. ¡Eureka! Es como un grito de triunfo: lo he descubierto, por fin sé lo que pasa y ya puedo quedar tranquilo. Pues ayer, cuando salía de la Maestranza yo también pude gritar ¡Eureka! Me explicaré.

Ayer comenzaba el ciclo final de la temporada en Sevilla. Cuando compramos los abonos se anunciaba para este día un encierro de Juan Pedro Domecq que lidiarían los novilleros triunfadores de la temporada. Cuando se formalizó el cartel se anunció a Rafael Cerro, Tomás Angulo y Gonzalo Caballero. Se supone que novillos y espadas que compondrían un cartel de lujo para inaugurar el ciclo otoñal. Ya saben, novilleros codiciosos y pujantes, quizás a punto de convertirse en matadores de toros, con novillos de esos que han sido calificados de patanegra, la flor y nata del campo bravo, lo mejor de lo mejor, la estirpe que garantiza el éxito de las figuras por su bravura y su nobleza. La sangre que ha colonizado casi todas las ganaderías que se anuncian por los ruedos españoles y franceses. ¡¡Casi nada!!

Bueno, pues nada de lo que pasó en el ruedo tuvo que ver con eso. Según la base datos de Portal Taurino entre los tres espadas no sumaban en la temporada ni 25 festejos: Rafael Cerro, que abría el cartel, había toreado hasta ayer 9 novilladas , Tomás Angulo 4 y Gonzalo Caballero 8. ¿Esos son los novilleros triunfadores de la temporada? Ah! Perdón, será de la temporada sevillana. No estoy desmereciendo a los jóvenes espadas, que mostraron ganas y más o menos conocimientos en ésta su última aparición en Sevilla. Pero ¿no hubiera sido mejor anunciar a los novilleros que lideran el escalafón en estos momentos? Torear juanpedros en la Maestranza sería un buen premio para los más esforzados y una demostración de que los carteles se ganan día a día, en el ruedo y no en los despachos.

Y ahora los novillos. ¡Qué desastre! los patasnegras, desigualmente presentados, fueron blandos y descastados hasta la desesperación. Eso sí, nobles en grado sumo como se espera del encaste: ya saben, bobalicones de esos de pasapacá y pasapallá. Yo creo que Varapalo (nº 75) le pidió perdón a Caballero por el revolcón que le propinó por estar donde no debía estar. Toros tontorrones que embestían con los hocicos y no podían con su alma.

De modo que como la tarde, además de calurosa, fue de un aburrimiento soberano, me puse a cavilar sobre lo que estaba sucediendo en el ruedo. A ver... Si la empresa dice que sus veedores traen lo mejor que hay en el campo bravo y si los juanpedros son el resultado de la muy cuidadosa selección llevada a cabo por el malogrado sabio de la ganadería brava que fue Juan Pedro Domecq Solís, ¿Por qué los toros de este encaste que salen al ruedo maestrante son tan malos? ¿Por qué se caen nada más pisar el albero? ¿Por qué su comportamiento es tan descastado? ¿Por qué son tan tontorrones? ¿Por qué aburren hasta a las moscas?

En eso estaba cuando se lidiaba al citado Varapalo que cerraba el festejo y que fue el único que medio se movió, no se rajó escandalosamente ni masticó el albero. Claro que tampoco se picó, ni se le hicieron quites ni nada de nada, y Gonzalo Caballero lo cuidó como si en vez de en una plaza de toros hubiera estado en un hospital veterinario. Nada hizo que justificara el aplauso con el que fue despedido (ni la faena del novillero justificó la oreja que le regaló el presidente). A lo largo del festejo habían pasado otras cosas. El presidente no devolvió por lo menos tres de los juanpedros que eran inválidos absolutos. La banda de Tejera atacó el pasodoble en el quinto de la tarde justo después de que Tomás Angulo terminara una serie con la derecha en la que hizo que el novillete pasara pacá y pallá incitándolo literalmente con el pico de la muleta: con el pico que forma en la muleta la punta de la ayuda. El público pidió las oreja del quinto de la tarde, después de una faena vulgar y sin mérito alguno, y del sexto (ésta la concedió el presidente sin criterio alguno). En fin, un desaguisado detrás de otro.

.Pues en esto estaba, cuando de pronto se encendió la luz: ¡¡Eureka!! Había descubierto la causa del desastre. No sólo de la novillada de ayer, sino de todo lo que ha ocurrido durante la temporada (y en la anterior, y en la anterior...). La causa de todo está en el albero maestrante. Sí señores, si ni la empresa tiene la culpa denada y trata de ofrecer lo mejor de lo mejor en ganado y lidiadores, si las ganaderías traen lo mejor que tienen en el campo, si la autoridad competente cumple con su obligación y piensa que defiende los intereses de los aficionados y hace respetar el reglamento, entonces la culpa de todo la tiene el albero. Mejor dicho, los efluvios que, con el calor, desprende el albero después de ser convenientemente regado por los areneros antes de comenzar el espectáculo. Los efluvios del albero hacen que los toros se caigan y se vuelvan tontorrones; que los matadores muestren todas las malas artes ventajistas de que son capaces... Que el presidente no vea que lo que está pasando en el ruedo es una estafa en toda regla. Que la música toque cuando no tiene que hacerlo y que los públicos pidan orejas por faenas vulgares o que aplaudan toros que han tenido comportamientos indignos del ganado bravo.

Es evidente. Por eso ayer fue el último novillo el que medio se comportó, porque el albero ya estaba seco después de la tarde de calor insoportable. Claro que a esa hora todavía llegaban los últimos efluvios al palquillo presidencial, a la grada de la música y a los tendidos. Si no, no se explica.

De modo que, descubierta la causa de lo que está pasando en la plaza de toros de Sevilla, hay que poner remedio. Al menos yo no renuevo mi abono hasta que los maestrantes no saquen todo el albero de la plaza y lo sustituyan con arena de cualquier otro sitio. Quizás la Empresa Pagés debería preguntar de dónde procede el que forma el piso del anfiteatro de Nimes, en donde dicen que suceden cosas que cambian la historia de la tauromaquia.

martes, 17 de abril de 2012

POR LA BOCA MUERE EL PEZ



"La acometividad supone todo: Dureza de patas, que vayan al caballo, que vayan a la muleta, que no se rajen y que, al final, mueran peleando, es decir, buscamos toros bravos en mayúsculas". Esto es lo que dice literalmente el actual responsable del hierro del Conde de la Maza en la página web de su ganadería cuando se refiere al sistema de fijación de caracteres de sus ejemplares. Para Leopoldo Sainz de la Maza "la bravura auténtica se aprecia en el caballo", por lo que prefiere "perdonarle la vida a una becerra muy brava ante el picador aunque luego presente alguna dificultad en la muleta", mientras que no deja para madre la que hace buen juego en el último tercio si es discreta en el caballo.
Se puede leer también, en el apartado relativo al manejo de las reses, que el Conde de la Maza fue pionero a la hora de hacer correr a los toros que van a ser lidiados para fortalecer sus extremidades: "Los hacemos galopar durante dos o tres kilómetros y desde que comenzamos hace nueve años no se nos cae un toro", un criterio este de la fortaleza física que para el ganadero es también  determinante en la selección: "Además de la mala alimentación y el poco ejercicio, el error en la selección es un factor determinante, puesto que la debilidad de remos es hereditaria". Por la boca muere el pez.
De modo que como Leopoldo Sainz de la Maza estaba viendo sus toros desde el callejón de la Maestranza ("Por supuesto voy a ver lidiar todas mis corridas") y estaba tomando buena nota de su conducta en el ruedo, pues supongo que enviará al matadero todo lo que tiene en el campo o por lo menos las reatas de las que formaban parte los seis (tres de ellos cinqueños) que ayer se lidiaron en Sevilla. Porque de los seis ninguno hizo la suerte de varas en condiciones, todos mordieron el albero maestrante y se rajaron ostentosamente mostrando con nitidez su falta de casta y su mansedumbre, hasta el extremo de que el tercero se acostaba cada vez que Joselito Adame le enjaretaba dos o tres pases medio seguidos. Sería que estaba cansado de permanecer en los corrales de la plaza de la Maestranza, porque este cinqueño cárdeno de nombre Guasonero ya estuvo reseñado como sobrero en la corrida del sábado remendando la de los juanpedros de Montealto. Y es que la autoridad rechazó cuatro de los ejemplares traídos del Cortijo de Arenales, de modo que la corrida se debió remendar con éste y con otro de nombre Agujeto de la ganadería de Montealto que se reseñó como sobrero y que ya ocupó el mismo lugar en la corrida del sábado pasado. Vaya, aprovechando lo que hay en los corrales, que no está la cosa para despilfarros con esto de la crisis. La corrida estaba bien presentada, pero mansos y descastados lo eran hasta la desesperación. Lo dicho, al matadero, que a lo mejor la carne queda bien para guiso.
Los toreros hicieron lo que pudieron con semejante ganado sin clase ni codicia. Más los dos americanos que Salvador Cortés, que cada año muestra más desgana y está menos centrado. No se merece el segundo cartel en el que está anunciado. Luis Bolívar, exponiendo lo suyo, logró sacar un par de series de mérito al manso que se corrió en cuarto lugar; y Joselito Adame no quiso dejar pasar la jornada de su presentación en Sevilla sin mostrar sus virtudes y su valor. Hizo una meritoria faena al sexto que fue premiada con una oreja muy barata. Pero el público de la Maestranza ya no es lo que era, y saca los pañuelos con una facilidad insultante. Lástima que no podamos ver a estos dos toreros con otro ganado con más fuerza y mejor casta.
Lebrija, que por fin fue requerido después de muchísimo tiempo sin actuar, dio el mitin cachetero al apuntillar los dos toros de Salvador Cortés. Y la banda de Tejera volvió a mostrar que está muy mal dirigida cuando atacó sendos pasodobles en las faenas de Bolívar y Adame. Sería por la insistencia de uno del 12 que parecía estar aburrido.
En fin, que esto pinta muy mal y si quien corresponda no pone remedio, los tendidos van a estar cada día más vacíos. Que ya es decir.

lunes, 9 de abril de 2012

POBRE MAESTRANZA


Hoy se ha perpetrado en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla el enésimo acto directamente orientado a terminar con la fiesta de los toros. Y no han sido los protagonistas, de nuevo, los grupos animalistas ni los antitaurinos. Han sido los taurinos. O mejor, los que viven del espectáculo de los toros. Hoy, en una entrevista a doble página en el diario ABC de Sevilla, los responsables de la Empresa Pagés hacían algunos comentarios que demuestran que viven fuera de la realidad, o que la realidad en la que viven no tiene nada que ver con la de los aficionados a los toros. Como compensación por la ausencia de algunas figuras en los carteles afirmaban que el elenco ganadero seleccionado daría grandes alegrías a los aficionados de los que, por cierto, dicen que no han oído ninguna queja por la baja calidad del abono (¡!).


Pues muy bien. Para muestra es suficiente un botón. El ganado que el heredero de Juan Pedro Domecq Solís ha enviado hoy a la Maestranza ha sido de desecho: blandos, inválidos, descastados, mansos, bobalicones (nobles los llaman ahora), dos de ellos anovillados y el sexto me parece a mi que burriciego. Y eso después del primer baile de corrales: de las nueve reses enviadas sólo seis han sido aprobadas por los responsables de que las corridas cumplan los requisitos exigidos en una plaza de primera categoría. Cómo serían los tres descartados si por la puerta de toriles salió lo que salió. Decían los empresarios en el anuncio de la ganadería que los juanpedros (de toros pata negra los calificaron años atrás) volvían a Sevilla después de los éxitos logrados el año pasado. Pues les han engañado (¿o no?). Los toros eran una birria ganadera que sólo hubiera servido para torear en plazas de tercera categoría. Debería dar vergüenza a este ganadero traer a Sevilla lo que ha presentado esta tarde. Claro que la culpa no es sólo de ganadero y empresarios. El presidente, que hoy era Gabriel Fernández Rey, tenía que haber devuelto toda la corrida nada más ponían los pies en el ruedo, porque ninguno cumplía los requisitos: tenían tan poca fuerza que arrastraban  la panza por el albero en cuanto les enseñaban los engaños. Ninguno tomó varas como es debido (ni siquiera los ligeros picotazos en que la suerte de varas se ha convertido en estos tiempos) y llegaron a la muleta absolutamente desbaratados. Por no decir que el primero del lote de Morante de la Puebla arrastraba sospechosamente los cuartos traseros. ¿A quién defiende la llamada autoridad? Pues evidentemente a la empresa.

Pero, claro. En descargo del ganadero, que en algún lugar ha dicho que traía una corrida "muy sevillana" (a lo mejor tenía segundas intenciones porque en otra plaza no se los hubieran admitido), hay que decir que trae lo que trae porque es lo que quieren las figuras. Habría que pedir responsabilidades a los matadores o mejor a sus podertenientes: Curro Vázquez, Matilla y Simón Casas, un tándem que está haciendo todos los méritos posibles para acabar con la fiesta. No  dirán que no sabían lo que se había encerrado para Sevilla, porque sus pupilos no torean ni una vaca que no haya sido supervisada por ellos. Dirán que es lo que les piden sus poderdantes: pues peor. Alguien que se viste de luces y que se reputa de figurón del toreo debería tener la suficiente vergüenza como para no permitir que le echen semejante ganado en una plaza como Sevilla. Y si se lo echan, pues entonces debe mostrar su invalidez con el suficiente estruendo como para que el presidente del festejo no tenga más remedio que devolverlo a los corrales.

Pues ha sucedido todo lo contrario: los tres matadores, haciendo el paripé, han hecho creer que los han toreado. A Manzanares le ha salido bien y el usía le ha regalado la oreja de su primero después de ser pedida mayoritariamente por los públicos (¡pobre Maestranza!). Morante también la buscó con las mismas artes llevándose al jabonero que se corrió en cuarto lugar, que a más de inválido era manso pregonao, a los terrenos de su querencia. Compuso algunas tandas con clase y pinturería, pero aquello estaba falto de emoción porque el toreo, también el de aromas exquisitos, precisa en primer lugar de la existencia de un toro bravo. Y aquél no lo era. Daniel Luque intentó justificar su presencia en este cartel de lujo con una larguísima serie de extraordinarias verónicas muy bien rematada, llevando al morlaco toreado desde las tablas hasta los medios (tocó la música). Pero después de aquél derroche de energía el juanpedro ya no tenía nada más que ofrecer. Como todos sus hermanos de camada.
Una lástima de corrida que demuestra hasta dónde se está hundiendo la plaza de toros de Sevilla: empresarios que sólo parecen mirar la caja, ganaderos que envían todas las birrias que tienen en el campo, apoderados y toreros que exigen semejante desecho, presidentes que no cumplen con su obligación y públicos que cada vez entienden menos de lo que sucede en el ruedo. Por no hablar de la música, que atacó el pasodoble después de una tanda despegada de Manzanares a un toro que no merecía ese nombre y que la mantuvo a lo largo de toda la faena, a pesar de que con la izquierda, como siempre, el de Alicante no fue capaz de enjaretar un pase en condiciones.

De nuevo la cuadrilla de Manzanares ha brillado con luz propia en la plaza. El gran torero que es Curro Javier puso dos pares de banderillas al quinto de la tarde en los que mostró extraordinaria clase y enorme valor. Arriesgó hasta lo indecible ante un manso que arreaba para los adentros y al que había que provocar hasta el extremo para lograr la arrancada. Se llevó la gran ovación de la tarde y el respeto de los aficionados.

Hoy he tenido la suerte de compartir comentarios con ese gran aficionado que es Fernando Naranjo, autor del blog "De jabugo y oros", al que pude conocer porque la casualidad le colocó en la localidad exactamente detrás de la mía. Sus comentarios, fundamentados en un profundo conocimiento de la tauromaquia y en un inmenso amor a la fiesta, confirman el sentimiento de decepción y tristeza que nos invade a los aficionados después de una corrida como ésta.

¡Pobre Maestranza!


viernes, 6 de mayo de 2011

TRES EN UNA



Tres festejos y muy poquito que decir. Muy poquito. Todo se podría resumir en algo así como "más de lo mismo". Tres festejos con toros que parecen fotocopiados: es lo que tiene el monoencaste. Sólo el quinto del encierro del martes se salió un poco de la tónica general. Un toro con caja y con sus kilos pero no gordo, con trapío y con casta que El Cid se dejó crudo. El toro era de triunfo, pero El Cid ya no parece tener condiciones morales para tratar con algo así. Le faltó reposo y seguridad, no lo vio en ningún momento. O no quiso verlo. El Cid sólo asentó las zapatillas en su primer toro del viernes: consiguió una oreja que supo a poco dado lo que se espera de él en esta plaza, porque en el cuarto volvió a dar el petardo. Y eso que de los cuatro toros con los que se las vio el único que tenía algo de mordiente fue aquel burraco de El Pilar. Un fiasco y una desilusión.
En esa mala corrida de El Pilar sólo vimos las ganas y las buenas maneras de Esaú Fernández, un joven torero de Camas que me ha sorprendido. La verdad es que después de verlo en las novilladas del verano pasado tuve la impresión de que estaba demasiado verde para tomar la alternativa. Pero mostró serenidad, técnica y valor. Y mucho gusto manejando los trastos. También mató con soltura. Si lo llevan bien creo que puede convertirse en un buen torero. Esperemos que no se atore en su primer año y retroceda todo lo que ha avanzado, porque es muy joven y tiene muchas ganas. Dos orejas al esportón que no son mal comienzo para una carrera y que nos quitó el mal sabor de boca que en aquella corrida nos dejaron Morante, El Cid y los toros.
Lo de Fuente Ymbro que se toreó el miércoles fue para olvidar. Una muy mala corrida: mansa, descastada, floja hasta la desesperación. Parte del público pidió (también) la devolución del último toro, pero en el 11 se suplicaba por primera vez que el presidente no hiciera caso: estábamos tan aburridos que lo que queríamos era salir cuanto antes de la plaza. El ganadero ha llegado a la cima: ha logrado toros absolutamente bobalicones y descastados. Ya tiene lo que quería. Ahora, a matarlo todo y a dedicarse a la cría de retinto que tiene mejor precio en las plazas de abasto. Los matadores también tienen lo que querían y por eso pasaron sin pena ni gloria. Sólo Tejela intentó hacer algo con sus enemigos, pero fue un esfuerzo inútil. Perera sigue en sus trece. No acaba de salir del hoyo en el que cayó el año pasado. Y Talavante aburre a las moscas.
La corrida de ayer pareció comenzar con otro son, pero acabó en lo mismo. Las ganas de El Cid en el primero dejaron algunas buenas series con la derecha, pero con la izquierda siguió mal colocado y así no se puede. Los tres matadores dieron una lección de cómo se dobla la cintura para citar por naturales: hay que doblarla mucho para colocar la muleta en el pitón contrario pero poner los pies absolutamente fuera de cacho. En eso Cayetano se mostró como un maestro. Este joven debería dejarlo y dedicarse al modelaje: seguro que ahí tiene más futuro. Se le nota que ha trabajado mucho delante del espejo, porque posturas sí que pone: ahora recuerda a su padre, ahora recuerda a su abuelo. Pero a ninguno de los dos se parece cuando tiene un toro delante, aunque el astado sea un bobalicón de esos que le selecciona su pariente y apoderado. Y además ha pasado al populismo más descarado. Su último toro en Sevilla, un manso de solemnidad como todos los jandillas de Jaén, lo trapeó entre el 10 y el 12 después de quitarse ostentosamente las zapatillas, no sabe uno muy bien por qué ni para qué. Sería un consejo de su hermano que estuvo asesorándole detrás de las tablas durante toda la faena. La solanera agradecida (no sólo las mujeres, que más de una vez le piropearon) y parte de la sombra incluso llegó a pedir la oreja. Será por lo de las zapatillas o porque es muy guapo, o yo qué sé. El caso es que el presidente esta vez tuvo criterio y no se la dio. Pero a instancias de su cuadrilla se marcó una vuelta al ruedo muy compuesta y salerosa en la que las féminas pudieron verle de cerca, tirarle toda clase de prendas y piropearle a voluntad.
Daniel Luque estuvo esta vez menos apático que en su anterior corrida y también fue injustamente recompensado con una oreja por su tesonera faena al manso que cerró la corrida. Cosas de esta plaza de toros en la que ya no sé si el que está equivocado soy yo: la música atacó un pasodoble cuando el de Gerena iba a recoger el estoque para acabar de una buena estocada con su oponente. Cosas para ver y para olvidar.
Y hoy jandillas de verdad. Eso es, más de lo mismo.

jueves, 22 de abril de 2010

PÚBLICOS Y AFICIÓN


El de ayer en la Maestranza fue un ejemplo claro de la enorme diferencia que hay entre los públicos que acuden a las plazas de toros y la afición. Fue en la última parte de la corrida, cuando El Cid y Talavante tuvieron que hacer frente a sus descastados ejemplares de la Ventana del Puerto y El Puerto de San Lorenzo respectivamente. En ambos casos los públicos aplaudieron lo que no tenía mérito alguno. En el caso de El Cid los públicos pidieron con fuerza una oreja para el de Salteras que el Sr. Fernández Rey, que presidía el festejo, no concedió con buen criterio. Eso le valió una bochornosa e inmerecida bronca cuando El Cid, aclamado por los públicos, concluyó una vuelta al ruedo que dio por su cuenta (a decir verdad, impulsado por los miembros de su cuadrilla y por algún espectador de las barreras del 1). Mientras tanto los aficionados permanecían en silencio en sus localidades sorprendidos por lo que estaban viendo, aunque no demasiado porque se trata de una situación cada vez más común en la Maestranza, sobre todo en estas corridas que llaman "de farolillos". El Cid llegó a esta última aparición en el ciclo continuado de la feria con más disposición que en sus anteriores comparecencias. Parecía ser consciente de que estaba pasando por un mal momento y de que tenía que solventarlo delante del toro. En mi opinión le tocó lidiar el mejor lote de la tarde (que no es mucho decir porque lo del Puerto de San Lorenzo fue malo, malo), un mansurrón y blando ejemplar de El Puerto y otro de la Ventana que tuvo más acometividad y movilidad que sus primos hermanos. Con el primero no pudo (o no supo) hacer nada, pero el segundo tenía su faena. El Cid salió predispuesto, con ganas de mostrar que lo de las tardes anteriores había sido un mal sueño. Llevó el toro a los medios e inició un porfión toreo en redondo: a veces salía trompicado, a veces completaba un lance largo, pero siempre con series cortas y de regular factura. Los públicos se emocionaron y aplaudieron a rabiar. El Cid se creció y, mirando a las gradas del 11 con el estoque en alto, reclamó la música. Y Tristán le obedeció y atacó el pasodoble (ya saben...). Pero tuvo que dejarlo al poco rato porque con la zurda El Cid no fue capaz de ligar una serie en condiciones. Siempre citando fuera de cacho, casi siempre sin temple, acelerado, nunca mandando. Vuelta a la mano diestra y poco más. Mató como pudo y se fue a la barrera. Los públicos pidieron la oreja que el presidente no dio. Manuel Jesús se metió en el callejón y, desairado, se negó a recibir desde el tercio el cariñoso aplauso que públicos y afición le tributaron para agradecer su disposición y para animarle en el mal momento por el que está pasando. Pero cuando ya en el tercio fue animado por cuadrilla y públicos a dar la vuelta, no se resistió. Creo que no debió hacerlo. No merecía ese premio y El Cid, que es torero cabal, lo sabía.
Es lo que pasa estos días "de farolillos". Que los tendidos se llenan de públicos mientras que algunos aficionados dejan sus localidades. Y se ve lo que se ve: si uno va a la Maestranza y no puede contar que vio cortar una oreja a tal o cual torero de postín, entonces no podrá presumir de sus conocimientos a la hora de elegir el cartel. Y se ve lo que se ve. Porque si alguien pensaba que el cartel de ayer podía ser el cartel de la feria, se equivocó de medio a medio. Ni toros ni toreros. Lo de El Puerto de San Lorenzo (algunos teníamos esperanzas en este hierro salmantino), ya está dicho, manso y blando: dos fueron devueltos por el presidente, pero debieron ser más (el segundo era blando como el dulce de membrillo, además de estar muy perjudicado de los cuartos traseros). Si al no conceder la oreja el presidente estuvo en su lugar, no cumplió con su obligación dejando en el ruedo algunos de los ejemplares que salieron de chiqueros. Y de mansos... cómo serían de mansos que los devueltos se fueron por su cuenta a los chiqueros. El primero sin ayuda ninguna y el segundo se volvió de la puerta de toriles porque en el momento en que entraba salieron los mansos.
Ponce y Talavante no cooperaron. Ponce no estuvo en ningún momento. Abusó del pico de la muleta, citó fuera de cacho y acabó como pudo con su única comparecencia en la Maestranza. En su segundo, un toro feo y grandón, mansote, de Toros de la Plata, dio un petardo con la espada. Inapropiado para un torero con la veteranía y la calidad de Ponce. Alejando Talavante no acaba de cuajar. Al menos a mi me aburrió sobremanera, pero los públicos le aplaudieron algunas fases de sus faenas. No lo entiendo (o sí).
La suerte de varas ha vuelto a desaparecer de la Maestranza. Ni los toreros ponen a los toros en suerte ni la autoridad les obliga a situarlos detrás de la segunda raya (como no la pintan a mitad de corrida, en los últimos toros ni siquiera se sabe dónde está). Y los picadores... qué pena de picadores.

domingo, 18 de abril de 2010

LA MÚSICA HA PERDIDO LOS PAPELES


Decía José Luis, compañero de alegrías y desolaciones taurinas que se sienta en la fila de detrás, que este comentario debería titularse "Cosas de Morante". Creo que para reflejar lo que el maestro de la Puebla del Río (no) ha hecho hoy en la Maestranza, cuando todos esperábamos que diera réplica a la lección de tauromaquia que ayer nos brindó Don Julián López. Pero ahora que me pongo a recordar lo que ha sucedido esta tarde en el ruedo (cuando realmente lo que debería hacer es olvidarlo), me parece que lo más relevante ha sido la (mala) actuación de la banda de música, por lo que me parece que se ha ganado a pulso el honor de titular la entradilla. No porque tocaran mal, que sonar suenan como los ángeles y desde mi asiento se oye magníficamente (si no fuera por la música hay dias que lo más saludable sería salir corriendo de la plaza), sino por lo inoportuna que ha sido.
Resulta que en esta plaza la banda de música, además de acompañar el paseillo de los toreros y de amenizar los espacios entre toro y toro, sirve para resaltar y acompañar las faenas de los matadores cuando éstas son de notable mérito, esto es, cuando el coletero está dominando al toro, citándolo desde donde se debe, y ligando los pases con temple y mando. Vaya, cuando está haciendo el toreo. La costumbre en la Maestranza es que sea la misma banda la que decide cuándo debe empezar a acompañar la faena y cuándo debe cortar el pasodoble, lo que hace de manera evidente y ostentosa con un fuerte golpe de bombo. Así puede atacar un pasoble tanto cuando el matador hace la faena de muleta, lo que es común en otras latitudes, como cuando torea de capa con especial mérito y rotundidad, o cuando un torero de plata pone un par de banderillas siguiendo todas las reglas de la mejor tauromaquia. Incluso alguna vez he visto cómo la música sonaba tras la excelente actuación de un varilarguero ante un toro muy bravo. Sin que nadie diga nada: a decisión del maestro que la dirige, que ordena comenzar o parar con un simple gesto de brazo mientras está atento a lo que ocurre en el ruedo.
En la Maestranza los buenos aficionados sabían cuándo la banda iba a arrancarse a tocar (no hacían falta esas voces tronantes que gritan desaforadamente ¡¡músicaaa!!) y también cuándo iba a dejar de hacerlo. No había sorpresas porque las cosas eran como tenían que ser. Si el matador remataba dos tandas seguidas con ritmo, cadencia, ligazón, mando y temple, entonces atacaba el pasodoble. Si embebía al toro en los vuelos del capote llevándolo, verónica tras verónica, hasta la boca de riego, entonces atacaba el pasodoble. Si el banderillero ponía su par yendo con seguridad al toro, sacando los palos desde abajo, enfrontilándose al animal y poniendo el par reunido y en su sitio, "asomándose al balcón", entonces atacaba el pasodoble. Pero si el matador resultaba desarmado, dejaba de ligar las tandas o hacía el más mínimo gesto de ir a recoger la espada de verdad, entonces sonaba un contundente ¡buumm! y se hacía el silencio.
Bueno, todo eso pasaba cuando dirigía la banda el maestro José (Pepín) Tristán Martín, lo que hizo hasta el Domingo de Resurrección del 2007. Pero desde que su hijo Manuel Tristán Becerra ha tomado el relevo (sin desmerecer la innegable calidad artística que el conjunto mantiene), la música de la Maestranza ha perdido los papeles, o su director no sabe nada de toros o no se ha enterado de a lo que viene a la plaza. Y mira que pasó tardes con su padre en el balconcillo de la grada del 11. Ya han comentado los aficionados esta temporada la inoportunidad de la banda. Pero hoy ha rizado el rizo. No había terminado Talavante de hilvanar una tanda en su primer toro (la única ligada después de muchos intentos, aunque acelerada y sin mostrar poderío), cuando ¡tararán! se arranca a tocar como si hubiera sucedido en el ruedo un prodigio. Pero todavía fue más improcedente cuando atacó el pasodoble durante la porfiona, valiente y deslavazada faena que el mismo diestro estaba aplicando al quinto de la tarde en la misma puerta de chiqueros (ustedes imaginarán por qué): pases sueltos o malamente ligados, llenos de trompicones y enganchones (porque el buey no daba para más, que bastante estaba haciendo el extremeño con intentarlo). Y el colmo de la inoportunidad llegó cuando el manso, en uno de esos cabezazos, desarmó al diestro: muleta por el suelo, Talavante pies en polvorosa, subalternos al quite... y el "maestro" Tristán mirando el lamentable espectáculo sin mandar parar a la música. Lo dicho, ha perdido los papeles. Como parte del público, que ha aplaudido hoy a uno de los infames toros que se han paseado por el albero.
Porque en la Maestranza hoy han pasado muy pocas cosas más dignas de ser comentadas. Los siete toros de Gavira que han salido esta tarde al albero, todos cinqueños y dos de ellos muy corridos (parece que hay que echar fuera lo que sobró del año pasado), eran mansos y lisiados o blandos como el merengue. Sólo uno devolvió la Autoridad, pero flojos y tullidos estaban todos. Qué encierro más malo, manso y mal presentado. El culmen fue el sobrero que salió en sustitución del inválido tercero, un manso pregonao de 590 Kg; un buey de carretas regordío y fuera de tipo que no dejó a Luque hacer nada, por más voluntad que el de Gerena le puso a su primera actuación en esta feria. No quiero ser demasiado mal pensado, pero estos son ya los toros que han sido seleccionados por los herederos del malogrado Gavira, fallecido hace ahora poco más de cinco años (vaya, parece que la cosa va hoy de herederos). No es que lo de Gavira haya dado toros muy notables en las últimas temporadas, pero algunos ejemplares habían salido encastados y dando el juego suficiente para el lucimiento de sus matadores. Por eso los habrá elegido Morante. Pero lo de hoy era una mansada. Si en esto es en lo que los herederos han convertido la ganadería que con tanto mimo fue formando don Antonio Gavira (tenía la ilusión de formar un encaste propio), mejor que la manden al matarife y empiecen de nuevo.
Lo demás, nada. Morante estuvo "con sus cosas", como dice José Luis: al primero ni verlo (para qué, si no valía para nada), y con el segundo lo intentó, con no demasiada convicción que todo hay que decirlo, y lo pasaportó de un mal espadazo. Talavante estuvo firme y voluntarioso, jugándose el tipo y demostrando que es capaz de fajarse y sacar pases notables de la sequedad de los mansos que le tocaron (esperemos que ahora que vuelve con ganas podamos disfrutar se su torería). Y Luque, también con muchas ganas, se encontró con un lote infame al que pasaportó de dos buenas estocadas. Este torero es un cañón con la espada. Los tres estuvieron, cada uno a su manera, muy por encima de los toros.
Qué bien lidió Mariano de la Viña al sexto de la tarde y qué suerte ha tenido Daniel Luque al contar con una cuadrilla como la que tiene.