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viernes, 28 de abril de 2023

YA NO ES SÓLO EL SOL

En las crónicas antiguas (pero de no hace tanto tiempo) y en los comentarios entre los aficionados al salir de la plaza, se decía que algunos matadores se arrimaban a los tendidos del sol para lograr que sus faenas fueran premiadas con algún trofeo que mejorara sus estadísticas y su caché de cara a futuras negociaciones. Todavía hoy algunos críticos se fijan en lo que sucede en los tendidos 1, 2 y 3 al final de las faenas para saber si este sector, supuestamente formado por aficionados cabales, saca sus pañuelos blancos para pedir trofeos al matador. Si no los hay en abundancia piensan que el matador no es digno de trofeo.

Pues bien. En los últimos tiempos y este año de manera particular, el número de pañuelos en esos tendidos de la sombra no es señal de que realmente la faena sea merecedora de triunfos. Es lo que viene pasando esta feria en la Maestranza. El público bullicioso y bullanguero no está sólo en el sol: la sombra le disputa la primacía. Un público que, con escaso criterio, quiere salir de la plaza contando que han asistido al clamoroso triunfo de tal o cual torero. Y como los presidentes se fían, y mucho, de lo que pasa en estos tendidos que tiene más próximos, pues en general acaban sacando pañuelos a gogó y repartiendo orejas a discreción.

Eso es lo que pasó ayer en la Maestranza. Tres orejas, que realmente debieron ser dos (una y una) abrieron la Puerta del Príncipe a Tomás Rufo por segunda vez en su corta carrera y en dos años consecutivos. Gabriel Fernández Rey contribuyo con su dadivosidad a rebajar la importancia que en Sevilla ha tenido abrir la Puerta del Príncipe. Que se lo pregunten si no a los toreros más antiguos. Más de uno hubo que, con grandes faenas, no lograron abrirla ni una sola vez. El mismo Morante de la Puebla, que el miércoles la abrió con todo merecimiento, puede dar testimonio de lo que digo.

Tomás Rufo hizo dos buenas faenas a los dos mejores toros del encierro de Jandilla. La mejor al bravo tercer toro. Pero era faena de una sola oreja: toreó bien a un buen toro, pero mató regular y dos orejas es el trofeo a una faena redonda. Y esta no lo fue. Con la oreja del sexto se le abrió la Puerta del Príncipe. La segunda flojita de lo que va de feria. Tan flojita como la de Roca Rey. Y no digo que Tomás Rufo no hiciera méritos para el triunfo: es un torero con clase y temple. A pesar de su bisoñez tiene cualidades sobradas para codearse y hablar de tu a las figuras que ahora lideran el escalafón.

Manzanares y Pablo Aguado completaban una terna muy del gusto de Sevilla. Pero Manzanares no está en su mejor momento. No le vendría mal un descanso. Su primer toro era blando como todo el encierro de los jandillas, pero el alicantino no supo encontrar el sitio adecuado para hacerle la faena que el ejemplar pedía y merecía. El cuarto, aunque noble, fue menos bravo, y en éste no sólo no supo encontrar el camino de la faena, sino que tampoco mató bien, lo que sí hizo en el primero.

Aguado se topó con los dos peores ejemplares de un encierro blando, muy blando. Todos tenían bondad de sobra (lo que se llama en el argot nobleza) pero eran descastados, mansurrones. Con eso no pudo hacer nada. Qué le vamos a hacer.

sábado, 22 de abril de 2023

UN NOVILLERO LLAMADO ROCA REY

 El mediocre y basto encierro que Núñez del Cuvillo trajo ayer a Sevilla tuvo dos ejemplares que medio se dejaron torear. Uno, el quinto, le cayó en suerte a Manzanares que lo supo aprovechar hasta que llegó la hora de la suerte suprema: petardo gordo con la espada, consecuencia de lo que parece una creciente desgana del otrora excelente matador. Lo que sí tuvo mérito fue que, como el pitón bueno del morlaco era el izquierdo, Manzanares hizo la mayor parte de la faena por naturales, algunos con clase y temple aunque con poco mando, que no estaba el núñezdelcuvillo para mucho dominio. Pero al menos vimos al alicantino torear con la izquierda en vez de esas faenas de derechazos encadenados haciendo una reolina y otra y otra más. Bienvenido sea.

Pero el premio gordo se lo llevó Roca Rey que tuvo el ejemplar más potable (no quiere decir que fuera un toro bravo). Lo vio pronto el peruano y, después de dejarlo crudo en el caballo, se enfrentó al noble animalejo como si fuera un novillero que busca la oportunidad de su vida. Pases arriesgando a carta cabal, de esos que ponen a los tendidos de pie: rodilla en tierra, cambiados por la espalda. Roca Rey sabe lo que el público quiere y se lo da en cuanto puede y el toro se lo permite. Toreo bullicioso y arriesgado (el valor frio de este torero es increíble). De modo que cuando dio cuenta del animal en la suerte suprema de un estoconazo, los tendidos se poblaron de pañuelos blancos. Dos orejas que el presidente dio sin dudar, quizás para resarcir al matador de las que le negó este mismo presidente (Fernando Fernández-Figueroa Guerrero) la pasada temporada. De modo que unidas a la que cortó en su primero, le daban la llave de la ansiada Puerta del Príncipe. Si se compara su faena con la de Daniel Luque, no hay duda: esas dos orejas eran dos orejas muy baratas. Pero Roca es un torero de masas y las masas lo quieren ver salir por la Puerta del Príncipe. La tauromaquia precisa de cuando en vez de estos toreros que llenan las plazas y crean afición. Bienvenido sea.

Urdiales se topó con lo peor del encierro y poco pudo hacer.

Antonio Chacón puso un excelso par de banderillas y tocó la música en su honor. Queda para los anales de la Maestranza y se lo podrá contar a sus nietos: eso no pasa todos los días.

 

lunes, 24 de septiembre de 2012

SEVILLA Y MANZANARES, MANZANARES Y SEVILLA


Cuando José María Manzanares terminó su vuelta al ruedo después de dar muerte al quinto de la tarde, se fundió en un abrazo interminable con José María Manzanares. Padre e hijo eran conscientes de que en esa tarde el más joven había alcanzado la gloria del toreo: puede haber otras plazas de toros y otras aficiones, pero el torero que es capaz de llevar al éxtasis (o al extásis, como diría Paula) a la afición de Sevilla, alcanza la gloria del toreo. Y eso es lo que el joven Manzanares logró ayer en la Maestranza. A partir de ahora no ocupa Morante el primer lugar en las pasiones taurinas de Sevilla: lo que su padre, también adoptado por la afición maestrante, no consiguió nunca (desplazar a Curro) lo ha logrado el hijo. Eso deberían pensar los dos mientras se fundieron en el interminable abrazo.

No se puede torear más despacio y con más temple. El joven Manzanares dejó sobre el albero una obra maestra del arte de la tauromaquia. Una obra efímera que quedará grabada en la memoria de los que pudimos contemplarla (y también en youtube para los que no estuvieron allí pero, claro, no es lo mismo). Venía Manzanares dispuesto a triunfar a toda costa, y lo consiguió. Desde las verónicas a pies juntos o con el compás abierto y la excelsa media abelmontada con que terminó de recibir a su primero tras la larga a portagayola (esta vez sí que tuvo criterio la música) hasta los redondos interminables y lentísimos que ejecutó en el quinto. Tiene Manzanares  tal poder y tal temple con la derecha que en la faena al primero se llevó un tantarantán por haberse rebozado con el toro hasta el extremo de que cuando terminó el pase tenía los pitones del núñezdelcuvillo en la espalda. Para terminar de poner Sevilla a sus pies sólo le falta mejorar su torero al natural y completar su repertorio con unos kikirikí o unos pases de la firma para culminar las series con la izquierda (que se haga con todo lo que haya grabado de Curro, o que le pida al Maestro que le enseñe cómo se hace tentando unas becerras).

Después de ver a Manzanares, Talavante ha quedado como un torero voluntarioso pero vulgar. Y eso que aceptó el reto y trató  de competir y de estar a la altura. Si Manzanares se fue a portagayola en su primero, Talavante lo hizo en el segundo (dice el extremeño que por primera vez en su ya larga trayectoria torera). Talavante tiene valor, pero su toreo es frío (para los gustos de Sevilla, claro) y carece del don del temple. Sus faenas fueron aceleradas y los lances casi siempre acababan con las telas enganchadas. Al sexto, un núñezdelcuvillo que no era un carretón, vaya que no tenía la nobleza marca de la casa y presentaba dificultades y cierto peligro, no supo o no quiso verlo ni le dio las distancias adecuadas, y lo pasaportó con una faena voluntariosa pero bastante insulsa.

Así que Manzanares le mojó la oreja a Talavante en el mano a mano, del mismo modo que Núñez del Cuvillo le mojó la oreja a Juan Pedro Domecq. No es que los núñezdelcuvillo fueran un dechado de virtudes, pero superaron a los flojos juanpedros que, aunque esta vez parecían bien escogidos, demostraron que esa ganadería tiene un problema serio en sus reatas.

Además de ver torear a Manzanares como lo harían los mismísimos ángeles (si es que los ángeles torean), hemos visto un magnífico tercio de banderillas a cargo de su magistral cuadrilla. Una lección torera de cómo se hace la brega de un toro.

En fin, que al menos hemos terminado el abono con dos alegrías. Una porque hemos podido deleitarnos con el toreo de verdad (no todo lo importante ocurre en Nimes), y por otra porque Luis Blázquez sólo salió con contusiones después de una cogida que hizo temer la tragedia.

¡Ya era hora!


viernes, 27 de abril de 2012

ALGO DE ESPERANZA Y UNA SARDINA



Eso era el cuarto toro de la tarde, una sardina con patas. Patas largas, cuerpo escuálido y carita de niño. Un bodrio de toro, como todos los demás que salieron al ruedo. Mansurrones (buscaban desesperadamente la puerta por donde habían llegado) blandos, descastados y tontorrones. Perdón, muy nobles. Seguimos con las mismas. ¡Qué mala suerte tiene Morante! Siete toros y ninguno ha salido bueno. Que si uno hacía no sé qué, que si el otro no se entregaba, que si el de más allá tiraba un gañafoncito por la izquierda y así no hay forma... Mala suerte. Con el cuidado que ponen los suyos en buscar el ganado para el maestro y nada. Pues a despedirlos a todos, incluido el apoderado. Y para la próxima que exija que le anuncien con toros de verdad. Verá como entonces sí puede mostrar todo lo que lleva dentro ¿O no? Porque dos medias (eso sí, de cartel de toros), unas chicuelinas, una tanda por la derecha y algunas trincherillas salerosas no sirven para justificar el día. Y sí dejaron ver con claridad que el de La Puebla está espeso y reservón. Aguanta las broncas con estoicismo, y a otra cosa. Ya lo decía: seguramente la afición sevillana no le va a permitir mucho más, porque Morante no es Curro. Ni siquiera en las broncas. ¿Quién no recuerda las broncas al camero en la Maestranza? Eran tan apoteósicas como sus triunfos. Las broncas a Morante son medianitas. Ni siquiera la lluvia de almohadillas en la despedida (que no estoy defendiendo, desde luego) son como aquellos diluvios que soportaba Curro en su camino hacia la puerta del patio de caballos. Así que como no es Curro, a lo mejor los aficionados se olvidan de él.
La esperanza la puso el nuevo matador de toros, el madrileño López Simón, que sorprendió con su decisión, su arrojo y sus maneras ante el único toro decente (que no bueno) de la tarde y que casualmente estaba reseñado de sobrero. Su decisión y arrojo le valieron la oreja y una cornada cuando se tiró a matar con todas las fuerzas de su alma. Cuando lime algunas asperezas y purifique su tauromaquia quizás tengamos un buen torero.
Eso fue todo en una tarde con tantas esperanzas, porque Manzanares vivió de la renta ante un ganado imposible y llevó la lentitud de su faena hasta la desesperación en el quinto de la tarde. Es que claro, además de que su tauromaquia está marcada por la despaciosidad, a estos toros enfermizos hay que dejarles mucho tiempo entre tanda y tanda, y a veces entre pase y pase, para que se recuperen y medio acudan la engaño.
Una penita de ganado del glorificado Núñez del Cuvillo. Como casi todo lo que ha salido, exceptuando lo de Cuadri y lo de Victorino Martín. Si estas mismas ganaderías sacan ganado bueno en otras plazas, tendremos que dar crédito a quienes dicen que el problema no es sólo del declive de la cabaña brava, sino que los ganaderos envían a cada plaza ejemplares de calidad proporcional a lo que las empresas pagan por ellos. Entonces, lo que sale en la Maestranza es de saldo.

sábado, 21 de abril de 2012

ÉXTASIS EN LA MAESTRANZA


Si por mí hubiera sido, Curro Javier, Juan José Trujillo y Luis Blázquez, los tres toreros de plata que acompañan a Manzanares en sus andares por los ruedos, habrían salido ayer a hombros por la Puerta del Príncipe junto a su maestro. Porque de las cuatro orejas que cortó el diestro ayer, al menos la mitad se las debe a estos tres hombres. Dieron una lección magistral de cómo se lleva adelante una lidia y de cómo se ponen banderillas. Si los dos toros que llevaron al triunfo a Manzanares hubieran sido lidiados por cualquier otra cuadrilla, las cosas hubieran sido muy distintas. Desde luego que Manzanares les agradeció su labor haciéndoles saludar montera en mano desde el centro del ruedo al finalizar la triunfal vuelta con que culminó su segunda actuación, pero fue escaso premio para tan gran labor.
Me explicaré. Los seis toros de Victoriano del Río que ayer saltaron al ruedo estaban justitos de todo: justitos de presencia, justitos de fuerzas y justitos de casta. De lo que estaban sobrados era de eso que ahora se llama nobleza: buenos como para subirlos a los altares. Puro juanpedro: ni un mal gesto, ni un mal gañafón, ni una mala intención. Eran toros que había que cuidar hasta el extremo para que no dieran el mingo y llegaran vivos al tercer tercio. Por eso ninguno de los seis tomó varas en condiciones: ni ellos quisieron nada con los caballos (la castita justa) ni los del castoreño les hicieron ningún daño. Por si acaso. Con esas características, los toritos precisaban una lidia impecable.
Eso es lo que hicieron los tres auxiliares de Manzanares. Lidiarlos impecablemente. Mimarlos como si fueran recién nacidos. El quinto de la tarde, que llevó a los públicos de la Maestranza al éxtasis, no tocó una tela desde que salió hasta que, desorejado, fue arrastrado al desolladero. Ni una tela. Salió y fue citado de lejos por  los peones de Manzanares hasta que éste lo recibió bajo los asientos del 7 y le enjaretó una magistral, aunque algo acelerada, serie de verónicas rematadas con una media impecable. Cargando la suerte, nada del pasito atrás tan común hoy, y sin que Jerezano, que así se llamaba el juanpedro, rozara el percal. Y así siguió la lidia. Ver a Curro Javier poner al toro en suerte en el segundo tercio de un único y medido capotazo, o llevarlo a una mano hasta el burladero del 4 fue un lujo. Ahí está la diferencia.
Lidiados de ese modo, los toros llegaron a la muleta de Manzanares con las fuerzas y las condiciones justas para su toreo. Lento y cuidadoso, casi acariciando al toro con los vuelos de una muleta presentada a la distancia justa, siempre en la cara del astado, llevando al toro con mimo a la velocidad que el maestro quiere y la que el animal requiere. Precisión de relojero. Manzanares tiene en sus muñecas el privilegio del temple y del mando. Porque hay que tener mucho sentido del temple y mucho mando para hacer lo que ayer hizo delante de dos toros que no valían un pimiento y que en manos de otros no hubieran servido para nada. Y también tiene el don del duende. Por eso Sevilla lo ha adoptado y lo mima como él mima a esos toritos. Manzanares, con su toreo almibarado, llevó al éxtasis a un público entregado.
El resto quedó ensombrecido. Padilla que iba primorosamente vestido y a quién el público agradeció su gesta con una ovación de lujo, intentó en su primero hacer el toreo moderno que requieren los juanpedros pero no le salió. Y en el segundo estuvo en Padilla. Pero claro, ese toreo requiere otro toro. Y Talavante se mostró mucho más firme que en años anteriores, con temple, con mando, con sentido de la lidia. En su primer toro estuvo muy bien y se llevó una oreja, pero el segundo tenía demasiadas pocas fuerzas y su cuadrilla no es la de Manzanares. Ahí está la gran diferencia: para torear estos toros justitos de todo hay que tener una cuadrilla de lujo, y de esas sólo hay una y la tiene el de Alicante.
La corrida acabó elevando a Manzanares al Olimpo sevillano. Como un héroe, dio la vuelta al ruedo a hombros de los capitalistas y rodeado de una chavalería que lo ve como como el modelo a imitar. Sólo faltó que Tristán acompañara el momento con los sones de Puerta Grande (se le fue la ocasión de seguir haciendo historia) y que los tres toreros de plata acompañaran a hombros a su maestro.
Esta vez salimos de la plaza contentos. Pero no emocionados. Las cuatro orejas que Manzanares se llevó virtualmente en su esportón (en realidad dos se las regaló a un niño en la barrera del 3 y otras dos al Dr. Vila a quien había brindado su segundo) son todo un hito en la historia de la Maestranza. Como el rabo que Diego Puerta o Ruiz Miguel cortaron en esta misma plaza. Pero no tienen el mismo peso.

sábado, 14 de abril de 2012

YA ERA HORA



El que se corrió ayer en cuarto lugar, un ejemplar negro con buena cara y de nombre Incapaz, sembró el pánico entre los coleteros que se movían por el albero maestrante. Parecía que tenían delante una fiera corrupia, uno de esos ejemplares intratables que salían antaño de los cerrados de Zahariche, y no un novillo de poco más de tres años y pura sangre Domecq. Será por la falta de costumbre de enfrentarse con animales encastados que venden cara su vida. La novillada de Fuente Ymbro, puros jandillas, estuvo bien presentada y, sin ser un derroche de bravura, contenía la casta necesaria para hacer del toreo un espectáculo emocionante. Sólo el quinto fue lo que ahora se califica como noble; los demás tuvieron sus dificultades, unos más broncos que otros, pero todos remataron en tablas de salida y acudieron con prontitud a los caballos de picar. A algunos les atizaron de lo lindo bajo los petos, pero sólo el que se corrió en último lugar, el más blando del encierro, probó el sabor del albero. Quizás demasiada casta y dificultades para unos jóvenes que cuidan más el espejo que las artes de la lidia del toro bravo (es lo que pasa con el aprendizaje en las escuelas taurinas) y desde luego mucha más de la cuenta para algunos toreros de plata a los que los astados descubrieron todas sus debilidades. Si hubieran sido lidiados por cuadrillas experimentadas los resultados hubieran sido algo distintos.
Los novilleros anduvieron unas veces mejor y otras peor, pero en todos los casos se vieron sobrepasados por sus oponentes. Javier Jiménez demostró que no tiene todavía (y quién sabe si los tendrá alguna vez) condiciones y recursos para enfrentarse a estos ejemplares encastados. Fernando Adrían no supo qué hacer con el primero de su lote y en el segundo, un novillo con casta y nobleza que fue muy aplaudido en el arrastre, mostró que tiene ganas y buenas maneras, aunque no supo aprovechar la oportunidad que la la suerte en el sorteo le había brindado: el de Fuente Ymbro era un ejemplar de triunfo grande, de esos que sirven para marcar un hito en la carrera de un torero. Gonzalo Caballero, el más joven de la terna, debutaba con caballos en esta ocasión. Iba Gonzalo primorosamente vestido, a la manera de Manzanares, con esos enormes remates blancos que tanto gustan al de Alicante y que hacen los vestidos de torear aún más barrocos de lo que son. Una pena, porque el joven Gonzalo rodó por el albero en muchas ocasiones y sólo la  fortuna permitió que su terno nuevo no acabara hecho jirones y él mismo malherido. Gonzalo Caballero tiene mucho valor, pero poca plaza para una novillada como la de ayer. Creo que no debería haber debutado en el ciclo abrileño de la Maestranza; y si yo fuera su apoderado le habría echado una buena bronca de vuelta en el hotel: ponerse en el centro del ruedo para recibir a su segundo novillo con unas desgarbadas chicuelinas (¡qué empacho de chicuelinas!) y salir malparado del trance, es algo que no se debe hacer. O se va a recibir a portagayola, o se queda uno en el burladero. Ni tenía delante un utrero ni estaba en una plaza de pueblo. Le quedan muchas cosas por aprender, pero parece tener ganas y arrestos.

De nuevo la mayor parte de los públicos que ocupan los tendidos sevillanos pusieron la nota negativa en una buena y algo fría tarde de toros. A Gonzalo Caballero le pidieron la oreja en el primero de su lote (y la presidenta la concedió) por el único mérito de haber estado valiente y haber rodado reiteradamente por los suelos. Y a Fernando Adrián le reclamaron desaforadamente la segunda oreja en el quinto (que la presidenta, con buen criterio, no concedió), le forzaron a dar una segunda vuelta al ruedo y después pitaron a la autoridad que, en mi opinión, esta vez había cumplido bien. De modo que no sólo parecía que estábamos en una becerrada por las veces que los novilleros rodaron por los suelos, sino que la Maestranza devino en talanquera o plaza portátil de pueblo en fiestas. Además, con esos premios los jóvenes toreros creen que su actuación ha sido buena y que es así como deben desarrollar sus carreras. Y así pasa después lo que pasa en los ruedos.
En fin, que pudimos salir de la plaza contentos y hablando de toros. Ya era hora. 

lunes, 9 de abril de 2012

POBRE MAESTRANZA


Hoy se ha perpetrado en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla el enésimo acto directamente orientado a terminar con la fiesta de los toros. Y no han sido los protagonistas, de nuevo, los grupos animalistas ni los antitaurinos. Han sido los taurinos. O mejor, los que viven del espectáculo de los toros. Hoy, en una entrevista a doble página en el diario ABC de Sevilla, los responsables de la Empresa Pagés hacían algunos comentarios que demuestran que viven fuera de la realidad, o que la realidad en la que viven no tiene nada que ver con la de los aficionados a los toros. Como compensación por la ausencia de algunas figuras en los carteles afirmaban que el elenco ganadero seleccionado daría grandes alegrías a los aficionados de los que, por cierto, dicen que no han oído ninguna queja por la baja calidad del abono (¡!).


Pues muy bien. Para muestra es suficiente un botón. El ganado que el heredero de Juan Pedro Domecq Solís ha enviado hoy a la Maestranza ha sido de desecho: blandos, inválidos, descastados, mansos, bobalicones (nobles los llaman ahora), dos de ellos anovillados y el sexto me parece a mi que burriciego. Y eso después del primer baile de corrales: de las nueve reses enviadas sólo seis han sido aprobadas por los responsables de que las corridas cumplan los requisitos exigidos en una plaza de primera categoría. Cómo serían los tres descartados si por la puerta de toriles salió lo que salió. Decían los empresarios en el anuncio de la ganadería que los juanpedros (de toros pata negra los calificaron años atrás) volvían a Sevilla después de los éxitos logrados el año pasado. Pues les han engañado (¿o no?). Los toros eran una birria ganadera que sólo hubiera servido para torear en plazas de tercera categoría. Debería dar vergüenza a este ganadero traer a Sevilla lo que ha presentado esta tarde. Claro que la culpa no es sólo de ganadero y empresarios. El presidente, que hoy era Gabriel Fernández Rey, tenía que haber devuelto toda la corrida nada más ponían los pies en el ruedo, porque ninguno cumplía los requisitos: tenían tan poca fuerza que arrastraban  la panza por el albero en cuanto les enseñaban los engaños. Ninguno tomó varas como es debido (ni siquiera los ligeros picotazos en que la suerte de varas se ha convertido en estos tiempos) y llegaron a la muleta absolutamente desbaratados. Por no decir que el primero del lote de Morante de la Puebla arrastraba sospechosamente los cuartos traseros. ¿A quién defiende la llamada autoridad? Pues evidentemente a la empresa.

Pero, claro. En descargo del ganadero, que en algún lugar ha dicho que traía una corrida "muy sevillana" (a lo mejor tenía segundas intenciones porque en otra plaza no se los hubieran admitido), hay que decir que trae lo que trae porque es lo que quieren las figuras. Habría que pedir responsabilidades a los matadores o mejor a sus podertenientes: Curro Vázquez, Matilla y Simón Casas, un tándem que está haciendo todos los méritos posibles para acabar con la fiesta. No  dirán que no sabían lo que se había encerrado para Sevilla, porque sus pupilos no torean ni una vaca que no haya sido supervisada por ellos. Dirán que es lo que les piden sus poderdantes: pues peor. Alguien que se viste de luces y que se reputa de figurón del toreo debería tener la suficiente vergüenza como para no permitir que le echen semejante ganado en una plaza como Sevilla. Y si se lo echan, pues entonces debe mostrar su invalidez con el suficiente estruendo como para que el presidente del festejo no tenga más remedio que devolverlo a los corrales.

Pues ha sucedido todo lo contrario: los tres matadores, haciendo el paripé, han hecho creer que los han toreado. A Manzanares le ha salido bien y el usía le ha regalado la oreja de su primero después de ser pedida mayoritariamente por los públicos (¡pobre Maestranza!). Morante también la buscó con las mismas artes llevándose al jabonero que se corrió en cuarto lugar, que a más de inválido era manso pregonao, a los terrenos de su querencia. Compuso algunas tandas con clase y pinturería, pero aquello estaba falto de emoción porque el toreo, también el de aromas exquisitos, precisa en primer lugar de la existencia de un toro bravo. Y aquél no lo era. Daniel Luque intentó justificar su presencia en este cartel de lujo con una larguísima serie de extraordinarias verónicas muy bien rematada, llevando al morlaco toreado desde las tablas hasta los medios (tocó la música). Pero después de aquél derroche de energía el juanpedro ya no tenía nada más que ofrecer. Como todos sus hermanos de camada.
Una lástima de corrida que demuestra hasta dónde se está hundiendo la plaza de toros de Sevilla: empresarios que sólo parecen mirar la caja, ganaderos que envían todas las birrias que tienen en el campo, apoderados y toreros que exigen semejante desecho, presidentes que no cumplen con su obligación y públicos que cada vez entienden menos de lo que sucede en el ruedo. Por no hablar de la música, que atacó el pasodoble después de una tanda despegada de Manzanares a un toro que no merecía ese nombre y que la mantuvo a lo largo de toda la faena, a pesar de que con la izquierda, como siempre, el de Alicante no fue capaz de enjaretar un pase en condiciones.

De nuevo la cuadrilla de Manzanares ha brillado con luz propia en la plaza. El gran torero que es Curro Javier puso dos pares de banderillas al quinto de la tarde en los que mostró extraordinaria clase y enorme valor. Arriesgó hasta lo indecible ante un manso que arreaba para los adentros y al que había que provocar hasta el extremo para lograr la arrancada. Se llevó la gran ovación de la tarde y el respeto de los aficionados.

Hoy he tenido la suerte de compartir comentarios con ese gran aficionado que es Fernando Naranjo, autor del blog "De jabugo y oros", al que pude conocer porque la casualidad le colocó en la localidad exactamente detrás de la mía. Sus comentarios, fundamentados en un profundo conocimiento de la tauromaquia y en un inmenso amor a la fiesta, confirman el sentimiento de decepción y tristeza que nos invade a los aficionados después de una corrida como ésta.

¡Pobre Maestranza!


sábado, 7 de mayo de 2011

EL TEMPLE



Para quien no sepa demasiado de toros y tauromaquia, la corrida de ayer pudo ser una lección magistral. Manzanares mostró en una clase práctica qué es el temple. Y quien siguiera con atención los quehaceres de los toreros de plata durante la brega del segundo de la tarde pudo aprender sin demasiado esfuerzo qué es eso de la lidia de un toro. Sólo con ver eso ya mereció la pena la tarde. Sobre todo porque esta temporada está teniendo más sombra que luces y los aficionados nos conformamos ya con poca cosa.
Mazanares ha vuelto a demostrar su clase y sus conocimientos. Y cómo es capaz de embeber en la muleta un toro, tenga éste las condiciones que tenga. La faena del quinto fue magistral, sobre todo porque el toro no valía para nada. Encontró con prontitud la distancia y mandó en un toro descastado y medio rajado que no tuvo más remedio que seguir la franela del maestro por los caminos que le marcaba. Desde mi punto de vista debería mejorar su colocación cuando pretende torear con la izquierda: no se cruza convenientemente, se queda al hilo de los pitones y por eso las tandas de naturales no acaban de ser redondas. Todas sus faenas han descansado en la mano derecha que maneja con poder y con una lentitud y temple inigualables, bajando la mano, enroscando la embestida en torno a su cintura, dejando la muleta en  el hocico del toro y embarcando al animal en un nuevo lance. Y además de conocimientos y técnica, Manzanares tiene pellizco, duende. Por eso Sevilla se le ha rendido y lo ha hecho suyo, aunque sus banderilleros siempre lleven los palos forrados con los colores de su ciudad natal. Pero Manzanares es ya el torero de Sevilla. En el primer toro de ayer se ganó una oreja a ley, pero la señora presidenta no se la quiso dar (¡qué agravio si comparamos con los dos apéndices regalados el jueves!); se la dio en su segundo toro donde hizo una faena de menos enjundia que en el primero y pinchó. Pero bueno está: nos divertimos y dimos la corrida por buena. 
Los toros de Jandilla se portaron con lo que son: toros de los que llaman nobles (bobalicones diría yo), blandos hasta la desesperación, descastados... (Me gustaría ver a Manzanares con toros más encastados, con más mordiente, menos "artistas"). Algunos presentaron algún peligro, sobre todo el sexto de Talavante. Pero me hubiera gustado ver ese toro en manos de la cuadrilla de Manzanares. Porque la lidia que le hicieron los toreros que acompañan al extremeño, fue infame y todos sabemos que el cincuenta por ciento de una faena reside en la lidia que se da al toro en los dos primeros tercios. Por eso a Manzanares siempre le llegan los toros en condiciones: porque tiene una extraordinaria cuadrilla (la mejor si exceptuamos a la que acompaña a El Cid, sólo que en ese caso el maestro no está al nivel de sus subalternos). Talavante peleó con ese sexto, pero todo quedó en nada. El año que viene no debería venir tantas tardes: no se las ha ganado.
Castella tuvo un magnífico toro en su primero al que toreó con ambas manos, pero es torero con técnica y muchísimo valor pero poco pellizco. Llegó a cansar un poco en sus faenas en las que expuso de lo lindo, sobre todo en el cuarto de la tarde con el que se la jugó en un quite por chicuelinas y en el cambiado con el que comenzó la faena. Pero dice poco con este ganado bobalicón: pienso que podría hacer otra cosa con toros más encastados, que presenten una pelea digna del poder y la fuerza del francés.
En definitiva, una tarde interesante en la que disfrutamos de lo lindo con el arte y el temple de Manzanares y con el pundonor de Castella. Algo es algo.

domingo, 1 de mayo de 2011

POBRE MAESTRANZA



Después de la soporífera preferia que hemos padecido, el viernes y el sábado, cuando empezó el ciclo de lujo caracterizado por el dominio del encaste Domecq, dio comienzo también el festivalismo triunfante. Dos días, dos triunfos. Dos corridas de figuras en el cartel, de gente guapa en los tendidos y de toros artistas. Dos días en que se abrió la Puerta del Príncipe (dice Antonio que, si la cosa sigue a este ritmo, los maestrantes van a tener que hacer acopio de aceite para engrasar los goznes) y se hizo historia: se indultó un toro. Les aseguro que no tengo memoria de cuándo se produjo un hecho semejante en la Maestranza. Los más viejos de los que se sientan en el 11 dicen que hace muchos, muchos años se indultó un novillo (cómo sería el animal). Pero nada más. Un toro, nunca. Dos días también en los que, por fin, vimos torear. Lo que no es poca cosa.
Esto de los indultos se ha puesto de moda. Dicen que es para impulsar la fiesta en tiempo de tribulaciones, aunque no estoy tan seguro de que  esta práctica sirva realmente para ese fin. El viernes al llegar al tendido comenté con Paco y con Javier que, con un poco de suerte, veríamos indultar a un toro: Juli lleva dos garcigrandes indultados en lo que va de temporada, y no sería extraño que sucediera lo mismo en la Maestranza (digo yo que si tendrá Julián López intereses accionariales en esa ganadería). No fue ese día, sino al siguiente. No fue Juli, sino Manzanares. Y no fue un garcigrande sino un nuñezdelcuvillo. Dicen que la tauromaquia es un ejemplo singular de espectáculo democrático: es el público el que manda. Y un buen número de espectadores sacó ayer el pañuelo blanco pidiendo el indulto para Arrojado: resultado, que el presidente sacó un pañuelo naranja y el beneficiado animal volvió a los chiqueros entre el clamor popular. Resulta interesante comprobar cómo cuando habiendo el mismo clamor en los tendidos protestando por la poca fuerza o trapío de un toro, el presidente se hace el sueco y deja seguir la lidia: ¿Será que en esos casos la democracia no vale y es sustituida por el despotismo (¿ilustrado?) del presidente y sus asesores? Un misterio.
Yo lo siento, pero creo que ayer el presidente no ayudó para nada al prestigio ni al porvenir de la tauromaquia: se equivocó. Arrojado no es un toro de indulto. En eso coincidimos casi todos los que ocupamos ese sector del 11 en el que se junta un buen número de aficionados (casi todos menos José Luis, que defendió la actitud de Manzanares y del usía). Fue un toro encastado y noble, claro que sí. Lo que sucede es que llevamos muchas corridas seguidas sin ver un toro con esas características y lo que debería ser normal se ha convertido en extraordinario. Para lograr el indulto un toro tiene que ser excepcional. No basta con que tenga algo de casta; además tiene que ser bravo. Muy bravo. Al indultarlo podrá padrear y garantizar la continuidad de la buena ganadería de lidia. Y lo que hizo Arrojado en el ruedo maestrante no fue precisamente lo que hace un toro bravo. Para ser indultado un toro debería entrar tres veces al caballo, desde lejos, con codicia, apretando con la cara abajo, sin cabecear y sin salirse de la suerte. Y nada de eso lo hizo este nuñezdelcuvillo. Lo que hizo fue señal de todo lo contrario. Además, en el tercio de banderillas se fue a la querencia y tuvo que ser banderilleado al revés, con el riesgo que eso supone para los toreros. Y Manzanares tuvo desarrollar el tercer tercio de la lidia en terrenos del sol, cada vez más cerca de la puerta de toriles, en donde el toro quería estar. ¿Es todo eso síntoma de bravura incontestable? Como decían unos madrileños del 9 que habían venido expresamente a ver la corrida, una vez devuelto a El Grullo el ganadero no debería ponerlo a padrear: no es toro para eso. Hemos visto en Sevilla muchos toros más bravos que este y ninguno ha merecido la gracia del indulto.
En mi opinión la Maestranza ha bajado de categoría con la decisión del presidente. Un presidente que no se ha caracterizado por las buenas acciones: parece que no sabe de esto. Con su actitud el presidente ha contribuido a que la Maestranza se convierta en una plaza festivalera y triunfalista en la que todo vale. Al fin, cuando llegan estos días los tendidos se llenan de públicos elegantes y de gentes que no quieren decir que han gastado un dineral en una entrada para salir con una decepción. Públicos que no tienen mucho criterio a la hora de aplaudir o de pedir triunfos o de indultar un toro. Sólo una muestra: el viernes se aplaudió en el arrastre a casi todos los garcigrandes, unos animalejos mansos y descastados. Ver para creer.
Tampoco los presidentes están haciendo mucho por el histórico ruedo sevillano. El viernes presidía Anabel Moreno y se empeñó en sacar a Julián López por la Puerta del Príncipe (como no lo consiguió el Domingo de Resurrección...). Y ayer Julián Salguero, además del indulto, regaló a Manzanares el segundo apéndice de su segundo toro. Contribuyen con esta actitud a hacer de la Maestranza una plaza triunfalista y sin valor. Una plaza de segunda.
No quiero decir con esto que Juli y Manzanares no hayan tenido mérito en sus actuaciones. Ayer Manzanares consiguió emocionarme en su noble primer toro. Lo entendió a la perfección y supo llevar su pastueña embestida con un temple inigualable: qué lentitud, qué ligazón. Puso a la plaza en pie y se ganó las dos orejas en ese toro. Hacía mucho tiempo que no veíamos algo semejante. Manzanares se ha convertido en un gran torero. Pero bajó muchos puntos con su concesión a la galería al negarse a matar a Arrojado, una actitud que sólo tiene una explicación: evitar el riesgo de entrar a matar. Sabía el torero que tenía las dos orejas en la mano y le pusieron en bandeja la posibilidad de no arriesgar el triunfo con un desafortunado espadazo. En el segundo volvió a intentarlo, pero ni el toro era igual ni la actitud del matador la misma: enjaretó muy buenas tandas con la derecha, pero con la izquierda casi no quiso verlo. Se colocó descaradamente fuera de cacho en la única serie de naturales que instrumentó. Y además la tan valorada estocada a ese segundo estuvo caída. Lo vimos muy bien desde el 11. De modo que con la complacencia del presidente se llevó un apéndice de más. Merecida Puerta del Príncipe de todos modos.
Sin embargo creo que el triunfo de Juli el día anterior fue excesivo. Ya he comentado que los garcigrandes fueron muy descastados y absolutamente tontorrones. Toros de esos de pasa p'acá, pasa p'allá. Pero sin casta ni mordiente ni nada de nada. Un claro ejemplo de esos toros artistas que tanto gustan a los toreros. Juli demostró que es un grandísimo y poderoso torero. Su primero andaba despistado correteando por el ruedo y logró fijarlo en el mismo centro de la plaza con un solo muletazo. Después le instrumentó una faena marca de la casa, con mucho mando y temple, pero sin emoción ninguna. Aquello no tenía mordiente, porque no había un toro encastado. De modo que una oreja hubiera sido premio adecuado. De la tercera oreja no quiero ni hablar: no se puede dar un trofeo a una faena sin enjundia y después de un pinchazo. Pero Anabel Moreno quería sacar a su torero por la Puerta del Príncipe y lo consiguió.
Para terminar. Creo que Ponce no debería vestirse de torero para dar espectáculos como el que dio el viernes: es una figura histórica de la tauromaquia y no se debe ir arrastrando así por las plazas. Cayetano sigue demostrando que se viste bien y que torea de salón con primor, pero torero no es. Y Aparicio debe tener un enchufe tremendo con la casa Pagés, porque de lo contrario no se explica que siga en los carteles año tras año.
Morante demostró ayer de nuevo que es de otra galaxia. A su manera pero de otra galaxia. Las verónicas que dió al primer nuñezdelcuvillo y la media con que remató sólo las puede instrumentar un torero con el sentido del temple y del arte que él tiene. Y en la media esta vez no se enmendó. Bien por la música. 

lunes, 25 de abril de 2011

TOROS DE LUTO


Los toros de Daniel Ruiz llevaban ayer la divisa negra en señal de duelo por la muerte del ganadero Juan Pedro Domecq. Y también se puso de luto el cielo sobre la Maestranza cuando los integrantes del paseíllo pararon para guardar el minuto de respetuoso silencio en homenaje al malogrado ganadero y a Pepín Martín Vázquez, fallecido el pasado febrero. Después esa nube negra comenzó a descargar agua de forma inmisericorde sobre el ruedo maestrante durante la lidia de los dos primeros toros. Con lo guapo que iba el público ayer a los toros: daba pena ver descomponerse los peinados de las señoras o las chaquetas de los endomingados caballeros empapadas por la tormenta. Una pena. Para una vez que se va a los toros con cartel de tanto fuste y tener que bajar los tendidos a todo correr a refugiarse en las galerías hasta que el aguacero cesase.

Claro que después esos mismos públicos se desquitaron y pidieron desaforadamente las dos orejas para Julián López en el quinto de la tarde. Que no iba uno a venir a la Maestranza un Domingo de Resurrección con todas las galas, sólo para contar después que se había puesto chorreando con la llantina que el cielo descargó en señal de luto. Ya que uno se ha gastado un dinero en la entrada (la plaza de bote en bote, como corresponde) y se ha puesto el terno hecho una pena, por lo menos había que presenciar un triunfo inenarrable del gran Juli. Pero lo más increíble fue que la Señora Presidenta, que estaba a buen resguardo en su palquillo y que no había pagado entrada, secundase la petición. Dos orejas de regalo al esportón para una faena vulgarcita en la que sólo una tanda por la derecha mereció la pena, aunque los de Tejera volvieran por sus fueros y atacaran el pasodoble cuando desde el 12 se oyó por primera vez "Músicaaa!". Con lo bien que tocan y lo mal dirigidos que están: esta banda está perdiendo los papeles año tras año.

Es verdad que Julián López logró que el animalejo de Daniel Ruiz siguiera la muleta, a trompicones, pero la siguió. Es que Juli es muy listo y tiene muchas tablas y no estaba dispuesto a vivir otro petardo como el del pasado San Miguel. Tan listo es y tantas "tablas" tiene que los públicos aplaudieron al descastado animal en el arrastre. Realmente Julián López, que sabía lo que tenía delante, toreó para la galería: mucha voluntad, mucho gesto, mucho teatro, pero casi siempre al hilo de los pitones, sin cruzarse. Además mató saliéndose de la suerte. Lo que nos queda que ver en esta Maestranza...

Porque el animal aplaudido era descastado y flojito, como todos sus hermanos. Qué fiasco de corrida: como la del año pasado, claro, cuando también abrieron el abono estos birriosos toros de Daniel Ruiz que debe tener un acuerdo con los veedores de la empresa y con los apoderados de los figurones del toreo que ayer compusieron el cartel. Yo hablaría con la jueza Alaya, porque éste debe ser un caso claro de tráfico de influencias. Es lo que tienen los "toros artistas" que inventó el malogrado ganadero, en un símil con el concepto de "torero artista". Claro que un torero artista, si tiene la suerte de dar con un toro boyante y encastado, puede hacer una faena que quede en los anales de la tauromaquia. Pero un toro artista sólo dará un espectáculo si tiene delante a un artista de torero que, como Juli ayer, haga creer a los públicos que sucede en el ruedo lo que realmente no sucede. El arte del similiquitruqui, vaya. Los jandillas de ayer eran eso: toros artistas para el similiquitruqui. Descastados y flojos o lisiados. Sólo el tercero, un buey de 600 kg que era tan inválido como regordío y que no podía mantenerse en pie, fue devuelto. Pero también debería la usía haber devuelto el segundo: sólo se libró porque cuando salió estaba el aguacero en todo su apogeo. Por no hablar del cuarto de la tarde: un novillete (con más trapío se han toreado novillos en esta plaza) al que Morante no quiso ver, ni falta que hacía.

De lo demás, poco se puede decir. Como casi todos los aficionados, el excelentísimo Rafael Valencia, reciente académico de la de Buenas Letras y buen conocedor, veía pasar los toros con una cara de aburrimiento digna de mejor causa. Claro que al menos tuvo la ventaja de no mojarse. Manzanares, con más voluntad que confianza, enjaretó una serie con la derecha en cada uno de los suyos. Pero con la izquierda no quiso ni verlos: citó fuera de cacho y como sus toros artistas no iban por dónde el quería (porque claro al toro hay que llevarlo toreado y no dejarlo pasar de aquí para allá y de allá para aquí) pues desistió y vuelta a los trapazos con la derecha. Una decepción.

Eso sí. Morante, que ayer no iba ni bien vestido, hizo un quite al tercero de esos que valen toda una corrida: dos verónicas de ensueño. Remató con media muy lenta que hizo las delicias de públicos y aficionados aunque, de verdad de verdad, en ese lance se alivió y echó la "pata" para detrás. Pero quién se fija en esas cosas un Domingo de Resurrección en la Maestranza...

miércoles, 21 de abril de 2010

DON JULIÁN LÓPEZ


Ayer por la tarde en la Maestranza un torero llamado Don Julián López (ya deberían quitar de los carteles ese impropio "El Juli") dio una lección  magistral de toreo. Era un manso que huyó de los caballos y por el que nadie daría un duro. Pero Don Julián se lo llevó a los medios, le ordenó por donde había que pasar, y "Zurcidor" (así se llamaba el manso) se llevó una eternidad embebido en la muleta del maestro. Mando sin titubeos con la mano diestra y toreo del bueno en los naturales a veces larguísimos. Una gran estocada acabó una faena que quedará para los anales de esta plaza de toros y a la que tuvimos la suerte de asistir. Cuando hablemos de toros a nuestros nietos les podremos contar que fuimos testigos de esta lección magistral de toreo.
Don Julián pidió que dieran la vuelta al ruedo al toro que le ha encumbrado a las más altas cimas de la tauromaquia y una parte del público le secundó. Es natural que Don Julián quisiera agradecer de este modo la colaboración de "Zurcidor", pero el toro no lo merecía.
Ya no hay nada más que contar. A Manzanares, que se la jugó en el quinto, le regalaron una oreja. Daniel Luque pasaba por allí vestido de torero, pero torear no toreó.

lunes, 5 de abril de 2010

QUÉ BIEN VESTIDO IBA MORANTE

Lo dicho. Morante iba de dulce. Y así toreó también a su segundo. Derecha de mano baja, temple y ligazón. Pases de pecho magistrales, sobre todo el que interpretó en la puerta de chiqueros en la última tanda. Ese fue inolvidable. Además de trincherillas, ayudados por bajo y adornos de cartel. Por no hablar de la serie de verónicas llevando el toro a los medios: ¡Que quietud y qué parsimonia! Y todo eso con un toro descastado que acabó en toriles, como correspondía al mansurrón y flojo ejemplar de Daniel Ruiz. Ya lo había anunciado en varas huyendo a chiqueros después de sentirse dominado por el mando de las verónicas de Morante. Con la izquierda no se vio nada: o no tenía un pase por ese lado o Morante no lo entendió.
Esa fue la tónica del encierro. Ninguna sorpresa, claro. Ya lo había anunciado en mi anterior comentario. Los toros fueron descastados y flojos, algunos totalmente inválidos. El presidente estuvo rápido en devolver el primero que pedía la UCI nada más salir, pero dejó en el ruedo al sobrero que tenía que haber sido también enviado a los corrales. Pero no se atrevió. Igual que dejó al segundo y al tercero. Qué desastre de toros: ninguno fue a varas con franqueza (claro que sólo al quinto se puso en suerte según los cánones de la tauromaquia). Pero no se picó a ninguno: la suerte de varas quedó en una especie de labor de enfermería. Un paripé. Y además este público aplaude a los picadores sin saber por qué ni por qué no. En los asientos del 10 deben tener reserva la familia de los picadores, porque pasa por allí un enfermero con castoreño y recibe una clamorosa ovación. A veces por no caerse de su montura, a veces por no haber picado, a veces por poner la punta de la puya (sólo la punta) en los lomos del animal.
Lo dicho: los toros de bonita estampa que Daniel Ruiz ha traído a Sevilla
(los que dicen que gustan aquí) no valían para nada. Y como no tenían fuerza, pues arreaban cabezazos y pasaban a trompicones por los terrenos que les marcaban los diestros. Sólo el tercero tuvo alguna dificultad que superó Perera con una primera tanda por la derecha con mado y poder. El mando y el poder suficiente como para que el descastadito animal se rajara y dijera que ya no pasaba más por allí. Fue lo mejor de Perera, que se llevó lo peor del lote (lo que quiere decir que ya era malo lo que le tocó en suerte). Lástima, porque parecía venir con intención de demostrar que el año pasado no debió quedar fuera de los carteles.
Manzanares volvió a demostrar su clase con el noblón quinto, al que también dejó inédito con la izquierda. No ha habido suerte esta tarde: ni una tanda al natural en condiciones. Por cierto que alguien
(por ejemplo su padre) debería decir a José María que agarrar al toro por los lomos es una fea costumbre: abusó Manzanares de ese mal truco con el que pretende hacer ver que alarga el pase. Pues no: los pases largos se hacen sólo con la muleta. La mano izquierda la pone usted donde quiera, pero no en los lomos del toro. Orejilla ganada con una buena estocada.
Pues eso, que Morante iba muy, pero que muy bien vestido. Y además nos regaló toreo de calidad, pero que de mucha calidad. Pero los jandillas que Daniel Ruiz ha traído a la Maestranza eran una verdadera birria. Algún dia los presidentes se atreverán a devolver los toros lisiados (no sólo los moribundos) a los corrales, los picadores harán eso para lo que han sido contratados y los matadores correran la mano por abajo aunque los astados se caigan, que así es el toreo, en vez de fungir de enfermeros de guardia. Si hacen eso cada día (aunque nos quedemos sin toros en los corrales y se acabe la corrida en el tercero) seguramente volveremos a ver corridas de toros. Digo yo.