lunes, 24 de septiembre de 2012

SEVILLA Y MANZANARES, MANZANARES Y SEVILLA


Cuando José María Manzanares terminó su vuelta al ruedo después de dar muerte al quinto de la tarde, se fundió en un abrazo interminable con José María Manzanares. Padre e hijo eran conscientes de que en esa tarde el más joven había alcanzado la gloria del toreo: puede haber otras plazas de toros y otras aficiones, pero el torero que es capaz de llevar al éxtasis (o al extásis, como diría Paula) a la afición de Sevilla, alcanza la gloria del toreo. Y eso es lo que el joven Manzanares logró ayer en la Maestranza. A partir de ahora no ocupa Morante el primer lugar en las pasiones taurinas de Sevilla: lo que su padre, también adoptado por la afición maestrante, no consiguió nunca (desplazar a Curro) lo ha logrado el hijo. Eso deberían pensar los dos mientras se fundieron en el interminable abrazo.

No se puede torear más despacio y con más temple. El joven Manzanares dejó sobre el albero una obra maestra del arte de la tauromaquia. Una obra efímera que quedará grabada en la memoria de los que pudimos contemplarla (y también en youtube para los que no estuvieron allí pero, claro, no es lo mismo). Venía Manzanares dispuesto a triunfar a toda costa, y lo consiguió. Desde las verónicas a pies juntos o con el compás abierto y la excelsa media abelmontada con que terminó de recibir a su primero tras la larga a portagayola (esta vez sí que tuvo criterio la música) hasta los redondos interminables y lentísimos que ejecutó en el quinto. Tiene Manzanares  tal poder y tal temple con la derecha que en la faena al primero se llevó un tantarantán por haberse rebozado con el toro hasta el extremo de que cuando terminó el pase tenía los pitones del núñezdelcuvillo en la espalda. Para terminar de poner Sevilla a sus pies sólo le falta mejorar su torero al natural y completar su repertorio con unos kikirikí o unos pases de la firma para culminar las series con la izquierda (que se haga con todo lo que haya grabado de Curro, o que le pida al Maestro que le enseñe cómo se hace tentando unas becerras).

Después de ver a Manzanares, Talavante ha quedado como un torero voluntarioso pero vulgar. Y eso que aceptó el reto y trató  de competir y de estar a la altura. Si Manzanares se fue a portagayola en su primero, Talavante lo hizo en el segundo (dice el extremeño que por primera vez en su ya larga trayectoria torera). Talavante tiene valor, pero su toreo es frío (para los gustos de Sevilla, claro) y carece del don del temple. Sus faenas fueron aceleradas y los lances casi siempre acababan con las telas enganchadas. Al sexto, un núñezdelcuvillo que no era un carretón, vaya que no tenía la nobleza marca de la casa y presentaba dificultades y cierto peligro, no supo o no quiso verlo ni le dio las distancias adecuadas, y lo pasaportó con una faena voluntariosa pero bastante insulsa.

Así que Manzanares le mojó la oreja a Talavante en el mano a mano, del mismo modo que Núñez del Cuvillo le mojó la oreja a Juan Pedro Domecq. No es que los núñezdelcuvillo fueran un dechado de virtudes, pero superaron a los flojos juanpedros que, aunque esta vez parecían bien escogidos, demostraron que esa ganadería tiene un problema serio en sus reatas.

Además de ver torear a Manzanares como lo harían los mismísimos ángeles (si es que los ángeles torean), hemos visto un magnífico tercio de banderillas a cargo de su magistral cuadrilla. Una lección torera de cómo se hace la brega de un toro.

En fin, que al menos hemos terminado el abono con dos alegrías. Una porque hemos podido deleitarnos con el toreo de verdad (no todo lo importante ocurre en Nimes), y por otra porque Luis Blázquez sólo salió con contusiones después de una cogida que hizo temer la tragedia.

¡Ya era hora!


domingo, 23 de septiembre de 2012

NO ME PERDÍ NADA


Ayer no pude ir a los toros pero, leídas las crónicas, es evidente que no me he perdido nada. Todo sigue igual (de mal).

sábado, 22 de septiembre de 2012

¡¡¡EUREKA!!!


Eso es lo que dicen que gritó el sabio cuando descubrió por qué algunos cuerpos flotan en el agua y otros se hunden. ¡Eureka! Es como un grito de triunfo: lo he descubierto, por fin sé lo que pasa y ya puedo quedar tranquilo. Pues ayer, cuando salía de la Maestranza yo también pude gritar ¡Eureka! Me explicaré.

Ayer comenzaba el ciclo final de la temporada en Sevilla. Cuando compramos los abonos se anunciaba para este día un encierro de Juan Pedro Domecq que lidiarían los novilleros triunfadores de la temporada. Cuando se formalizó el cartel se anunció a Rafael Cerro, Tomás Angulo y Gonzalo Caballero. Se supone que novillos y espadas que compondrían un cartel de lujo para inaugurar el ciclo otoñal. Ya saben, novilleros codiciosos y pujantes, quizás a punto de convertirse en matadores de toros, con novillos de esos que han sido calificados de patanegra, la flor y nata del campo bravo, lo mejor de lo mejor, la estirpe que garantiza el éxito de las figuras por su bravura y su nobleza. La sangre que ha colonizado casi todas las ganaderías que se anuncian por los ruedos españoles y franceses. ¡¡Casi nada!!

Bueno, pues nada de lo que pasó en el ruedo tuvo que ver con eso. Según la base datos de Portal Taurino entre los tres espadas no sumaban en la temporada ni 25 festejos: Rafael Cerro, que abría el cartel, había toreado hasta ayer 9 novilladas , Tomás Angulo 4 y Gonzalo Caballero 8. ¿Esos son los novilleros triunfadores de la temporada? Ah! Perdón, será de la temporada sevillana. No estoy desmereciendo a los jóvenes espadas, que mostraron ganas y más o menos conocimientos en ésta su última aparición en Sevilla. Pero ¿no hubiera sido mejor anunciar a los novilleros que lideran el escalafón en estos momentos? Torear juanpedros en la Maestranza sería un buen premio para los más esforzados y una demostración de que los carteles se ganan día a día, en el ruedo y no en los despachos.

Y ahora los novillos. ¡Qué desastre! los patasnegras, desigualmente presentados, fueron blandos y descastados hasta la desesperación. Eso sí, nobles en grado sumo como se espera del encaste: ya saben, bobalicones de esos de pasapacá y pasapallá. Yo creo que Varapalo (nº 75) le pidió perdón a Caballero por el revolcón que le propinó por estar donde no debía estar. Toros tontorrones que embestían con los hocicos y no podían con su alma.

De modo que como la tarde, además de calurosa, fue de un aburrimiento soberano, me puse a cavilar sobre lo que estaba sucediendo en el ruedo. A ver... Si la empresa dice que sus veedores traen lo mejor que hay en el campo bravo y si los juanpedros son el resultado de la muy cuidadosa selección llevada a cabo por el malogrado sabio de la ganadería brava que fue Juan Pedro Domecq Solís, ¿Por qué los toros de este encaste que salen al ruedo maestrante son tan malos? ¿Por qué se caen nada más pisar el albero? ¿Por qué su comportamiento es tan descastado? ¿Por qué son tan tontorrones? ¿Por qué aburren hasta a las moscas?

En eso estaba cuando se lidiaba al citado Varapalo que cerraba el festejo y que fue el único que medio se movió, no se rajó escandalosamente ni masticó el albero. Claro que tampoco se picó, ni se le hicieron quites ni nada de nada, y Gonzalo Caballero lo cuidó como si en vez de en una plaza de toros hubiera estado en un hospital veterinario. Nada hizo que justificara el aplauso con el que fue despedido (ni la faena del novillero justificó la oreja que le regaló el presidente). A lo largo del festejo habían pasado otras cosas. El presidente no devolvió por lo menos tres de los juanpedros que eran inválidos absolutos. La banda de Tejera atacó el pasodoble en el quinto de la tarde justo después de que Tomás Angulo terminara una serie con la derecha en la que hizo que el novillete pasara pacá y pallá incitándolo literalmente con el pico de la muleta: con el pico que forma en la muleta la punta de la ayuda. El público pidió las oreja del quinto de la tarde, después de una faena vulgar y sin mérito alguno, y del sexto (ésta la concedió el presidente sin criterio alguno). En fin, un desaguisado detrás de otro.

.Pues en esto estaba, cuando de pronto se encendió la luz: ¡¡Eureka!! Había descubierto la causa del desastre. No sólo de la novillada de ayer, sino de todo lo que ha ocurrido durante la temporada (y en la anterior, y en la anterior...). La causa de todo está en el albero maestrante. Sí señores, si ni la empresa tiene la culpa denada y trata de ofrecer lo mejor de lo mejor en ganado y lidiadores, si las ganaderías traen lo mejor que tienen en el campo, si la autoridad competente cumple con su obligación y piensa que defiende los intereses de los aficionados y hace respetar el reglamento, entonces la culpa de todo la tiene el albero. Mejor dicho, los efluvios que, con el calor, desprende el albero después de ser convenientemente regado por los areneros antes de comenzar el espectáculo. Los efluvios del albero hacen que los toros se caigan y se vuelvan tontorrones; que los matadores muestren todas las malas artes ventajistas de que son capaces... Que el presidente no vea que lo que está pasando en el ruedo es una estafa en toda regla. Que la música toque cuando no tiene que hacerlo y que los públicos pidan orejas por faenas vulgares o que aplaudan toros que han tenido comportamientos indignos del ganado bravo.

Es evidente. Por eso ayer fue el último novillo el que medio se comportó, porque el albero ya estaba seco después de la tarde de calor insoportable. Claro que a esa hora todavía llegaban los últimos efluvios al palquillo presidencial, a la grada de la música y a los tendidos. Si no, no se explica.

De modo que, descubierta la causa de lo que está pasando en la plaza de toros de Sevilla, hay que poner remedio. Al menos yo no renuevo mi abono hasta que los maestrantes no saquen todo el albero de la plaza y lo sustituyan con arena de cualquier otro sitio. Quizás la Empresa Pagés debería preguntar de dónde procede el que forma el piso del anfiteatro de Nimes, en donde dicen que suceden cosas que cambian la historia de la tauromaquia.

domingo, 29 de abril de 2012

UNA ESTOCADA, FANDI Y EL DILUVIO



En medio del diluvio universal que cayó ayer en Sevilla, Padilla recetó ayer a su primero una estocada que le puede proporcionar de nuevo el premio a la mejor estocada de la Feria. Al segundo también lo mató a la primera, pero me parece que cayó un poco desprendida. Dos buenas suertes de matar como colofón a dos faenas a su manera, en las que se entregó pero le faltaron toros.
Los toros que Álvaro Domecq trajo ayer a Sevilla, cuya lidia siguió desde su barrera del 1, fueron de lo mejor que se ha visto en la feria. La primera sorpresa fue que ningún Torrestrella fue devuelto en el reconocimiento, lo que ya es un mérito. En segundo lugar, estuvieron en general bien presentados (sólo uno tenía cara de novillito), dieron buen juego en los caballos, lo que aprovechó El Cordobés para acabar con los suyos directamente en el tercio de varas, y mostraron casta y acometividad. La nota negativa la tuvieron en las fuerzas. Cuando llegaron al tercer tercio se caían clamorosamente: las fuerzas no acompañaban a su casta. A unos los corrieron hasta la extenuación en las banderillas de Fandi y Padilla; a otros dos, como ya dije, les dieron de lo lindo en los caballos, y todo eso se notó en su comportamiento ante las muletas. Pero en general ha sido un buen encierro al que deberíamos haber visto con otros matadores (¿qué tal con Manzanares?). No ha sido entonces casualidad que un toro de Torrestrella fuera el ganador de la corrida concurso celebrada en Zaragoza el día de San Marcos. Y también han puesto en evidencia que con sangre Domecq se puede criar otro toro distinto al que ha degenerado de la alquimia (Fernando Naranjo dixit) de Juan Pedro Domecq Solís. Sólo les falta un poco más de gimnasio, porque tenían musculatura endeblita. Claro que a lo mejor entonces tendrían que lidiarse en esas corridas que llaman toristas, porque un toro encastado, codicioso y con fuerzas no lo querrían torear las figuras.
El triunfador de la tarde fue sin duda Fandi. Se le veía feliz dando la vuelta al ruedo con su orejita, después que en tantas ocasiones tratara de agradar al público sevillano sin conseguir la recompensa buscada. Fandila es un trabajador del toreo y un trabajador incansable. A los aficionados nos podrá gustar o no el toreo que ejecuta (tampoco gustaba el de Manuel Benítez, y a ver quien lo saca de los anales de la tauromaquia), pero da todo lo que tiene en cada toro. Y lo hace lo mejor que sabe y puede. Ayer, bajo dos aguaceros de campeonato, toreó de capa con variedad de suertes (muy bonitas las navarras) y a veces con las manos bajas y templanza en la ejecución de la verónica; cuidó a sus toros en las varas; puso banderillas a su estilo, arriesgado una barbaridad bajo el diluvio; cumplió en el tercer tercio ante dos enemigos boyantes y los mató a la primera. Es verdad que otros toreros hubieran hubieran lucido mejor a los toros, pero ¿por qué no se quisieron anunciar con ellos? De modo que a alguien le parecerá que su oreja fue de poco mérito, pero yo creo que se la ganó a pulso. Más que otros, a los que les han regalado alguna orejita que otra. Dirán que la oreja la pidieron desde los tendidos de la solanera los incondicionales del granadino, pero no es verdad: entre los paraguas de la sombra aparecieron muchos pañuelos, y no todos eran de advenedizos a los que los abonados habían regalado las entradas.  Está claro que no formo parte de los seguidores de David Fandila, pero no me aburrí bajo la lluvia durante su actuación. Me alegro por este torero honesto, batallador y que siempre tiene una sonrisa en la boca.
Bueno, que visto lo visto en lo que va de feria, la corrida de ayer fue entretenida y, a pesar del diluvio que soportamos bajo nuestros capotes, no salimos de la plaza presos del tedio y el aburrimiento. Que no es poco.

sábado, 28 de abril de 2012

LA RESPONSABILIDAD DEL GANADERO


Esta vez fueron seis las reses de las ganaderías anunciadas que fueron devueltas por la autoridad en el reconocimiento. Y pudieron ser siete, porque el que se lidió en segundo lugar, Alambrisco, un colorao de buena alzada y un poco bastote, lo fue "bajo la responsabilidad del ganadero" según se establece en el artículo 39.1 del Reglamento Taurino de Andalucía, donde se establece que "cuando una res fuese rechazada en los reconocimientos por estimar todo el equipo veterinario de servicio que las defensas de ésta presentan indicios de una posible manipulación", se le comunicará al ganadero quien tendrá "derecho a retirar dicha res y presentar otra en su lugar o a exigir su lidia bajo su responsabilidad en caso de reunir los demás requisitos reglamentarios". La exigencia de responsabilidad se producirá una vez que las astas sean analizadas después de muerto el animal. Desconocemos qué pasó en el desolladero, si se analizaron o no las astas del toro, pero desde luego era evidente que el pitón izquierdo de Alambrisco era más corto y romo que el derecho. Resulta curioso que esta información relevante para el aficionado no aparecía en el programa de mano que la empresa reparte en el las puertas de acceso (en el que por fin han puesto la edad de los toros y no sólo su peso), y la pudimos conocer por el que reparte Canal + en el entorno de la Plaza.
Bueno pues los domecqs que cría Moises Fraile en Salamanca que finalmente se lidiaron, fueron como sus parientes del sur: muy blandos, de presentación muy desigual, algunos con pinta de esmirriaos a pesar de los kilos, mansurrones y descastados, menos el boyante quinto que mostró un poquito de casta brava y permitió así el triunfo de David Mora. Ninguno tomó una vara en condiciones: en parte porque los toreros de a pie y de a caballo no hicieron la suerte como se debe (alguno de los toros creo un verdadero desconcierto en el ruedo, haciendo su santa voluntad y sin que nadie organizara la lidia), en parte porque como eran muy blandos los piqueros tenían orden de no hacerles daño (ya saben, eso de la lidia de cuidados paliativos), en parte porque como eran mansos pues salían de najas en cuanto sentían el picotazo. Todos, no sólo Alambrisco, tenían pitones muy cortitos y algo sospechosos. ¿Los habrán analizado?
Los tres toreros acababan su participación en la feria y han dejado cada uno la huella de sus capacidades. El Cid completamente perdido, sin sitio y espeso como una mayonesa, sin ideas ni decisión. Dio la imagen penosa de sus otras dos actuaciones; con torero como él, que era todo poder y mando. No debería arrastrarse así por los ruedos.
Daniel Luque hizo, sobre todo en el sexto porque en el tercero no dio pie con bola, eso que llaman el toreo moderno, pero a medias. Toreo para la galería, efectista pero sin fundamento, ventajista y festivalero, sin mando ni temple. Su segundo ejemplar era boyante, pero su faena fue muy meliflua, además de interminable, siempre despegado, siempre con el pico de la muleta (es un verdadero virtuoso del pico de la muleta), y no se llevó nada a pesar de que se fue a terrenos del 10 (no sé si en un gesto populista como suele hacer El Cordobés, o porque allí estaban sus paisanos de Gerena) después de brindar el toro al público. El toro no volvió al corral porque el presidente fue generoso.
David Mora me parece que estuvo bien en el quinto, un toro mansurrón pero encastado y bollante en el último tercio. Se colocó en el sitio y tiró del animal con mando y más o menos temple. Dio algunas buenas series. Vamos,que salvó la tarde con su decisión y sus ganas de mostrar lo que sabe. El toro lo enganchó peligrosamente: cuando vea las imágenes se dará cuenta que la culpa fue suya, porque en esa tanda no estaba bien colocado.
¿Queda ahora claro por qué pensábamos antes de comenzar la feria que Luque y El Cid tenían demasiadas actuaciones en el abono? Y todavía nos queda San Miguel.



viernes, 27 de abril de 2012

ALGO DE ESPERANZA Y UNA SARDINA



Eso era el cuarto toro de la tarde, una sardina con patas. Patas largas, cuerpo escuálido y carita de niño. Un bodrio de toro, como todos los demás que salieron al ruedo. Mansurrones (buscaban desesperadamente la puerta por donde habían llegado) blandos, descastados y tontorrones. Perdón, muy nobles. Seguimos con las mismas. ¡Qué mala suerte tiene Morante! Siete toros y ninguno ha salido bueno. Que si uno hacía no sé qué, que si el otro no se entregaba, que si el de más allá tiraba un gañafoncito por la izquierda y así no hay forma... Mala suerte. Con el cuidado que ponen los suyos en buscar el ganado para el maestro y nada. Pues a despedirlos a todos, incluido el apoderado. Y para la próxima que exija que le anuncien con toros de verdad. Verá como entonces sí puede mostrar todo lo que lleva dentro ¿O no? Porque dos medias (eso sí, de cartel de toros), unas chicuelinas, una tanda por la derecha y algunas trincherillas salerosas no sirven para justificar el día. Y sí dejaron ver con claridad que el de La Puebla está espeso y reservón. Aguanta las broncas con estoicismo, y a otra cosa. Ya lo decía: seguramente la afición sevillana no le va a permitir mucho más, porque Morante no es Curro. Ni siquiera en las broncas. ¿Quién no recuerda las broncas al camero en la Maestranza? Eran tan apoteósicas como sus triunfos. Las broncas a Morante son medianitas. Ni siquiera la lluvia de almohadillas en la despedida (que no estoy defendiendo, desde luego) son como aquellos diluvios que soportaba Curro en su camino hacia la puerta del patio de caballos. Así que como no es Curro, a lo mejor los aficionados se olvidan de él.
La esperanza la puso el nuevo matador de toros, el madrileño López Simón, que sorprendió con su decisión, su arrojo y sus maneras ante el único toro decente (que no bueno) de la tarde y que casualmente estaba reseñado de sobrero. Su decisión y arrojo le valieron la oreja y una cornada cuando se tiró a matar con todas las fuerzas de su alma. Cuando lime algunas asperezas y purifique su tauromaquia quizás tengamos un buen torero.
Eso fue todo en una tarde con tantas esperanzas, porque Manzanares vivió de la renta ante un ganado imposible y llevó la lentitud de su faena hasta la desesperación en el quinto de la tarde. Es que claro, además de que su tauromaquia está marcada por la despaciosidad, a estos toros enfermizos hay que dejarles mucho tiempo entre tanda y tanda, y a veces entre pase y pase, para que se recuperen y medio acudan la engaño.
Una penita de ganado del glorificado Núñez del Cuvillo. Como casi todo lo que ha salido, exceptuando lo de Cuadri y lo de Victorino Martín. Si estas mismas ganaderías sacan ganado bueno en otras plazas, tendremos que dar crédito a quienes dicen que el problema no es sólo del declive de la cabaña brava, sino que los ganaderos envían a cada plaza ejemplares de calidad proporcional a lo que las empresas pagan por ellos. Entonces, lo que sale en la Maestranza es de saldo.

miércoles, 25 de abril de 2012

¿TÚ TAMBIÉN, VICTORINO?



Otra vez el baile de corrales. Y esta vez al reputado como uno de los representantes más serios y honestos del paisaje ganadero. Pues también a Victorino le devolvieron cuatro reses: dos por despitorrados y dos por falta de trapío. Con eso y todo, hemos visto una corrida de toros. Que ya era hora. El encierro estaba desigualmente presentado; con dos toros fuera de tipo, grandones y feuchos, y otro demasiado chico. Uno, quizás el de mejor juego, era cinqueño. Debería Victorino Martín haber presentado una corrida más igualada, pero, claro, siendo para Sevilla...
Los saltillos del hierro del Marqués de Albaserrada dieron también juego desigual y todos blandearon durante la lidia. Algunos mansearon más y otros menos. Ninguno fue con prontitud al caballo y fueron picados desigualmente. Alguno metió la cabeza bajo el peto, empujando con codicia; otros se fueron del caballo a poco de sentir el picotazo. Unos presentaron más dificultades en la lidia (el primero era imposible por la derecha, pero Fandiño tuvo la habilidad de corregirlo); otros, un poco menos. Todos se comportaron como se espera de este encaste (ya saben, buscando los pies de su contrario) aunque ninguno fue lo que se dice una alimaña. Unos fueron aplaudidos al aparecer en el ruedo y en el arrastre, y otros no. Una corrida de toros en definitiva. Cada uno con sus características, cada uno con sus dificultades, pero los seis pidieron el carnet de torero a sus lidiadores. Ya era hora de que viéramos toros en el albero de la plaza. Sólo con eso nos dimos por contentos. Que no es poco estando las cosas como están.
El mano a mano lo ganó claramente Fandiño que estuvo muy seguro y poderoso con los ejemplares que le tocaron en (buena) suerte. El primero lo toreó admirablemente con la izquierda hasta que el animal se aprendió el camino, y entonces dio un par de tandas por la derecha una vez que había corregido las dificultades que el victorino tenía por ese lado por donde le había dado dos peligrosos avisos. En el tercero, un cinqueño que dio muy buen juego, Fandiño estuvo firme y bien plantado. Alargó la mano y le dio distancias, lo que le permitió cuajar una buena faena: cuando las cosas se hacen bien se obtienen buenos resultados. Oreja merecida. Con el quinto estuvo menos firme, aunque también hubo tandas de interés. El público pidió la oreja, pero el presidente hizo bien en no concederla (aunque se han dado orejas con menos merecimientos) y el torero mal al dar una segunda vuelta al ruedo por su cuenta. No lo necesitaba, porque ya tenía el reconocimiento de Sevilla. A los tres los mató bien y por arriba, aunque en las tres ocasiones la espada cayó algo trasera.
David Mora tuvo el peor lote y el peor toro de todo el encierro que salió en segundo lugar. Un toro fuera de tipo, demasiado grandón y regordío que tenía pocas fuerzas para tanto kilo. Pero aunque le puso voluntad, no dio la talla ante sus enemigos. Todos le superaron y en ocasiones se le vio espeso de ideas. No se colocó bien, no dio las distancias adecuadas (a veces recurrió al populista arrimón) ni corrió la mano ni mandó lo que los victorinos precisaban para entregarse. Demasiados toros para él.
Al menos yo he salido satisfecho de la plaza por tercera vez después de nada menos que doce corridas.
¡Ah, lo olvidaba! Tristán volvió a meter la pata con su música durante la lidia del quinto. El toro desarmó a Fandiño. El torero se fue a las tablas a por otra muleta, volvió al ruedo, cambió al toro de terrenos, y la música siguió con el pasodoble. Sería para entretenernos durante ese tiempo muerto. Menos mal que ha dicho en una emisora de radio que el próximo año no estará dirigiendo su banda en la plaza de toros.



martes, 24 de abril de 2012

TEDIOSO



El aficionado que acude cada día a la plaza de toros está cayendo en el tedio y la desesperación. Ya no venimos a la plaza con la ilusión y la esperanza que se debería cuando se va a ver una corrida de toros. Ya no esperamos nada. Decían los responsables de la Empresa Pagés en la entrevista que publicó el diario ABC el pasado domingo de Resurrección que iba a haber sorpresas en una feria a la que venían las para ellos mejores ganaderías del país. Pues ya lo estamos viendo. Día a día nos acercamos a ver el acta del reconocimiento de los toros para comprobar cuál ha sido el desaguisado y ya en las localidades no esperamos nada. El tedio se ha apoderado de la afición después de una docena de festejos en los que sólo la cuadrilla y el temple de Manzanares lograron sacarnos del sopor y la abulia que nos invade.
Ayer se devolvieron tres. Y, de nuevo, cómo serían si lo que salió por la puerta de los chiqueros eran novillos viejos, sin presentación ni casta, y completamente inválidos. Sólo dos fueron devueltos a los corrales, pero el presidente debería haber echado para detrás a los ocho. Porque ninguno se mantenía en pie ni tenían condiciones para ser lidiados en una plaza de primera categoría.  Los toreros más que intentar dominar a semejante desecho de ganadería, tenían que hacer labores de enfermería. A nada que el ejemplar de turno se daba una vuelta por el ruedo, casi siempre buscando desesperadamente la puerta por la que había entrado allí, y acudía a los capotes, doblaba las manitas y los coleteros se convertían en enfermeros: capotes arriba. Por no hablar de la suerte de varas que ya no es ni un simulacro. Ni se coloca a los toros, ni se les pica, ni nada de nada.
Con eso por delante ningún torero puede hacer nada. Por muchas ganas que tenga, lo que ocurre en el ruedo no es un enfrentamiento entre el hombre y el animal sino otro simulacro aburrido y tedioso. Nada de la emoción que se supone a un espectáculo como éste. En vez de estar en vilo por la suerte del matador estamos pendientes de si va a ser capaz de mantener al toro en pie. A veces los matadores muestran ganas de participar en el simulacro de la mejor manera posible pero todo acaba en nada. Ayer mostró ganas Cayetano, y también que ha mejorado su colocación y su técnica, pero nada de nada. Castella intentó torear a su manera los dos que le tocaron en suerte, pero ha perdido bastante el sitio. Y Luque lo intentó en el que cerraba plaza, pero no puedo enjaretar más que un par de series. Lo demás, labores de enfermería. Tampoco se les puede pedir más: el toreo es lucha y no una sesión de cuidados paliativos que es lo que pedían a voces los toros.
Claro que parece que no todo el mundo está viendo la misma corrida. Una parte del público llegó a aplaudir en el arrastre a uno de esos tullidos, feos y descastados animalejos que anduvieron por el albero.
Ya digo, un tedio.

lunes, 23 de abril de 2012

ESTA VEZ FUERON CINCO


Cinco fueron los toros de esta doble ganadería (Torrehandilla-Torreherberos) devueltos por los responsables de autorizar el ganado en la Maestranza. Tengo que usar la misma expresión de ayer: cómo serían si lo que salió fue lo que salió. Sólo el que saltó en último lugar, cinqueño como otros dos de sus hermanos, tenía aspecto y maneras de toro bravo. Debió venir a Sevilla por equivocación o porque el ganadero de los jandillas de Jaén no tenía con qué sustituir los devueltos (los dos sobreros eran de Montealto). Los otros cinco, sin presencia ninguna y con aspecto de novillos viejos, eran inválidos, descastados, mansos y varios, por la forma en que se destrozaban los pitones nada más rozar con ellos las tablas o el suelo,  sospechosos de haber pasado por la barbería. Claro que seguramente el presidente no habrá dado orden de que se analicen las astas. Bastante desaguisado le ha hecho al pobre ganadero devolviéndole cinco que ahora no tendrá dónde colocar. ¿A qué plaza lleva cinco "toros de Sevilla"?
Bueno, que no se preocupe demasiado: siempre habrá  algún pueblo en fiestas con plaza portátil en la que los pueda torear Rivera Ordóñez. ¿Qué hace este torero anunciado en un cartel que no sea el de la tradicional corrida del corazón del sábado de farolillos? No tiene sitio, ni ganas ni nada de nada. Con actuaciones como esta se explica uno que Paco Camino y José Tomás devolvieran sus medallas de oro de las Bellas Artes cuando alguien tuvo la ocurrencia de dársela a semejante pegapases. Yo creo que ya no le gusta ni a la Duquesa de Alba que no se pierde una de las actuaciones del padre de su nieta desde el palquillo maestrante. Si su abuelo, al que quería imitar recibiendo a su segundo con unos lances con la rodilla flexionada, pudiera verlo, le obligaba a abandonar la profesión. Y si yo fuera su padre le prohibía anunciarse como Paquirri (¡a estas alturas de su carrera!): ese nombre nos recuerda pundonor y fuerza, además de excelentes pares de banderillas que Rivera no coloca ni por equivocación. No se puede uno llamar Rivera Ordóñez y andar de semejante manera por las plazas de toros.
En fin que, menos algunos lances con la derecha (acelerados como si tuviera prisa por marcharse) que El Cid dio a su segundo, la corrida de ayer fue una más del ya largo número de fiascos que se están produciendo este año en el ciclo. El poderoso torero que fue El Cid ya está desaparecido. Y lo malo es que nos quedan dos tardes más con el de Salteras, además de la actuación de San Miguel. Ni sus actuaciones del año pasado justifican sus cuatro tardes, ni lo que hizo ayer muestra que ha vuelto al buen camino, Parece un torero acabado.
Para decir la verdad, el único que ayer se ganó el sueldo fue El Fandi. Diremos lo que diremos los aficionados, pero Fandila hace lo que sabe y lo que sus públicos esperan de él. Y lo hace lo mejor que puede. Se llevó el mejor de la tarde (el que vino por equivocación, claro) y le hizo lo que sabe con pundonor. Es cierto que no da más de sí, pero tiene decisión y no engaña a nadie. Aunque eso no justifique que todavía tengamos que verlo otra vez el sábado. En fin...

domingo, 22 de abril de 2012

OTRA VEZ SERÁ



Estas fueron las palabras resignadas de un aficionado que ayer ocupó el asiento de detrás. Morantista confeso, admitió que el de La Puebla dio un petardo, aunque para él como para otros admiradores de su toreo (entre los que me cuento) ver a Morante ejecutar una verónica como las dos o tres que ayer nos brindó, con los pies plantados, el capotito recogido y el mentón pegado al nudo de la pañoleta, ya justifican una corrida. Pero no deja de ser una pobre justificación asociada al reconocimiento del fracaso. Porque lo de Morante fue un fracaso en toda regla, como todo lo que sucedió ayer en la plaza de toros de Sevilla. Un fracaso superlativo. Otro más.
Cuando llego cada día a la plaza de los toros, antes de enfilar el túnel al que se accede por la puerta 15, me acerco a mirar el acta del reconocimiento de los toros que ofrece información sobre el ganado que no aparece en el escueto programa de mano que entrega la Empresa. Por ejemplo, cuántos ejemplares han sido devueltos en el reconocimiento y las causas. Y lo de ayer fue significativo: hasta siete ejemplares de Garcigrande-Domingo Hernández  fueron devueltos por falta de trapío por un equipo de presidente y veterinarios que no se caracteriza precisamente por la exigencia con el ganado, según se demuestra cada día. Cómo serían esos devueltos si lo que salió por toriles era impresentable. Trapío impresentable, flojedad absoluta, mansos y completamente ayunos de casta brava. Qué quieren que les diga, otro triste ejemplo del encaste (es un decir) juanpedro. Como Juan Pedro Domecq Solis llenó la cabaña brava con el resultado de sus alquimias pues ahora no hay manera de ver una corrida de toros en condiciones. Es desesperante ver cómo cada día aparece el mismo ganado borreguil y blandengue por la puerta de chiqueros, llámese como se llame la ganadería de procedencia.
Así el aburrimiento y la desesperación se está apoderando de los tendidos y al final van a salir ganando los que ayer desde el Paseo Colón atronaron con sus voces y silbatos las faenas que se ejecutaban en el ruedo maestrante. Pero no porque impongan su criterio animalista y antitaurino, sino porque los taurinos van a aburrir a los que acuden a las plazas de toros. Porque no me digan que Curro Vázquez no conocía lo que su pupilo iba a torear o que los veedores de la Empresa Pagés no habían aprobado el ganado cuando en el invierno andaban preparando los carteles para el ciclo abrileño.
Pues nada, eso fue todo. Un fracaso de los tres espadas, cada uno con su estilo. Fundi, demasiado reservón para la conducta a la que nos tiene acostumbrados; Morante desganado y sin recursos para afrontar ese infame ganado (que se lo piense, porque no es Curro) y Castella con su valor pero sin temple alguno y cansino hasta la desesperación, sobre todo en el sexto de la tarde que le tocó los engaños en casi todas las tandas que intentó. Ya digo, un petardo.
Y el maestro Tristán volvió a meter la pata hasta el mismísimo corvejón y provocó una bronca en los tendidos cuando inició, sin ton ni son, un pasodoble en un momento en que Fundi no daba pie con bola en el segundo de su lote. En una entrevista que concedió al diario ABC hace unos días, se mostraba ufano de que en la Maestranza la música suena cuando el director lo decide, pero está haciendo todos los méritos para que le sea retirada esa facultad: sus antepasados lo hicieron con criterio, pero él no lo tiene.

sábado, 21 de abril de 2012

ÉXTASIS EN LA MAESTRANZA


Si por mí hubiera sido, Curro Javier, Juan José Trujillo y Luis Blázquez, los tres toreros de plata que acompañan a Manzanares en sus andares por los ruedos, habrían salido ayer a hombros por la Puerta del Príncipe junto a su maestro. Porque de las cuatro orejas que cortó el diestro ayer, al menos la mitad se las debe a estos tres hombres. Dieron una lección magistral de cómo se lleva adelante una lidia y de cómo se ponen banderillas. Si los dos toros que llevaron al triunfo a Manzanares hubieran sido lidiados por cualquier otra cuadrilla, las cosas hubieran sido muy distintas. Desde luego que Manzanares les agradeció su labor haciéndoles saludar montera en mano desde el centro del ruedo al finalizar la triunfal vuelta con que culminó su segunda actuación, pero fue escaso premio para tan gran labor.
Me explicaré. Los seis toros de Victoriano del Río que ayer saltaron al ruedo estaban justitos de todo: justitos de presencia, justitos de fuerzas y justitos de casta. De lo que estaban sobrados era de eso que ahora se llama nobleza: buenos como para subirlos a los altares. Puro juanpedro: ni un mal gesto, ni un mal gañafón, ni una mala intención. Eran toros que había que cuidar hasta el extremo para que no dieran el mingo y llegaran vivos al tercer tercio. Por eso ninguno de los seis tomó varas en condiciones: ni ellos quisieron nada con los caballos (la castita justa) ni los del castoreño les hicieron ningún daño. Por si acaso. Con esas características, los toritos precisaban una lidia impecable.
Eso es lo que hicieron los tres auxiliares de Manzanares. Lidiarlos impecablemente. Mimarlos como si fueran recién nacidos. El quinto de la tarde, que llevó a los públicos de la Maestranza al éxtasis, no tocó una tela desde que salió hasta que, desorejado, fue arrastrado al desolladero. Ni una tela. Salió y fue citado de lejos por  los peones de Manzanares hasta que éste lo recibió bajo los asientos del 7 y le enjaretó una magistral, aunque algo acelerada, serie de verónicas rematadas con una media impecable. Cargando la suerte, nada del pasito atrás tan común hoy, y sin que Jerezano, que así se llamaba el juanpedro, rozara el percal. Y así siguió la lidia. Ver a Curro Javier poner al toro en suerte en el segundo tercio de un único y medido capotazo, o llevarlo a una mano hasta el burladero del 4 fue un lujo. Ahí está la diferencia.
Lidiados de ese modo, los toros llegaron a la muleta de Manzanares con las fuerzas y las condiciones justas para su toreo. Lento y cuidadoso, casi acariciando al toro con los vuelos de una muleta presentada a la distancia justa, siempre en la cara del astado, llevando al toro con mimo a la velocidad que el maestro quiere y la que el animal requiere. Precisión de relojero. Manzanares tiene en sus muñecas el privilegio del temple y del mando. Porque hay que tener mucho sentido del temple y mucho mando para hacer lo que ayer hizo delante de dos toros que no valían un pimiento y que en manos de otros no hubieran servido para nada. Y también tiene el don del duende. Por eso Sevilla lo ha adoptado y lo mima como él mima a esos toritos. Manzanares, con su toreo almibarado, llevó al éxtasis a un público entregado.
El resto quedó ensombrecido. Padilla que iba primorosamente vestido y a quién el público agradeció su gesta con una ovación de lujo, intentó en su primero hacer el toreo moderno que requieren los juanpedros pero no le salió. Y en el segundo estuvo en Padilla. Pero claro, ese toreo requiere otro toro. Y Talavante se mostró mucho más firme que en años anteriores, con temple, con mando, con sentido de la lidia. En su primer toro estuvo muy bien y se llevó una oreja, pero el segundo tenía demasiadas pocas fuerzas y su cuadrilla no es la de Manzanares. Ahí está la gran diferencia: para torear estos toros justitos de todo hay que tener una cuadrilla de lujo, y de esas sólo hay una y la tiene el de Alicante.
La corrida acabó elevando a Manzanares al Olimpo sevillano. Como un héroe, dio la vuelta al ruedo a hombros de los capitalistas y rodeado de una chavalería que lo ve como como el modelo a imitar. Sólo faltó que Tristán acompañara el momento con los sones de Puerta Grande (se le fue la ocasión de seguir haciendo historia) y que los tres toreros de plata acompañaran a hombros a su maestro.
Esta vez salimos de la plaza contentos. Pero no emocionados. Las cuatro orejas que Manzanares se llevó virtualmente en su esportón (en realidad dos se las regaló a un niño en la barrera del 3 y otras dos al Dr. Vila a quien había brindado su segundo) son todo un hito en la historia de la Maestranza. Como el rabo que Diego Puerta o Ruiz Miguel cortaron en esta misma plaza. Pero no tienen el mismo peso.

viernes, 20 de abril de 2012

MAS DE LO MISMO Y DOS SORPRESAS



Que no hay manera de salir de la hondura del pozo en que se ha instalado este ciclo de abril en la plaza de toros de la Real Maestranza. Los toros de El Ventorrillo que se corrieron ayer (es un decir) se portaron como lo que son: puros juanpedros. Bien presentados, astifinos, pero blandos, mansurrones y descastados hasta la desesperación. El buen aficionado que es Fernando Naranjo decía del que fue creador de este toro adecuado al gusto de los toreros de postín y al toreo moderno que era un alquimista. Y ahí está el resultado de la ancestral práctica. Un toro que sólo lo es por su aspecto, pero que dentro no tiene nada de nada. Y ya parece que ni las figuras los quieren, porque los tres que ayer se enfrentaron a los juanpedros de Toledo eran tres toreros habituados a las corridas duras y correosas y no a los toros artistas. Nada de nada pudieron hacer con lo que salió por la puerta de toriles, aunque hay que decir que, con mayor o menos acierto, con mejores o peores resultados, estuvieron firmes ante los que les tocaron en suerte. Bueno, hay que reconocer que Diego Urdiales, aunque siempre se colocó bien para tratar de sacar algo de sus oponentes, anduvo espeso, sin decisión, falto de sitio. Algo extraño en este riojano acostumbrado a lidiar siempre con lo más duro de la ganadería brava. Fandiño y el debutante Jiménez Fortes se empeñaron en torear pero no hubo manera de sacar nada de donde no había. Nos aburrimos de nuevo.
Lo único interesante de esta corrida fue que se produjeron dos acontecimientos que sorprendieron a públicos y aficionados. El primero que pudimos constatar que detrás del balconcillo de la presidencia de la plaza hay un pañuelo verde y que en los corrales hay una parada de cabestros. Cuando ya estábamos convencidos de que tales cosas no existían en la Maestranza, el presidente sacó ayer el pañuelo verde en dos ocasiones. Inaudito. El segundo, que la suerte de varas es una parte de la lidia en la que también se torea. Lo demostró ayer  Plácido Sandoval "Tito" que iba con la cuadrilla de Jiménez Fortes. Se colocó en el sitio debido, movió el caballo, citó al toro, en definitiva hizo la suerte de varas. Sólo en el segundo de los envites colocó adecuadamente la vara aunque el toro saliera después de najas porque era mansurrón y descastado, pero pudimos presenciar cómo la suerte de picar es también una parte del toreo. Inaudito.

jueves, 19 de abril de 2012

UN CHURRO POR SEVILLANAS


En la ciudad en la que vivo, en Sevilla, cuando algo es muy malo o está mal hecho se dice que es un churro. Y cuando algo está muy deteriorado se dice que está hecho un churro. Pues eso. La corrida de ayer en la plaza de toros de la Maestranza fue un churro. Un churro de matadores, un churro de cuadrillas, un churro de toros, un churro de música, un churro de presidente y un churro de público.
Fue en primer lugar un churro de toreros porque los tres diestros (es un decir) sevillanos que hicieron ayer el paseíllo en el albero maestrante no dieron pie con bola. Como ya dije hace unos días, Salvador Cortés está sin sitio ni ganas ni recursos ni nada de nada. No quiso ni ver a sus contrarios astados a los que toreó de mala manera, despegado, a trompicones, y mató peor. Creo que debería dejar esto y poner un bar en Gines.
De Antonio Nazaré y Esaú Fernández sólo se puede decir que mostraron una manifiesta incapacidad para afrontar sus responsabilidades taurinas. Fernández, que recibió a sus dos toros a portagayola, los toreó después (es un decir) al hilo del pitón, reservón y sin recursos. No sé para qué hace la machada de recibir a los toros en la misma puerta de chiqueros, para después, con la muleta, dejar entre él mismo y el toro tanto sitio como para que pase otro astado. No se cruzó ni por equivocación. Mató de dos bajonazos saliéndose de la suerte. Y por el segundo, entre el público y el presidente le regalaron una oreja. Lo de Nazaré, pues ya se sabe. No pudo con ninguno de sus dos ejemplares. Hizo un toreo despegado, ventajista, presentando siempre el pico de la muleta en los cites... incapaz. Su segundo, que tenía una enorme y astifina arboladura, lo enganchó y le dio un puntazo en la pantorrilla. Él tuvo la culpa, porque el toro nunca fue toreado y se le quedaba a mitad de camino, hasta que le echó mano. Herido, mató de un bajonazo con vómito y el público y el presidente le regalaron también una orejita. Sería porque se dejó coger. Como han cortado sus orejitas, pues ellos creerán que lo hacen bien y seguirán con las mismas malas artes en las corridas que les salgan en adelante (si es que les sale alguna). Bueno, la Empresa Pagés ya tiene argumento para traerlos el año que viene a la Maestranza: cartel baratito y además "ayudando" a los diestros locales.
Los toros de Fuente Ymbro fueron otro churro. La presentación de los jandillas de Ricardo Gallardo fue intachable: tenían trapío para dejarlo de sobra y una arboladura impresionante. El quinto daba susto. Pero fueron mansurrones y blandos hasta la desesperación. También nobles (ya saben, tontorrones). Pero no servían ni para el llamado toreo moderno de pasapacá-pasapallá, porque, como no tenían fuerzas, pues se quedaban a medio camino. Una decepción después del buen sabor de boca que dejaron los novillos de este mismo hierro el pasado viernes. Al final les ha salido la mala "casta" Domecq que está en el mismo núcleo de su genética.
El presidente fue otro churro. Debió devolver a varios de ellos a los corrales. El segundo toro era inválido de los cuartos traseros (o lo habían invalidado) y dejarlo en la plaza fue un despropósito. Pero también debió devolver otros que no tenían las fuerzas necesarias para luchar por su vida en una plaza de primera. El cuarto mordió el albero varias veces al salir de los mantazos que Salvador Cortés de propinó antes de llevarlo ante los caballos de picar. Y desde luego no hizo nada bien concediendo las dos orejas que concedió a petición de un público vociferante.
El comportamiento de los asistentes a los tendidos dejó ver que son muy pocos los aficionados que acuden a la Maestranza. Pedir las orejas que se pidieron a Fernández y Nazaré después de dos malas faenas y sendos bajonazos es algo que sólo se puede explicar por un desconocimiento supino de lo que es la tauromaquia. El mismo desconocimiento que mostró el director de la banda de Tejera al acompañar con pasodobles los mantazos de la faena de los diestros. Y cuando, con buen criterio por una vez, paró la música el público se lo recriminó a voces. Lo que hay que ver en esta plaza...
En fin, que como el cartel de ayer era un cartel formado por una terna de matadores sevillanos, pues la corrida fue un churro por sevillanas.

miércoles, 18 de abril de 2012

TOROS



Por primera vez no se ha devuelto ningún toro en el reconocimiento ni se tuvo que remendar el cartel con ningún ejemplar del Conde de la Maza o de Montealto. Como no hubo baile de corrales, pues los ocho toros que Cuadri trajo a Sevilla se reseñaron en el cartel: seis, dos de ellos cinqueños, para la lidia y dos como sobreros. Y qué toros. Los seis que se lidiaron eran de imponente aspecto, con trapío, puros santacoloma. Hondos, cuajados, enrazados y con una leña por delante como para asustar al más pintado. Sólo el primero parecía un poco regordío; los otros cinco eran largos y altos, con cajas a las que correspondía el peso que dieron en la romana. Hemos visto en el ruedo seis toros de verdad y con distinto comportamiento: casi todos mansearon en el primer tercio, unos fueron más broncos, otros más parados, alguno fue un poco blando, todos toparon de recibo en las tablas y todos pidieron a sus lidiadores el carné de torero. Tuvieron mucho peligro y  los espadas, ninguno de ellos figuras de la primera fila y con no demasiados festejos en el coleto, tuvieron armarse de valor y hacer uso de todos los recursos de su oficio.
El comportamiento de los matadores tampoco fue uniforme: cada uno salió del trance como mejor supo y pudo. Antonio Barrera me decepcionó; parece haber perdido el sitio y la afición. Para ser éste el  único festejo en el que estaba anunciado no echó toda la carne en el asador, y aunque en el segundo de su lote pareció iniciar la faena con entusiasmo, pronto perdió los ánimos y volvió al camino que había emprendido en el que abría plaza: toreo despegado y ventajista, sin dar distancia a los toros. Quizás no es el toro que le va y prefiere los que salen en los ruedos mexicanos, con los que triunfa como solía hacerlo antaño por estos pagos. Tampoco me gustó el toreo encimista de Javier Castaño, que no dio las distancias a sus toros y que abusó del pico de la muleta. Sólo en el quinto presentó alguna vez la muleta en condiciones. Los arrimones no permiten el toreo y embarcando a los toros con el pico de la muleta siempre se vacía la embestida hacia las afueras y no hay forma de ligar. Me gustó por el contrario la actuación de Alberto Aguilar que estuvo muy firme con sus dos toros, a los que dio distancia y embarcó en varias tandas de mérito, aunque estuvo algo falto de mando. Daba miedo, por su corta estatura, verlo pasar aquellos morlacos que le llegaban a la altura de las hombreras. La mala actuación con el descabello ensombreció dos buenas actuaciones.
En fin que fue una corrida para aficionados en la que no nos aburrimos. Algo es algo.

martes, 17 de abril de 2012

POR LA BOCA MUERE EL PEZ



"La acometividad supone todo: Dureza de patas, que vayan al caballo, que vayan a la muleta, que no se rajen y que, al final, mueran peleando, es decir, buscamos toros bravos en mayúsculas". Esto es lo que dice literalmente el actual responsable del hierro del Conde de la Maza en la página web de su ganadería cuando se refiere al sistema de fijación de caracteres de sus ejemplares. Para Leopoldo Sainz de la Maza "la bravura auténtica se aprecia en el caballo", por lo que prefiere "perdonarle la vida a una becerra muy brava ante el picador aunque luego presente alguna dificultad en la muleta", mientras que no deja para madre la que hace buen juego en el último tercio si es discreta en el caballo.
Se puede leer también, en el apartado relativo al manejo de las reses, que el Conde de la Maza fue pionero a la hora de hacer correr a los toros que van a ser lidiados para fortalecer sus extremidades: "Los hacemos galopar durante dos o tres kilómetros y desde que comenzamos hace nueve años no se nos cae un toro", un criterio este de la fortaleza física que para el ganadero es también  determinante en la selección: "Además de la mala alimentación y el poco ejercicio, el error en la selección es un factor determinante, puesto que la debilidad de remos es hereditaria". Por la boca muere el pez.
De modo que como Leopoldo Sainz de la Maza estaba viendo sus toros desde el callejón de la Maestranza ("Por supuesto voy a ver lidiar todas mis corridas") y estaba tomando buena nota de su conducta en el ruedo, pues supongo que enviará al matadero todo lo que tiene en el campo o por lo menos las reatas de las que formaban parte los seis (tres de ellos cinqueños) que ayer se lidiaron en Sevilla. Porque de los seis ninguno hizo la suerte de varas en condiciones, todos mordieron el albero maestrante y se rajaron ostentosamente mostrando con nitidez su falta de casta y su mansedumbre, hasta el extremo de que el tercero se acostaba cada vez que Joselito Adame le enjaretaba dos o tres pases medio seguidos. Sería que estaba cansado de permanecer en los corrales de la plaza de la Maestranza, porque este cinqueño cárdeno de nombre Guasonero ya estuvo reseñado como sobrero en la corrida del sábado remendando la de los juanpedros de Montealto. Y es que la autoridad rechazó cuatro de los ejemplares traídos del Cortijo de Arenales, de modo que la corrida se debió remendar con éste y con otro de nombre Agujeto de la ganadería de Montealto que se reseñó como sobrero y que ya ocupó el mismo lugar en la corrida del sábado pasado. Vaya, aprovechando lo que hay en los corrales, que no está la cosa para despilfarros con esto de la crisis. La corrida estaba bien presentada, pero mansos y descastados lo eran hasta la desesperación. Lo dicho, al matadero, que a lo mejor la carne queda bien para guiso.
Los toreros hicieron lo que pudieron con semejante ganado sin clase ni codicia. Más los dos americanos que Salvador Cortés, que cada año muestra más desgana y está menos centrado. No se merece el segundo cartel en el que está anunciado. Luis Bolívar, exponiendo lo suyo, logró sacar un par de series de mérito al manso que se corrió en cuarto lugar; y Joselito Adame no quiso dejar pasar la jornada de su presentación en Sevilla sin mostrar sus virtudes y su valor. Hizo una meritoria faena al sexto que fue premiada con una oreja muy barata. Pero el público de la Maestranza ya no es lo que era, y saca los pañuelos con una facilidad insultante. Lástima que no podamos ver a estos dos toreros con otro ganado con más fuerza y mejor casta.
Lebrija, que por fin fue requerido después de muchísimo tiempo sin actuar, dio el mitin cachetero al apuntillar los dos toros de Salvador Cortés. Y la banda de Tejera volvió a mostrar que está muy mal dirigida cuando atacó sendos pasodobles en las faenas de Bolívar y Adame. Sería por la insistencia de uno del 12 que parecía estar aburrido.
En fin, que esto pinta muy mal y si quien corresponda no pone remedio, los tendidos van a estar cada día más vacíos. Que ya es decir.

domingo, 15 de abril de 2012

EMPIEZA EL BAILE



Eso es. Ya empieza el baile ganadero: aunque se llamaran Montealto, los seis de ayer eran puro juanpedro, esto es, sangre Domecq. Lo de los novillos del viernes, jandillas reformados por el tiento del ganadero de Fuente Ymbro, fue un espejismo. La ganadería madrileña envió a la Maestranza seis ejemplares mansurrones y bastante descastados, cuatro bien presentados y dos, el quinto y el sexto, anovillados que impidieron cualquier posibilidad de lucimiento de los tres jóvenes y poco placeados toreros. Eso sí, veían un caballo y corrían como una exhalación a comérselo: parece que no les gustaban esos cuadrúpedos. Menos mal que los de los alguaciles estaban en el patio de caballos a buen recaudo. Cualquiera pensaría que durante sus años de vida en la sierra madrileña los caballos les habían jugado alguna mala pasada. Porque bravos no eran, pero cuando iban al caballo apretaban de lo lindo, mientras que los del castoreño hacían con saña agujeros y más agujeros en el negro lomo. Claro que así pasaba lo que pasaba después. Entre las palizas contra los petos y la mala lidia (¿de dónde sacan estas cuadrillas?), cualquier esperanza de un buen último tercio quedaba perdida.
Ante semejantes ejemplares los matadores hicieron lo que pudieron o lo que supieron. Es decir, muy poco. En su primero, Oliva Soto consiguió enjaretar algunas series con buena colocación y ligando. Me gusta la forma en que este camero entiende y ejecuta el toreo, aunque a veces manda poco: da a los toros las distancias que precisan, conoce bien los terrenos y tiene una muñeca de esas que a veces hacen surgir la magia. Parecía que la tarde empezaba bien y hasta sonó la música. Pero la muy mala actuación de su tercero al apuntillar al toro le hizo quizás perder el trofeo que buena parte del público parecía quererle dar. Después del "espectáculo" final dado por Juan Raya, que así se llamaba el tercero, Oliva se dio una vuelta al ruedo por su cuenta.
Ese fue el punto de inflexión de la tarde. A partir de ahí todo fue hacia abajo. Antonio Nazaré mostró que aunque tiene ganas y buena voz (¡cuánto grito da mientras intenta ejecutar las suertes!) está poco placeado. Le falta de todo. No entiendo muy bien por qué este torero tiene dos tardes en el abono mientras Oliva sólo estaba anunciado en la de ayer (será que es barato). Dicen que es un torero de estilo, pero yo no se lo veo por ningún sitio. En fin, serán cosas mías.
El mexicano Diego Silveti se mostró voluntarioso pero no tuvo con qué lucirse. Eso sí, mientras intenta torear se la pasa charlando con sus adversarios. Yo creo que los aburre. En mi opinión hay cosas que debería cuidar: abusa del pico hasta el extremo. Cuando cita con la muleta armada coloca el pico en los mismos hocicos del animal, y con el pico tira del toro si éste decide seguirlo. No coloca la muleta "planchá" delante de un toro ni por equivocación, y así no hay manera de ligar en condiciones. Hasta cuando intenta torear al natural pone el pico. Se le nota demasiado y eso va a jugar en su contra si intenta ser figura del toreo (si es que quedan aficionados que sepan cómo se deben ejecutar las suertes).
Y nada más. Al final salimos aburridos de la plaza. Bueno, los de los tendidos 1 y 3 salieron aburridos y cubiertos de albero maestrante, porque el viento sopló de lo lindo, el piso estaba sin regar y a cada carrera de los toros subía una tonelada de albero a los tendidos: tendrán que llevar los ternos a lavar.

sábado, 14 de abril de 2012

YA ERA HORA



El que se corrió ayer en cuarto lugar, un ejemplar negro con buena cara y de nombre Incapaz, sembró el pánico entre los coleteros que se movían por el albero maestrante. Parecía que tenían delante una fiera corrupia, uno de esos ejemplares intratables que salían antaño de los cerrados de Zahariche, y no un novillo de poco más de tres años y pura sangre Domecq. Será por la falta de costumbre de enfrentarse con animales encastados que venden cara su vida. La novillada de Fuente Ymbro, puros jandillas, estuvo bien presentada y, sin ser un derroche de bravura, contenía la casta necesaria para hacer del toreo un espectáculo emocionante. Sólo el quinto fue lo que ahora se califica como noble; los demás tuvieron sus dificultades, unos más broncos que otros, pero todos remataron en tablas de salida y acudieron con prontitud a los caballos de picar. A algunos les atizaron de lo lindo bajo los petos, pero sólo el que se corrió en último lugar, el más blando del encierro, probó el sabor del albero. Quizás demasiada casta y dificultades para unos jóvenes que cuidan más el espejo que las artes de la lidia del toro bravo (es lo que pasa con el aprendizaje en las escuelas taurinas) y desde luego mucha más de la cuenta para algunos toreros de plata a los que los astados descubrieron todas sus debilidades. Si hubieran sido lidiados por cuadrillas experimentadas los resultados hubieran sido algo distintos.
Los novilleros anduvieron unas veces mejor y otras peor, pero en todos los casos se vieron sobrepasados por sus oponentes. Javier Jiménez demostró que no tiene todavía (y quién sabe si los tendrá alguna vez) condiciones y recursos para enfrentarse a estos ejemplares encastados. Fernando Adrían no supo qué hacer con el primero de su lote y en el segundo, un novillo con casta y nobleza que fue muy aplaudido en el arrastre, mostró que tiene ganas y buenas maneras, aunque no supo aprovechar la oportunidad que la la suerte en el sorteo le había brindado: el de Fuente Ymbro era un ejemplar de triunfo grande, de esos que sirven para marcar un hito en la carrera de un torero. Gonzalo Caballero, el más joven de la terna, debutaba con caballos en esta ocasión. Iba Gonzalo primorosamente vestido, a la manera de Manzanares, con esos enormes remates blancos que tanto gustan al de Alicante y que hacen los vestidos de torear aún más barrocos de lo que son. Una pena, porque el joven Gonzalo rodó por el albero en muchas ocasiones y sólo la  fortuna permitió que su terno nuevo no acabara hecho jirones y él mismo malherido. Gonzalo Caballero tiene mucho valor, pero poca plaza para una novillada como la de ayer. Creo que no debería haber debutado en el ciclo abrileño de la Maestranza; y si yo fuera su apoderado le habría echado una buena bronca de vuelta en el hotel: ponerse en el centro del ruedo para recibir a su segundo novillo con unas desgarbadas chicuelinas (¡qué empacho de chicuelinas!) y salir malparado del trance, es algo que no se debe hacer. O se va a recibir a portagayola, o se queda uno en el burladero. Ni tenía delante un utrero ni estaba en una plaza de pueblo. Le quedan muchas cosas por aprender, pero parece tener ganas y arrestos.

De nuevo la mayor parte de los públicos que ocupan los tendidos sevillanos pusieron la nota negativa en una buena y algo fría tarde de toros. A Gonzalo Caballero le pidieron la oreja en el primero de su lote (y la presidenta la concedió) por el único mérito de haber estado valiente y haber rodado reiteradamente por los suelos. Y a Fernando Adrián le reclamaron desaforadamente la segunda oreja en el quinto (que la presidenta, con buen criterio, no concedió), le forzaron a dar una segunda vuelta al ruedo y después pitaron a la autoridad que, en mi opinión, esta vez había cumplido bien. De modo que no sólo parecía que estábamos en una becerrada por las veces que los novilleros rodaron por los suelos, sino que la Maestranza devino en talanquera o plaza portátil de pueblo en fiestas. Además, con esos premios los jóvenes toreros creen que su actuación ha sido buena y que es así como deben desarrollar sus carreras. Y así pasa después lo que pasa en los ruedos.
En fin, que pudimos salir de la plaza contentos y hablando de toros. Ya era hora. 

lunes, 9 de abril de 2012

POBRE MAESTRANZA


Hoy se ha perpetrado en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla el enésimo acto directamente orientado a terminar con la fiesta de los toros. Y no han sido los protagonistas, de nuevo, los grupos animalistas ni los antitaurinos. Han sido los taurinos. O mejor, los que viven del espectáculo de los toros. Hoy, en una entrevista a doble página en el diario ABC de Sevilla, los responsables de la Empresa Pagés hacían algunos comentarios que demuestran que viven fuera de la realidad, o que la realidad en la que viven no tiene nada que ver con la de los aficionados a los toros. Como compensación por la ausencia de algunas figuras en los carteles afirmaban que el elenco ganadero seleccionado daría grandes alegrías a los aficionados de los que, por cierto, dicen que no han oído ninguna queja por la baja calidad del abono (¡!).


Pues muy bien. Para muestra es suficiente un botón. El ganado que el heredero de Juan Pedro Domecq Solís ha enviado hoy a la Maestranza ha sido de desecho: blandos, inválidos, descastados, mansos, bobalicones (nobles los llaman ahora), dos de ellos anovillados y el sexto me parece a mi que burriciego. Y eso después del primer baile de corrales: de las nueve reses enviadas sólo seis han sido aprobadas por los responsables de que las corridas cumplan los requisitos exigidos en una plaza de primera categoría. Cómo serían los tres descartados si por la puerta de toriles salió lo que salió. Decían los empresarios en el anuncio de la ganadería que los juanpedros (de toros pata negra los calificaron años atrás) volvían a Sevilla después de los éxitos logrados el año pasado. Pues les han engañado (¿o no?). Los toros eran una birria ganadera que sólo hubiera servido para torear en plazas de tercera categoría. Debería dar vergüenza a este ganadero traer a Sevilla lo que ha presentado esta tarde. Claro que la culpa no es sólo de ganadero y empresarios. El presidente, que hoy era Gabriel Fernández Rey, tenía que haber devuelto toda la corrida nada más ponían los pies en el ruedo, porque ninguno cumplía los requisitos: tenían tan poca fuerza que arrastraban  la panza por el albero en cuanto les enseñaban los engaños. Ninguno tomó varas como es debido (ni siquiera los ligeros picotazos en que la suerte de varas se ha convertido en estos tiempos) y llegaron a la muleta absolutamente desbaratados. Por no decir que el primero del lote de Morante de la Puebla arrastraba sospechosamente los cuartos traseros. ¿A quién defiende la llamada autoridad? Pues evidentemente a la empresa.

Pero, claro. En descargo del ganadero, que en algún lugar ha dicho que traía una corrida "muy sevillana" (a lo mejor tenía segundas intenciones porque en otra plaza no se los hubieran admitido), hay que decir que trae lo que trae porque es lo que quieren las figuras. Habría que pedir responsabilidades a los matadores o mejor a sus podertenientes: Curro Vázquez, Matilla y Simón Casas, un tándem que está haciendo todos los méritos posibles para acabar con la fiesta. No  dirán que no sabían lo que se había encerrado para Sevilla, porque sus pupilos no torean ni una vaca que no haya sido supervisada por ellos. Dirán que es lo que les piden sus poderdantes: pues peor. Alguien que se viste de luces y que se reputa de figurón del toreo debería tener la suficiente vergüenza como para no permitir que le echen semejante ganado en una plaza como Sevilla. Y si se lo echan, pues entonces debe mostrar su invalidez con el suficiente estruendo como para que el presidente del festejo no tenga más remedio que devolverlo a los corrales.

Pues ha sucedido todo lo contrario: los tres matadores, haciendo el paripé, han hecho creer que los han toreado. A Manzanares le ha salido bien y el usía le ha regalado la oreja de su primero después de ser pedida mayoritariamente por los públicos (¡pobre Maestranza!). Morante también la buscó con las mismas artes llevándose al jabonero que se corrió en cuarto lugar, que a más de inválido era manso pregonao, a los terrenos de su querencia. Compuso algunas tandas con clase y pinturería, pero aquello estaba falto de emoción porque el toreo, también el de aromas exquisitos, precisa en primer lugar de la existencia de un toro bravo. Y aquél no lo era. Daniel Luque intentó justificar su presencia en este cartel de lujo con una larguísima serie de extraordinarias verónicas muy bien rematada, llevando al morlaco toreado desde las tablas hasta los medios (tocó la música). Pero después de aquél derroche de energía el juanpedro ya no tenía nada más que ofrecer. Como todos sus hermanos de camada.
Una lástima de corrida que demuestra hasta dónde se está hundiendo la plaza de toros de Sevilla: empresarios que sólo parecen mirar la caja, ganaderos que envían todas las birrias que tienen en el campo, apoderados y toreros que exigen semejante desecho, presidentes que no cumplen con su obligación y públicos que cada vez entienden menos de lo que sucede en el ruedo. Por no hablar de la música, que atacó el pasodoble después de una tanda despegada de Manzanares a un toro que no merecía ese nombre y que la mantuvo a lo largo de toda la faena, a pesar de que con la izquierda, como siempre, el de Alicante no fue capaz de enjaretar un pase en condiciones.

De nuevo la cuadrilla de Manzanares ha brillado con luz propia en la plaza. El gran torero que es Curro Javier puso dos pares de banderillas al quinto de la tarde en los que mostró extraordinaria clase y enorme valor. Arriesgó hasta lo indecible ante un manso que arreaba para los adentros y al que había que provocar hasta el extremo para lograr la arrancada. Se llevó la gran ovación de la tarde y el respeto de los aficionados.

Hoy he tenido la suerte de compartir comentarios con ese gran aficionado que es Fernando Naranjo, autor del blog "De jabugo y oros", al que pude conocer porque la casualidad le colocó en la localidad exactamente detrás de la mía. Sus comentarios, fundamentados en un profundo conocimiento de la tauromaquia y en un inmenso amor a la fiesta, confirman el sentimiento de decepción y tristeza que nos invade a los aficionados después de una corrida como ésta.

¡Pobre Maestranza!