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domingo, 30 de abril de 2023

GINÉS MARÍN O LA AMBICIÓN TORERA

La tarde de ayer fue de altos y bajos, pero como la mayoría de los días de esta feria, fue una buena tarde de toros. Los toros de El Torero, el reservorio de la casta para los que proceden del primer juanpedro, estaban bien presentados; bonitas caras, pesos justos, y casta y bravura variable. Unos bravos, el segundo y el tercero; otros mansurrones, y en general nobles: no se comían a nadie. 

Uno de los bravos le correspondió al joven y ya experimentado torero Ginés Marín. Enjaretó unos magníficos lances a la verónica cuando recogió el toro, hizo un buen quite y realizó una brillante faena tanto con la mano derecha como por naturales. Siempre mandando, siempre templado. Los últimos, arrebatado y dominando absolutamente al astado. Mató muy bien y fue merecedor de las dos orejas que José Luque Teruel le concedió sin dudarlo demasiado. Me gusta mucho este torero.Tiene una de las mejores manos izquierda de las que hoy existen en el escalafón de matadores. Y sentido del temple. Su segundo fue uno de los mansotes y no dejó al joven matador hacer la faena que le hubiera hecho merecedor de la Puerta del Príncipe.

El otro de los bravos le cayó en suerte a Cayetano que no supo o no pudo hacerse con el toro y realizar la faena de triunfo que el juanpedro merecía. Una pena, pero Cayetano no acaba de cuajar en figura del toreo. El quinto de la tarde no fue del gusto del torero que además protestó a la presidencia por dejarlo en el ruedo: le parecía que estaba reparado de la vista y por eso no embestía bien. Además era un mansurrón descastado.

Morante de la Puebla corrió con el peor lote (en compensación por el magnífico que toreó en cuarto lugar el pasado miércoles). Venía Morante con ganas de mostrar que, no por haber hecho la gesta heroica de la anterior comparecencia, iba a relajarse. Salió a darlo todo con dos mansotes que no tenían un pase. En otros tiempo los habría pasaportado después de sendas faenas de aliño. Pero ahora lo intenta con todos y casi todos los toros le sirven para algo. Al primero le dio lances de mucha enjundia en el quite. Y en el tercer tercio lo muleteó con parsimonia y arte: pases con aromas antiguos. Naturales de frente a pies juntos que rememoraban a Chicuelo. Redondos templados y pases de pecho de cabo a rabo. Además de los remates marca de la casa. Un molinete para el recuerdo y una trincherilla de cartel de toros. En fin, el Morante que estamos disfrutando desde la pandemia para acá y que en nada recuerda al que tuvimos que sufrir tantas tardes hace años, cuando los morantistas éramos cuatro gatos. Ahora le sirve todo y lo intenta con todo.

Además iba muy bien vestido con un vestido de corte antiguo caña o canela y oro con remates negros. Bonito bordado y muy recargado de oro.

Una interesante tarde de toros.

 

viernes, 28 de abril de 2023

YA NO ES SÓLO EL SOL

En las crónicas antiguas (pero de no hace tanto tiempo) y en los comentarios entre los aficionados al salir de la plaza, se decía que algunos matadores se arrimaban a los tendidos del sol para lograr que sus faenas fueran premiadas con algún trofeo que mejorara sus estadísticas y su caché de cara a futuras negociaciones. Todavía hoy algunos críticos se fijan en lo que sucede en los tendidos 1, 2 y 3 al final de las faenas para saber si este sector, supuestamente formado por aficionados cabales, saca sus pañuelos blancos para pedir trofeos al matador. Si no los hay en abundancia piensan que el matador no es digno de trofeo.

Pues bien. En los últimos tiempos y este año de manera particular, el número de pañuelos en esos tendidos de la sombra no es señal de que realmente la faena sea merecedora de triunfos. Es lo que viene pasando esta feria en la Maestranza. El público bullicioso y bullanguero no está sólo en el sol: la sombra le disputa la primacía. Un público que, con escaso criterio, quiere salir de la plaza contando que han asistido al clamoroso triunfo de tal o cual torero. Y como los presidentes se fían, y mucho, de lo que pasa en estos tendidos que tiene más próximos, pues en general acaban sacando pañuelos a gogó y repartiendo orejas a discreción.

Eso es lo que pasó ayer en la Maestranza. Tres orejas, que realmente debieron ser dos (una y una) abrieron la Puerta del Príncipe a Tomás Rufo por segunda vez en su corta carrera y en dos años consecutivos. Gabriel Fernández Rey contribuyo con su dadivosidad a rebajar la importancia que en Sevilla ha tenido abrir la Puerta del Príncipe. Que se lo pregunten si no a los toreros más antiguos. Más de uno hubo que, con grandes faenas, no lograron abrirla ni una sola vez. El mismo Morante de la Puebla, que el miércoles la abrió con todo merecimiento, puede dar testimonio de lo que digo.

Tomás Rufo hizo dos buenas faenas a los dos mejores toros del encierro de Jandilla. La mejor al bravo tercer toro. Pero era faena de una sola oreja: toreó bien a un buen toro, pero mató regular y dos orejas es el trofeo a una faena redonda. Y esta no lo fue. Con la oreja del sexto se le abrió la Puerta del Príncipe. La segunda flojita de lo que va de feria. Tan flojita como la de Roca Rey. Y no digo que Tomás Rufo no hiciera méritos para el triunfo: es un torero con clase y temple. A pesar de su bisoñez tiene cualidades sobradas para codearse y hablar de tu a las figuras que ahora lideran el escalafón.

Manzanares y Pablo Aguado completaban una terna muy del gusto de Sevilla. Pero Manzanares no está en su mejor momento. No le vendría mal un descanso. Su primer toro era blando como todo el encierro de los jandillas, pero el alicantino no supo encontrar el sitio adecuado para hacerle la faena que el ejemplar pedía y merecía. El cuarto, aunque noble, fue menos bravo, y en éste no sólo no supo encontrar el camino de la faena, sino que tampoco mató bien, lo que sí hizo en el primero.

Aguado se topó con los dos peores ejemplares de un encierro blando, muy blando. Todos tenían bondad de sobra (lo que se llama en el argot nobleza) pero eran descastados, mansurrones. Con eso no pudo hacer nada. Qué le vamos a hacer.

miércoles, 26 de abril de 2023

MORANTE SE ENFADÓ

 En la corrida del lunes se dieron circunstancias de todo tipo. La presencia de un irregular, flojo y mansurrón encierro de Matilla (García Jiménez, Olga Jiménez); el triunfo del gran Emilio de Justo con el único toro realmente bravo de los seis; el aburrimiento de las faenas de Talavante y el enfado de Morante de la Puebla con la presidencia.

Al terminar de torear su primer toro, Morante se enfadó con el presidente, le faltó al respeto debido, y tiró su bonita y original montera al callejón con malos modos después del reglamentario saludo. El torero se enfadó con el presidente (Don Gabriel Fernández Rey) porque consideró que su faena era merecedora de una oreja que el del palco no le concedió. Pero realmente se debería haber enfadado con el público que no pidió la oreja con la fuerza que debía haber hecho: la petición no fue mayoritaria y el presidente muy estricto en el cumplimiento del reglamento. Morante hizo una buena faena para aficionados, y así lo consideró el maestro, pero las gradas de la Maestranza no están llenas de aficionados sino de un público bullicioso que no entiende en muchas ocasiones que el toreo es un arte que se produce en la conjunción entre toro y torero, y que de las características del primero condiciona la actuación del segundo. Para mi, la faena era de oreja a pesar de que la espada quedó un poco trasera. Pero...

En el cuarto Morante encontró mejor material, sin que el toro fuera nada del otro mundo, y desarrolló el toreo tanto con la capa como con la muleta. Con la montera calada, la faena de Morante tuvo rasgos de toreo grande: por detrás de la personalidad y extraordinaria de manera de concebir el toreo del de La Puebla, se podían vislumbrar a Belmente, a Chicuelo y a Antonio Bienvenida. Una faena que remató de una buena estocada. Ahora sí le fue concedida la oreja, que depositó bajo el estribo de la barrera, y dio una parsimoniosa vuelta al ruedo con la felicidad reflejada en la cara. El resultado final no fue el triunfo clamoroso, pero pudimos disfrutar de lo lindo viendo al maestro.

El toro de la corrida cayó en el lote de Emilio de Justo y la faena a este tercero de la tarde resultó inolvidable: una de las grandes faenas de las que se han visto y se verán en la feria. Un bravo toro al que se dio una merecida vuelta al ruedo. Dos orejas le cortó de Justo a este ejemplar después de una faena que fue de menos a más y que coloca a este torero entre las grandes figuras de la tauromaquia. Con un toreo largo por los dos lados, lento, templado, poderoso, Emilio de Justo confirmó que su actuación en la tarde de los victorinos no fue casualidad. Lástima que en el sexto tuviera que enfrentarse a un morlaco que no tenía un pase, porque la actuación con el tercero fue de Puerta del Príncipe.

Talavante pasó por allí. Es verdad que no tuvo el mejor lote del encierro, pero hizo un toreo vulgar y pasaba los toros con una velocidad propia de las películas de la época del cine mudo. Pegó un petardo con los aceros.

Para acabar, tengo que desdecirme de lo que escribí hace unos días de la forma de vestir de Morante. No se puede decir que su vestido de este día no fuera original, que lo era: terno naranja con bordado de hilo blanco con un diseño que se ve en algunas fotografías de la época de oro del toreo. Pero a mi me pareció muy feo.


 

jueves, 13 de abril de 2023

NADA NUEVO BAJO LA GIRALDA

  
Volvió el Domingo de Resurrección a Sevilla y todo se volvió a repetir. El domingo de la marmota: seis toros de la prolífica estirpe de los juanpedros; tres matadores de relumbrón, figuras incontestables de la tauromaquia; "No hay billetes" en las taquillas; gente guapa paseando ante la Puerta del Príncipe preocupados por que los vean, los reconozcan y los fotografíen para salir en los medios... Todo igual. Y al final del sexto, todo igual. El domingo de la marmota.
 
Como no podía ser menos, los núñezdelcuvillo, si se exceptúa el quinto, formaron parte de un fiasco ganadero. Toros de Sevilla: bajos y con la cara justa y bien colocada. Toros bonitos. Pero aunque tenían peso adecuado, la mayoría parecían novilletes regordíos. Descastados (a excepción de nuevo del quinto). Nobles (esto es, casi tontos) como se acostumbra. Flojos. Tan flojos que más de uno debió ser devuelto a los corrales (a donde sólo volvió ya muerto el cuarto porque se partió una pata). Pero eso es algo que en la Maestranza no ocurre casi nunca.
 
Así que la corrida fue un peñazo. Si exceptuamos el quinto que tuvo la suerte de tocarle a El Juli que realizó una faena memorable, muy en su estilo. Dominio, pases largos, temple... Lástima del espadazo trasero (marca de la casa). De no ser así habría sido una faena redonda. Pero a pesar de todo el presidente le concedió las dos orejas que una parte del público solicitó. De donde se deduce que este presidente, Gabriel Fernández Rey, es un blando y que los tendidos de la Maestranza estaban llenos de público y de pocos aficionados. También en esto fue el domingo de la marmota.
 
Morante de la Puebla y Roca Rey no pudieron hacer nada con lo que les cayó en suerte. Pero la culpa la tienen ellos. ¿O no tienen veedores que les ven los toros para estas ocasiones tan especiales? ¿O no quieren estos toritos nobles y bonitos para asegurarse el éxito ante públicos poco exigentes? Pues que no se quejen.
 
Eso sí, Morante iba hecho un pincel. No se puede vestir con más torería. Va a pasar con Morante lo que pasaba con el gran Curro. Sólo verlo hacer el paseíllo ya justificaba la entrada. Pues a Morante sólo con ver cómo va vestido ya se justifica.
 
Los responsables del ruedo deberían cuidar que los areneros pinten bien las rayas: cada año las pintan peor.
 


lunes, 24 de septiembre de 2012

SEVILLA Y MANZANARES, MANZANARES Y SEVILLA


Cuando José María Manzanares terminó su vuelta al ruedo después de dar muerte al quinto de la tarde, se fundió en un abrazo interminable con José María Manzanares. Padre e hijo eran conscientes de que en esa tarde el más joven había alcanzado la gloria del toreo: puede haber otras plazas de toros y otras aficiones, pero el torero que es capaz de llevar al éxtasis (o al extásis, como diría Paula) a la afición de Sevilla, alcanza la gloria del toreo. Y eso es lo que el joven Manzanares logró ayer en la Maestranza. A partir de ahora no ocupa Morante el primer lugar en las pasiones taurinas de Sevilla: lo que su padre, también adoptado por la afición maestrante, no consiguió nunca (desplazar a Curro) lo ha logrado el hijo. Eso deberían pensar los dos mientras se fundieron en el interminable abrazo.

No se puede torear más despacio y con más temple. El joven Manzanares dejó sobre el albero una obra maestra del arte de la tauromaquia. Una obra efímera que quedará grabada en la memoria de los que pudimos contemplarla (y también en youtube para los que no estuvieron allí pero, claro, no es lo mismo). Venía Manzanares dispuesto a triunfar a toda costa, y lo consiguió. Desde las verónicas a pies juntos o con el compás abierto y la excelsa media abelmontada con que terminó de recibir a su primero tras la larga a portagayola (esta vez sí que tuvo criterio la música) hasta los redondos interminables y lentísimos que ejecutó en el quinto. Tiene Manzanares  tal poder y tal temple con la derecha que en la faena al primero se llevó un tantarantán por haberse rebozado con el toro hasta el extremo de que cuando terminó el pase tenía los pitones del núñezdelcuvillo en la espalda. Para terminar de poner Sevilla a sus pies sólo le falta mejorar su torero al natural y completar su repertorio con unos kikirikí o unos pases de la firma para culminar las series con la izquierda (que se haga con todo lo que haya grabado de Curro, o que le pida al Maestro que le enseñe cómo se hace tentando unas becerras).

Después de ver a Manzanares, Talavante ha quedado como un torero voluntarioso pero vulgar. Y eso que aceptó el reto y trató  de competir y de estar a la altura. Si Manzanares se fue a portagayola en su primero, Talavante lo hizo en el segundo (dice el extremeño que por primera vez en su ya larga trayectoria torera). Talavante tiene valor, pero su toreo es frío (para los gustos de Sevilla, claro) y carece del don del temple. Sus faenas fueron aceleradas y los lances casi siempre acababan con las telas enganchadas. Al sexto, un núñezdelcuvillo que no era un carretón, vaya que no tenía la nobleza marca de la casa y presentaba dificultades y cierto peligro, no supo o no quiso verlo ni le dio las distancias adecuadas, y lo pasaportó con una faena voluntariosa pero bastante insulsa.

Así que Manzanares le mojó la oreja a Talavante en el mano a mano, del mismo modo que Núñez del Cuvillo le mojó la oreja a Juan Pedro Domecq. No es que los núñezdelcuvillo fueran un dechado de virtudes, pero superaron a los flojos juanpedros que, aunque esta vez parecían bien escogidos, demostraron que esa ganadería tiene un problema serio en sus reatas.

Además de ver torear a Manzanares como lo harían los mismísimos ángeles (si es que los ángeles torean), hemos visto un magnífico tercio de banderillas a cargo de su magistral cuadrilla. Una lección torera de cómo se hace la brega de un toro.

En fin, que al menos hemos terminado el abono con dos alegrías. Una porque hemos podido deleitarnos con el toreo de verdad (no todo lo importante ocurre en Nimes), y por otra porque Luis Blázquez sólo salió con contusiones después de una cogida que hizo temer la tragedia.

¡Ya era hora!


viernes, 27 de abril de 2012

ALGO DE ESPERANZA Y UNA SARDINA



Eso era el cuarto toro de la tarde, una sardina con patas. Patas largas, cuerpo escuálido y carita de niño. Un bodrio de toro, como todos los demás que salieron al ruedo. Mansurrones (buscaban desesperadamente la puerta por donde habían llegado) blandos, descastados y tontorrones. Perdón, muy nobles. Seguimos con las mismas. ¡Qué mala suerte tiene Morante! Siete toros y ninguno ha salido bueno. Que si uno hacía no sé qué, que si el otro no se entregaba, que si el de más allá tiraba un gañafoncito por la izquierda y así no hay forma... Mala suerte. Con el cuidado que ponen los suyos en buscar el ganado para el maestro y nada. Pues a despedirlos a todos, incluido el apoderado. Y para la próxima que exija que le anuncien con toros de verdad. Verá como entonces sí puede mostrar todo lo que lleva dentro ¿O no? Porque dos medias (eso sí, de cartel de toros), unas chicuelinas, una tanda por la derecha y algunas trincherillas salerosas no sirven para justificar el día. Y sí dejaron ver con claridad que el de La Puebla está espeso y reservón. Aguanta las broncas con estoicismo, y a otra cosa. Ya lo decía: seguramente la afición sevillana no le va a permitir mucho más, porque Morante no es Curro. Ni siquiera en las broncas. ¿Quién no recuerda las broncas al camero en la Maestranza? Eran tan apoteósicas como sus triunfos. Las broncas a Morante son medianitas. Ni siquiera la lluvia de almohadillas en la despedida (que no estoy defendiendo, desde luego) son como aquellos diluvios que soportaba Curro en su camino hacia la puerta del patio de caballos. Así que como no es Curro, a lo mejor los aficionados se olvidan de él.
La esperanza la puso el nuevo matador de toros, el madrileño López Simón, que sorprendió con su decisión, su arrojo y sus maneras ante el único toro decente (que no bueno) de la tarde y que casualmente estaba reseñado de sobrero. Su decisión y arrojo le valieron la oreja y una cornada cuando se tiró a matar con todas las fuerzas de su alma. Cuando lime algunas asperezas y purifique su tauromaquia quizás tengamos un buen torero.
Eso fue todo en una tarde con tantas esperanzas, porque Manzanares vivió de la renta ante un ganado imposible y llevó la lentitud de su faena hasta la desesperación en el quinto de la tarde. Es que claro, además de que su tauromaquia está marcada por la despaciosidad, a estos toros enfermizos hay que dejarles mucho tiempo entre tanda y tanda, y a veces entre pase y pase, para que se recuperen y medio acudan la engaño.
Una penita de ganado del glorificado Núñez del Cuvillo. Como casi todo lo que ha salido, exceptuando lo de Cuadri y lo de Victorino Martín. Si estas mismas ganaderías sacan ganado bueno en otras plazas, tendremos que dar crédito a quienes dicen que el problema no es sólo del declive de la cabaña brava, sino que los ganaderos envían a cada plaza ejemplares de calidad proporcional a lo que las empresas pagan por ellos. Entonces, lo que sale en la Maestranza es de saldo.

domingo, 22 de abril de 2012

OTRA VEZ SERÁ



Estas fueron las palabras resignadas de un aficionado que ayer ocupó el asiento de detrás. Morantista confeso, admitió que el de La Puebla dio un petardo, aunque para él como para otros admiradores de su toreo (entre los que me cuento) ver a Morante ejecutar una verónica como las dos o tres que ayer nos brindó, con los pies plantados, el capotito recogido y el mentón pegado al nudo de la pañoleta, ya justifican una corrida. Pero no deja de ser una pobre justificación asociada al reconocimiento del fracaso. Porque lo de Morante fue un fracaso en toda regla, como todo lo que sucedió ayer en la plaza de toros de Sevilla. Un fracaso superlativo. Otro más.
Cuando llego cada día a la plaza de los toros, antes de enfilar el túnel al que se accede por la puerta 15, me acerco a mirar el acta del reconocimiento de los toros que ofrece información sobre el ganado que no aparece en el escueto programa de mano que entrega la Empresa. Por ejemplo, cuántos ejemplares han sido devueltos en el reconocimiento y las causas. Y lo de ayer fue significativo: hasta siete ejemplares de Garcigrande-Domingo Hernández  fueron devueltos por falta de trapío por un equipo de presidente y veterinarios que no se caracteriza precisamente por la exigencia con el ganado, según se demuestra cada día. Cómo serían esos devueltos si lo que salió por toriles era impresentable. Trapío impresentable, flojedad absoluta, mansos y completamente ayunos de casta brava. Qué quieren que les diga, otro triste ejemplo del encaste (es un decir) juanpedro. Como Juan Pedro Domecq Solis llenó la cabaña brava con el resultado de sus alquimias pues ahora no hay manera de ver una corrida de toros en condiciones. Es desesperante ver cómo cada día aparece el mismo ganado borreguil y blandengue por la puerta de chiqueros, llámese como se llame la ganadería de procedencia.
Así el aburrimiento y la desesperación se está apoderando de los tendidos y al final van a salir ganando los que ayer desde el Paseo Colón atronaron con sus voces y silbatos las faenas que se ejecutaban en el ruedo maestrante. Pero no porque impongan su criterio animalista y antitaurino, sino porque los taurinos van a aburrir a los que acuden a las plazas de toros. Porque no me digan que Curro Vázquez no conocía lo que su pupilo iba a torear o que los veedores de la Empresa Pagés no habían aprobado el ganado cuando en el invierno andaban preparando los carteles para el ciclo abrileño.
Pues nada, eso fue todo. Un fracaso de los tres espadas, cada uno con su estilo. Fundi, demasiado reservón para la conducta a la que nos tiene acostumbrados; Morante desganado y sin recursos para afrontar ese infame ganado (que se lo piense, porque no es Curro) y Castella con su valor pero sin temple alguno y cansino hasta la desesperación, sobre todo en el sexto de la tarde que le tocó los engaños en casi todas las tandas que intentó. Ya digo, un petardo.
Y el maestro Tristán volvió a meter la pata hasta el mismísimo corvejón y provocó una bronca en los tendidos cuando inició, sin ton ni son, un pasodoble en un momento en que Fundi no daba pie con bola en el segundo de su lote. En una entrevista que concedió al diario ABC hace unos días, se mostraba ufano de que en la Maestranza la música suena cuando el director lo decide, pero está haciendo todos los méritos para que le sea retirada esa facultad: sus antepasados lo hicieron con criterio, pero él no lo tiene.

lunes, 9 de abril de 2012

POBRE MAESTRANZA


Hoy se ha perpetrado en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla el enésimo acto directamente orientado a terminar con la fiesta de los toros. Y no han sido los protagonistas, de nuevo, los grupos animalistas ni los antitaurinos. Han sido los taurinos. O mejor, los que viven del espectáculo de los toros. Hoy, en una entrevista a doble página en el diario ABC de Sevilla, los responsables de la Empresa Pagés hacían algunos comentarios que demuestran que viven fuera de la realidad, o que la realidad en la que viven no tiene nada que ver con la de los aficionados a los toros. Como compensación por la ausencia de algunas figuras en los carteles afirmaban que el elenco ganadero seleccionado daría grandes alegrías a los aficionados de los que, por cierto, dicen que no han oído ninguna queja por la baja calidad del abono (¡!).


Pues muy bien. Para muestra es suficiente un botón. El ganado que el heredero de Juan Pedro Domecq Solís ha enviado hoy a la Maestranza ha sido de desecho: blandos, inválidos, descastados, mansos, bobalicones (nobles los llaman ahora), dos de ellos anovillados y el sexto me parece a mi que burriciego. Y eso después del primer baile de corrales: de las nueve reses enviadas sólo seis han sido aprobadas por los responsables de que las corridas cumplan los requisitos exigidos en una plaza de primera categoría. Cómo serían los tres descartados si por la puerta de toriles salió lo que salió. Decían los empresarios en el anuncio de la ganadería que los juanpedros (de toros pata negra los calificaron años atrás) volvían a Sevilla después de los éxitos logrados el año pasado. Pues les han engañado (¿o no?). Los toros eran una birria ganadera que sólo hubiera servido para torear en plazas de tercera categoría. Debería dar vergüenza a este ganadero traer a Sevilla lo que ha presentado esta tarde. Claro que la culpa no es sólo de ganadero y empresarios. El presidente, que hoy era Gabriel Fernández Rey, tenía que haber devuelto toda la corrida nada más ponían los pies en el ruedo, porque ninguno cumplía los requisitos: tenían tan poca fuerza que arrastraban  la panza por el albero en cuanto les enseñaban los engaños. Ninguno tomó varas como es debido (ni siquiera los ligeros picotazos en que la suerte de varas se ha convertido en estos tiempos) y llegaron a la muleta absolutamente desbaratados. Por no decir que el primero del lote de Morante de la Puebla arrastraba sospechosamente los cuartos traseros. ¿A quién defiende la llamada autoridad? Pues evidentemente a la empresa.

Pero, claro. En descargo del ganadero, que en algún lugar ha dicho que traía una corrida "muy sevillana" (a lo mejor tenía segundas intenciones porque en otra plaza no se los hubieran admitido), hay que decir que trae lo que trae porque es lo que quieren las figuras. Habría que pedir responsabilidades a los matadores o mejor a sus podertenientes: Curro Vázquez, Matilla y Simón Casas, un tándem que está haciendo todos los méritos posibles para acabar con la fiesta. No  dirán que no sabían lo que se había encerrado para Sevilla, porque sus pupilos no torean ni una vaca que no haya sido supervisada por ellos. Dirán que es lo que les piden sus poderdantes: pues peor. Alguien que se viste de luces y que se reputa de figurón del toreo debería tener la suficiente vergüenza como para no permitir que le echen semejante ganado en una plaza como Sevilla. Y si se lo echan, pues entonces debe mostrar su invalidez con el suficiente estruendo como para que el presidente del festejo no tenga más remedio que devolverlo a los corrales.

Pues ha sucedido todo lo contrario: los tres matadores, haciendo el paripé, han hecho creer que los han toreado. A Manzanares le ha salido bien y el usía le ha regalado la oreja de su primero después de ser pedida mayoritariamente por los públicos (¡pobre Maestranza!). Morante también la buscó con las mismas artes llevándose al jabonero que se corrió en cuarto lugar, que a más de inválido era manso pregonao, a los terrenos de su querencia. Compuso algunas tandas con clase y pinturería, pero aquello estaba falto de emoción porque el toreo, también el de aromas exquisitos, precisa en primer lugar de la existencia de un toro bravo. Y aquél no lo era. Daniel Luque intentó justificar su presencia en este cartel de lujo con una larguísima serie de extraordinarias verónicas muy bien rematada, llevando al morlaco toreado desde las tablas hasta los medios (tocó la música). Pero después de aquél derroche de energía el juanpedro ya no tenía nada más que ofrecer. Como todos sus hermanos de camada.
Una lástima de corrida que demuestra hasta dónde se está hundiendo la plaza de toros de Sevilla: empresarios que sólo parecen mirar la caja, ganaderos que envían todas las birrias que tienen en el campo, apoderados y toreros que exigen semejante desecho, presidentes que no cumplen con su obligación y públicos que cada vez entienden menos de lo que sucede en el ruedo. Por no hablar de la música, que atacó el pasodoble después de una tanda despegada de Manzanares a un toro que no merecía ese nombre y que la mantuvo a lo largo de toda la faena, a pesar de que con la izquierda, como siempre, el de Alicante no fue capaz de enjaretar un pase en condiciones.

De nuevo la cuadrilla de Manzanares ha brillado con luz propia en la plaza. El gran torero que es Curro Javier puso dos pares de banderillas al quinto de la tarde en los que mostró extraordinaria clase y enorme valor. Arriesgó hasta lo indecible ante un manso que arreaba para los adentros y al que había que provocar hasta el extremo para lograr la arrancada. Se llevó la gran ovación de la tarde y el respeto de los aficionados.

Hoy he tenido la suerte de compartir comentarios con ese gran aficionado que es Fernando Naranjo, autor del blog "De jabugo y oros", al que pude conocer porque la casualidad le colocó en la localidad exactamente detrás de la mía. Sus comentarios, fundamentados en un profundo conocimiento de la tauromaquia y en un inmenso amor a la fiesta, confirman el sentimiento de decepción y tristeza que nos invade a los aficionados después de una corrida como ésta.

¡Pobre Maestranza!


viernes, 6 de mayo de 2011

TRES EN UNA



Tres festejos y muy poquito que decir. Muy poquito. Todo se podría resumir en algo así como "más de lo mismo". Tres festejos con toros que parecen fotocopiados: es lo que tiene el monoencaste. Sólo el quinto del encierro del martes se salió un poco de la tónica general. Un toro con caja y con sus kilos pero no gordo, con trapío y con casta que El Cid se dejó crudo. El toro era de triunfo, pero El Cid ya no parece tener condiciones morales para tratar con algo así. Le faltó reposo y seguridad, no lo vio en ningún momento. O no quiso verlo. El Cid sólo asentó las zapatillas en su primer toro del viernes: consiguió una oreja que supo a poco dado lo que se espera de él en esta plaza, porque en el cuarto volvió a dar el petardo. Y eso que de los cuatro toros con los que se las vio el único que tenía algo de mordiente fue aquel burraco de El Pilar. Un fiasco y una desilusión.
En esa mala corrida de El Pilar sólo vimos las ganas y las buenas maneras de Esaú Fernández, un joven torero de Camas que me ha sorprendido. La verdad es que después de verlo en las novilladas del verano pasado tuve la impresión de que estaba demasiado verde para tomar la alternativa. Pero mostró serenidad, técnica y valor. Y mucho gusto manejando los trastos. También mató con soltura. Si lo llevan bien creo que puede convertirse en un buen torero. Esperemos que no se atore en su primer año y retroceda todo lo que ha avanzado, porque es muy joven y tiene muchas ganas. Dos orejas al esportón que no son mal comienzo para una carrera y que nos quitó el mal sabor de boca que en aquella corrida nos dejaron Morante, El Cid y los toros.
Lo de Fuente Ymbro que se toreó el miércoles fue para olvidar. Una muy mala corrida: mansa, descastada, floja hasta la desesperación. Parte del público pidió (también) la devolución del último toro, pero en el 11 se suplicaba por primera vez que el presidente no hiciera caso: estábamos tan aburridos que lo que queríamos era salir cuanto antes de la plaza. El ganadero ha llegado a la cima: ha logrado toros absolutamente bobalicones y descastados. Ya tiene lo que quería. Ahora, a matarlo todo y a dedicarse a la cría de retinto que tiene mejor precio en las plazas de abasto. Los matadores también tienen lo que querían y por eso pasaron sin pena ni gloria. Sólo Tejela intentó hacer algo con sus enemigos, pero fue un esfuerzo inútil. Perera sigue en sus trece. No acaba de salir del hoyo en el que cayó el año pasado. Y Talavante aburre a las moscas.
La corrida de ayer pareció comenzar con otro son, pero acabó en lo mismo. Las ganas de El Cid en el primero dejaron algunas buenas series con la derecha, pero con la izquierda siguió mal colocado y así no se puede. Los tres matadores dieron una lección de cómo se dobla la cintura para citar por naturales: hay que doblarla mucho para colocar la muleta en el pitón contrario pero poner los pies absolutamente fuera de cacho. En eso Cayetano se mostró como un maestro. Este joven debería dejarlo y dedicarse al modelaje: seguro que ahí tiene más futuro. Se le nota que ha trabajado mucho delante del espejo, porque posturas sí que pone: ahora recuerda a su padre, ahora recuerda a su abuelo. Pero a ninguno de los dos se parece cuando tiene un toro delante, aunque el astado sea un bobalicón de esos que le selecciona su pariente y apoderado. Y además ha pasado al populismo más descarado. Su último toro en Sevilla, un manso de solemnidad como todos los jandillas de Jaén, lo trapeó entre el 10 y el 12 después de quitarse ostentosamente las zapatillas, no sabe uno muy bien por qué ni para qué. Sería un consejo de su hermano que estuvo asesorándole detrás de las tablas durante toda la faena. La solanera agradecida (no sólo las mujeres, que más de una vez le piropearon) y parte de la sombra incluso llegó a pedir la oreja. Será por lo de las zapatillas o porque es muy guapo, o yo qué sé. El caso es que el presidente esta vez tuvo criterio y no se la dio. Pero a instancias de su cuadrilla se marcó una vuelta al ruedo muy compuesta y salerosa en la que las féminas pudieron verle de cerca, tirarle toda clase de prendas y piropearle a voluntad.
Daniel Luque estuvo esta vez menos apático que en su anterior corrida y también fue injustamente recompensado con una oreja por su tesonera faena al manso que cerró la corrida. Cosas de esta plaza de toros en la que ya no sé si el que está equivocado soy yo: la música atacó un pasodoble cuando el de Gerena iba a recoger el estoque para acabar de una buena estocada con su oponente. Cosas para ver y para olvidar.
Y hoy jandillas de verdad. Eso es, más de lo mismo.

domingo, 1 de mayo de 2011

POBRE MAESTRANZA



Después de la soporífera preferia que hemos padecido, el viernes y el sábado, cuando empezó el ciclo de lujo caracterizado por el dominio del encaste Domecq, dio comienzo también el festivalismo triunfante. Dos días, dos triunfos. Dos corridas de figuras en el cartel, de gente guapa en los tendidos y de toros artistas. Dos días en que se abrió la Puerta del Príncipe (dice Antonio que, si la cosa sigue a este ritmo, los maestrantes van a tener que hacer acopio de aceite para engrasar los goznes) y se hizo historia: se indultó un toro. Les aseguro que no tengo memoria de cuándo se produjo un hecho semejante en la Maestranza. Los más viejos de los que se sientan en el 11 dicen que hace muchos, muchos años se indultó un novillo (cómo sería el animal). Pero nada más. Un toro, nunca. Dos días también en los que, por fin, vimos torear. Lo que no es poca cosa.
Esto de los indultos se ha puesto de moda. Dicen que es para impulsar la fiesta en tiempo de tribulaciones, aunque no estoy tan seguro de que  esta práctica sirva realmente para ese fin. El viernes al llegar al tendido comenté con Paco y con Javier que, con un poco de suerte, veríamos indultar a un toro: Juli lleva dos garcigrandes indultados en lo que va de temporada, y no sería extraño que sucediera lo mismo en la Maestranza (digo yo que si tendrá Julián López intereses accionariales en esa ganadería). No fue ese día, sino al siguiente. No fue Juli, sino Manzanares. Y no fue un garcigrande sino un nuñezdelcuvillo. Dicen que la tauromaquia es un ejemplo singular de espectáculo democrático: es el público el que manda. Y un buen número de espectadores sacó ayer el pañuelo blanco pidiendo el indulto para Arrojado: resultado, que el presidente sacó un pañuelo naranja y el beneficiado animal volvió a los chiqueros entre el clamor popular. Resulta interesante comprobar cómo cuando habiendo el mismo clamor en los tendidos protestando por la poca fuerza o trapío de un toro, el presidente se hace el sueco y deja seguir la lidia: ¿Será que en esos casos la democracia no vale y es sustituida por el despotismo (¿ilustrado?) del presidente y sus asesores? Un misterio.
Yo lo siento, pero creo que ayer el presidente no ayudó para nada al prestigio ni al porvenir de la tauromaquia: se equivocó. Arrojado no es un toro de indulto. En eso coincidimos casi todos los que ocupamos ese sector del 11 en el que se junta un buen número de aficionados (casi todos menos José Luis, que defendió la actitud de Manzanares y del usía). Fue un toro encastado y noble, claro que sí. Lo que sucede es que llevamos muchas corridas seguidas sin ver un toro con esas características y lo que debería ser normal se ha convertido en extraordinario. Para lograr el indulto un toro tiene que ser excepcional. No basta con que tenga algo de casta; además tiene que ser bravo. Muy bravo. Al indultarlo podrá padrear y garantizar la continuidad de la buena ganadería de lidia. Y lo que hizo Arrojado en el ruedo maestrante no fue precisamente lo que hace un toro bravo. Para ser indultado un toro debería entrar tres veces al caballo, desde lejos, con codicia, apretando con la cara abajo, sin cabecear y sin salirse de la suerte. Y nada de eso lo hizo este nuñezdelcuvillo. Lo que hizo fue señal de todo lo contrario. Además, en el tercio de banderillas se fue a la querencia y tuvo que ser banderilleado al revés, con el riesgo que eso supone para los toreros. Y Manzanares tuvo desarrollar el tercer tercio de la lidia en terrenos del sol, cada vez más cerca de la puerta de toriles, en donde el toro quería estar. ¿Es todo eso síntoma de bravura incontestable? Como decían unos madrileños del 9 que habían venido expresamente a ver la corrida, una vez devuelto a El Grullo el ganadero no debería ponerlo a padrear: no es toro para eso. Hemos visto en Sevilla muchos toros más bravos que este y ninguno ha merecido la gracia del indulto.
En mi opinión la Maestranza ha bajado de categoría con la decisión del presidente. Un presidente que no se ha caracterizado por las buenas acciones: parece que no sabe de esto. Con su actitud el presidente ha contribuido a que la Maestranza se convierta en una plaza festivalera y triunfalista en la que todo vale. Al fin, cuando llegan estos días los tendidos se llenan de públicos elegantes y de gentes que no quieren decir que han gastado un dineral en una entrada para salir con una decepción. Públicos que no tienen mucho criterio a la hora de aplaudir o de pedir triunfos o de indultar un toro. Sólo una muestra: el viernes se aplaudió en el arrastre a casi todos los garcigrandes, unos animalejos mansos y descastados. Ver para creer.
Tampoco los presidentes están haciendo mucho por el histórico ruedo sevillano. El viernes presidía Anabel Moreno y se empeñó en sacar a Julián López por la Puerta del Príncipe (como no lo consiguió el Domingo de Resurrección...). Y ayer Julián Salguero, además del indulto, regaló a Manzanares el segundo apéndice de su segundo toro. Contribuyen con esta actitud a hacer de la Maestranza una plaza triunfalista y sin valor. Una plaza de segunda.
No quiero decir con esto que Juli y Manzanares no hayan tenido mérito en sus actuaciones. Ayer Manzanares consiguió emocionarme en su noble primer toro. Lo entendió a la perfección y supo llevar su pastueña embestida con un temple inigualable: qué lentitud, qué ligazón. Puso a la plaza en pie y se ganó las dos orejas en ese toro. Hacía mucho tiempo que no veíamos algo semejante. Manzanares se ha convertido en un gran torero. Pero bajó muchos puntos con su concesión a la galería al negarse a matar a Arrojado, una actitud que sólo tiene una explicación: evitar el riesgo de entrar a matar. Sabía el torero que tenía las dos orejas en la mano y le pusieron en bandeja la posibilidad de no arriesgar el triunfo con un desafortunado espadazo. En el segundo volvió a intentarlo, pero ni el toro era igual ni la actitud del matador la misma: enjaretó muy buenas tandas con la derecha, pero con la izquierda casi no quiso verlo. Se colocó descaradamente fuera de cacho en la única serie de naturales que instrumentó. Y además la tan valorada estocada a ese segundo estuvo caída. Lo vimos muy bien desde el 11. De modo que con la complacencia del presidente se llevó un apéndice de más. Merecida Puerta del Príncipe de todos modos.
Sin embargo creo que el triunfo de Juli el día anterior fue excesivo. Ya he comentado que los garcigrandes fueron muy descastados y absolutamente tontorrones. Toros de esos de pasa p'acá, pasa p'allá. Pero sin casta ni mordiente ni nada de nada. Un claro ejemplo de esos toros artistas que tanto gustan a los toreros. Juli demostró que es un grandísimo y poderoso torero. Su primero andaba despistado correteando por el ruedo y logró fijarlo en el mismo centro de la plaza con un solo muletazo. Después le instrumentó una faena marca de la casa, con mucho mando y temple, pero sin emoción ninguna. Aquello no tenía mordiente, porque no había un toro encastado. De modo que una oreja hubiera sido premio adecuado. De la tercera oreja no quiero ni hablar: no se puede dar un trofeo a una faena sin enjundia y después de un pinchazo. Pero Anabel Moreno quería sacar a su torero por la Puerta del Príncipe y lo consiguió.
Para terminar. Creo que Ponce no debería vestirse de torero para dar espectáculos como el que dio el viernes: es una figura histórica de la tauromaquia y no se debe ir arrastrando así por las plazas. Cayetano sigue demostrando que se viste bien y que torea de salón con primor, pero torero no es. Y Aparicio debe tener un enchufe tremendo con la casa Pagés, porque de lo contrario no se explica que siga en los carteles año tras año.
Morante demostró ayer de nuevo que es de otra galaxia. A su manera pero de otra galaxia. Las verónicas que dió al primer nuñezdelcuvillo y la media con que remató sólo las puede instrumentar un torero con el sentido del temple y del arte que él tiene. Y en la media esta vez no se enmendó. Bien por la música. 

lunes, 25 de abril de 2011

TOROS DE LUTO


Los toros de Daniel Ruiz llevaban ayer la divisa negra en señal de duelo por la muerte del ganadero Juan Pedro Domecq. Y también se puso de luto el cielo sobre la Maestranza cuando los integrantes del paseíllo pararon para guardar el minuto de respetuoso silencio en homenaje al malogrado ganadero y a Pepín Martín Vázquez, fallecido el pasado febrero. Después esa nube negra comenzó a descargar agua de forma inmisericorde sobre el ruedo maestrante durante la lidia de los dos primeros toros. Con lo guapo que iba el público ayer a los toros: daba pena ver descomponerse los peinados de las señoras o las chaquetas de los endomingados caballeros empapadas por la tormenta. Una pena. Para una vez que se va a los toros con cartel de tanto fuste y tener que bajar los tendidos a todo correr a refugiarse en las galerías hasta que el aguacero cesase.

Claro que después esos mismos públicos se desquitaron y pidieron desaforadamente las dos orejas para Julián López en el quinto de la tarde. Que no iba uno a venir a la Maestranza un Domingo de Resurrección con todas las galas, sólo para contar después que se había puesto chorreando con la llantina que el cielo descargó en señal de luto. Ya que uno se ha gastado un dinero en la entrada (la plaza de bote en bote, como corresponde) y se ha puesto el terno hecho una pena, por lo menos había que presenciar un triunfo inenarrable del gran Juli. Pero lo más increíble fue que la Señora Presidenta, que estaba a buen resguardo en su palquillo y que no había pagado entrada, secundase la petición. Dos orejas de regalo al esportón para una faena vulgarcita en la que sólo una tanda por la derecha mereció la pena, aunque los de Tejera volvieran por sus fueros y atacaran el pasodoble cuando desde el 12 se oyó por primera vez "Músicaaa!". Con lo bien que tocan y lo mal dirigidos que están: esta banda está perdiendo los papeles año tras año.

Es verdad que Julián López logró que el animalejo de Daniel Ruiz siguiera la muleta, a trompicones, pero la siguió. Es que Juli es muy listo y tiene muchas tablas y no estaba dispuesto a vivir otro petardo como el del pasado San Miguel. Tan listo es y tantas "tablas" tiene que los públicos aplaudieron al descastado animal en el arrastre. Realmente Julián López, que sabía lo que tenía delante, toreó para la galería: mucha voluntad, mucho gesto, mucho teatro, pero casi siempre al hilo de los pitones, sin cruzarse. Además mató saliéndose de la suerte. Lo que nos queda que ver en esta Maestranza...

Porque el animal aplaudido era descastado y flojito, como todos sus hermanos. Qué fiasco de corrida: como la del año pasado, claro, cuando también abrieron el abono estos birriosos toros de Daniel Ruiz que debe tener un acuerdo con los veedores de la empresa y con los apoderados de los figurones del toreo que ayer compusieron el cartel. Yo hablaría con la jueza Alaya, porque éste debe ser un caso claro de tráfico de influencias. Es lo que tienen los "toros artistas" que inventó el malogrado ganadero, en un símil con el concepto de "torero artista". Claro que un torero artista, si tiene la suerte de dar con un toro boyante y encastado, puede hacer una faena que quede en los anales de la tauromaquia. Pero un toro artista sólo dará un espectáculo si tiene delante a un artista de torero que, como Juli ayer, haga creer a los públicos que sucede en el ruedo lo que realmente no sucede. El arte del similiquitruqui, vaya. Los jandillas de ayer eran eso: toros artistas para el similiquitruqui. Descastados y flojos o lisiados. Sólo el tercero, un buey de 600 kg que era tan inválido como regordío y que no podía mantenerse en pie, fue devuelto. Pero también debería la usía haber devuelto el segundo: sólo se libró porque cuando salió estaba el aguacero en todo su apogeo. Por no hablar del cuarto de la tarde: un novillete (con más trapío se han toreado novillos en esta plaza) al que Morante no quiso ver, ni falta que hacía.

De lo demás, poco se puede decir. Como casi todos los aficionados, el excelentísimo Rafael Valencia, reciente académico de la de Buenas Letras y buen conocedor, veía pasar los toros con una cara de aburrimiento digna de mejor causa. Claro que al menos tuvo la ventaja de no mojarse. Manzanares, con más voluntad que confianza, enjaretó una serie con la derecha en cada uno de los suyos. Pero con la izquierda no quiso ni verlos: citó fuera de cacho y como sus toros artistas no iban por dónde el quería (porque claro al toro hay que llevarlo toreado y no dejarlo pasar de aquí para allá y de allá para aquí) pues desistió y vuelta a los trapazos con la derecha. Una decepción.

Eso sí. Morante, que ayer no iba ni bien vestido, hizo un quite al tercero de esos que valen toda una corrida: dos verónicas de ensueño. Remató con media muy lenta que hizo las delicias de públicos y aficionados aunque, de verdad de verdad, en ese lance se alivió y echó la "pata" para detrás. Pero quién se fija en esas cosas un Domingo de Resurrección en la Maestranza...

domingo, 18 de abril de 2010

LA MÚSICA HA PERDIDO LOS PAPELES


Decía José Luis, compañero de alegrías y desolaciones taurinas que se sienta en la fila de detrás, que este comentario debería titularse "Cosas de Morante". Creo que para reflejar lo que el maestro de la Puebla del Río (no) ha hecho hoy en la Maestranza, cuando todos esperábamos que diera réplica a la lección de tauromaquia que ayer nos brindó Don Julián López. Pero ahora que me pongo a recordar lo que ha sucedido esta tarde en el ruedo (cuando realmente lo que debería hacer es olvidarlo), me parece que lo más relevante ha sido la (mala) actuación de la banda de música, por lo que me parece que se ha ganado a pulso el honor de titular la entradilla. No porque tocaran mal, que sonar suenan como los ángeles y desde mi asiento se oye magníficamente (si no fuera por la música hay dias que lo más saludable sería salir corriendo de la plaza), sino por lo inoportuna que ha sido.
Resulta que en esta plaza la banda de música, además de acompañar el paseillo de los toreros y de amenizar los espacios entre toro y toro, sirve para resaltar y acompañar las faenas de los matadores cuando éstas son de notable mérito, esto es, cuando el coletero está dominando al toro, citándolo desde donde se debe, y ligando los pases con temple y mando. Vaya, cuando está haciendo el toreo. La costumbre en la Maestranza es que sea la misma banda la que decide cuándo debe empezar a acompañar la faena y cuándo debe cortar el pasodoble, lo que hace de manera evidente y ostentosa con un fuerte golpe de bombo. Así puede atacar un pasoble tanto cuando el matador hace la faena de muleta, lo que es común en otras latitudes, como cuando torea de capa con especial mérito y rotundidad, o cuando un torero de plata pone un par de banderillas siguiendo todas las reglas de la mejor tauromaquia. Incluso alguna vez he visto cómo la música sonaba tras la excelente actuación de un varilarguero ante un toro muy bravo. Sin que nadie diga nada: a decisión del maestro que la dirige, que ordena comenzar o parar con un simple gesto de brazo mientras está atento a lo que ocurre en el ruedo.
En la Maestranza los buenos aficionados sabían cuándo la banda iba a arrancarse a tocar (no hacían falta esas voces tronantes que gritan desaforadamente ¡¡músicaaa!!) y también cuándo iba a dejar de hacerlo. No había sorpresas porque las cosas eran como tenían que ser. Si el matador remataba dos tandas seguidas con ritmo, cadencia, ligazón, mando y temple, entonces atacaba el pasodoble. Si embebía al toro en los vuelos del capote llevándolo, verónica tras verónica, hasta la boca de riego, entonces atacaba el pasodoble. Si el banderillero ponía su par yendo con seguridad al toro, sacando los palos desde abajo, enfrontilándose al animal y poniendo el par reunido y en su sitio, "asomándose al balcón", entonces atacaba el pasodoble. Pero si el matador resultaba desarmado, dejaba de ligar las tandas o hacía el más mínimo gesto de ir a recoger la espada de verdad, entonces sonaba un contundente ¡buumm! y se hacía el silencio.
Bueno, todo eso pasaba cuando dirigía la banda el maestro José (Pepín) Tristán Martín, lo que hizo hasta el Domingo de Resurrección del 2007. Pero desde que su hijo Manuel Tristán Becerra ha tomado el relevo (sin desmerecer la innegable calidad artística que el conjunto mantiene), la música de la Maestranza ha perdido los papeles, o su director no sabe nada de toros o no se ha enterado de a lo que viene a la plaza. Y mira que pasó tardes con su padre en el balconcillo de la grada del 11. Ya han comentado los aficionados esta temporada la inoportunidad de la banda. Pero hoy ha rizado el rizo. No había terminado Talavante de hilvanar una tanda en su primer toro (la única ligada después de muchos intentos, aunque acelerada y sin mostrar poderío), cuando ¡tararán! se arranca a tocar como si hubiera sucedido en el ruedo un prodigio. Pero todavía fue más improcedente cuando atacó el pasodoble durante la porfiona, valiente y deslavazada faena que el mismo diestro estaba aplicando al quinto de la tarde en la misma puerta de chiqueros (ustedes imaginarán por qué): pases sueltos o malamente ligados, llenos de trompicones y enganchones (porque el buey no daba para más, que bastante estaba haciendo el extremeño con intentarlo). Y el colmo de la inoportunidad llegó cuando el manso, en uno de esos cabezazos, desarmó al diestro: muleta por el suelo, Talavante pies en polvorosa, subalternos al quite... y el "maestro" Tristán mirando el lamentable espectáculo sin mandar parar a la música. Lo dicho, ha perdido los papeles. Como parte del público, que ha aplaudido hoy a uno de los infames toros que se han paseado por el albero.
Porque en la Maestranza hoy han pasado muy pocas cosas más dignas de ser comentadas. Los siete toros de Gavira que han salido esta tarde al albero, todos cinqueños y dos de ellos muy corridos (parece que hay que echar fuera lo que sobró del año pasado), eran mansos y lisiados o blandos como el merengue. Sólo uno devolvió la Autoridad, pero flojos y tullidos estaban todos. Qué encierro más malo, manso y mal presentado. El culmen fue el sobrero que salió en sustitución del inválido tercero, un manso pregonao de 590 Kg; un buey de carretas regordío y fuera de tipo que no dejó a Luque hacer nada, por más voluntad que el de Gerena le puso a su primera actuación en esta feria. No quiero ser demasiado mal pensado, pero estos son ya los toros que han sido seleccionados por los herederos del malogrado Gavira, fallecido hace ahora poco más de cinco años (vaya, parece que la cosa va hoy de herederos). No es que lo de Gavira haya dado toros muy notables en las últimas temporadas, pero algunos ejemplares habían salido encastados y dando el juego suficiente para el lucimiento de sus matadores. Por eso los habrá elegido Morante. Pero lo de hoy era una mansada. Si en esto es en lo que los herederos han convertido la ganadería que con tanto mimo fue formando don Antonio Gavira (tenía la ilusión de formar un encaste propio), mejor que la manden al matarife y empiecen de nuevo.
Lo demás, nada. Morante estuvo "con sus cosas", como dice José Luis: al primero ni verlo (para qué, si no valía para nada), y con el segundo lo intentó, con no demasiada convicción que todo hay que decirlo, y lo pasaportó de un mal espadazo. Talavante estuvo firme y voluntarioso, jugándose el tipo y demostrando que es capaz de fajarse y sacar pases notables de la sequedad de los mansos que le tocaron (esperemos que ahora que vuelve con ganas podamos disfrutar se su torería). Y Luque, también con muchas ganas, se encontró con un lote infame al que pasaportó de dos buenas estocadas. Este torero es un cañón con la espada. Los tres estuvieron, cada uno a su manera, muy por encima de los toros.
Qué bien lidió Mariano de la Viña al sexto de la tarde y qué suerte ha tenido Daniel Luque al contar con una cuadrilla como la que tiene.

lunes, 5 de abril de 2010

QUÉ BIEN VESTIDO IBA MORANTE

Lo dicho. Morante iba de dulce. Y así toreó también a su segundo. Derecha de mano baja, temple y ligazón. Pases de pecho magistrales, sobre todo el que interpretó en la puerta de chiqueros en la última tanda. Ese fue inolvidable. Además de trincherillas, ayudados por bajo y adornos de cartel. Por no hablar de la serie de verónicas llevando el toro a los medios: ¡Que quietud y qué parsimonia! Y todo eso con un toro descastado que acabó en toriles, como correspondía al mansurrón y flojo ejemplar de Daniel Ruiz. Ya lo había anunciado en varas huyendo a chiqueros después de sentirse dominado por el mando de las verónicas de Morante. Con la izquierda no se vio nada: o no tenía un pase por ese lado o Morante no lo entendió.
Esa fue la tónica del encierro. Ninguna sorpresa, claro. Ya lo había anunciado en mi anterior comentario. Los toros fueron descastados y flojos, algunos totalmente inválidos. El presidente estuvo rápido en devolver el primero que pedía la UCI nada más salir, pero dejó en el ruedo al sobrero que tenía que haber sido también enviado a los corrales. Pero no se atrevió. Igual que dejó al segundo y al tercero. Qué desastre de toros: ninguno fue a varas con franqueza (claro que sólo al quinto se puso en suerte según los cánones de la tauromaquia). Pero no se picó a ninguno: la suerte de varas quedó en una especie de labor de enfermería. Un paripé. Y además este público aplaude a los picadores sin saber por qué ni por qué no. En los asientos del 10 deben tener reserva la familia de los picadores, porque pasa por allí un enfermero con castoreño y recibe una clamorosa ovación. A veces por no caerse de su montura, a veces por no haber picado, a veces por poner la punta de la puya (sólo la punta) en los lomos del animal.
Lo dicho: los toros de bonita estampa que Daniel Ruiz ha traído a Sevilla
(los que dicen que gustan aquí) no valían para nada. Y como no tenían fuerza, pues arreaban cabezazos y pasaban a trompicones por los terrenos que les marcaban los diestros. Sólo el tercero tuvo alguna dificultad que superó Perera con una primera tanda por la derecha con mado y poder. El mando y el poder suficiente como para que el descastadito animal se rajara y dijera que ya no pasaba más por allí. Fue lo mejor de Perera, que se llevó lo peor del lote (lo que quiere decir que ya era malo lo que le tocó en suerte). Lástima, porque parecía venir con intención de demostrar que el año pasado no debió quedar fuera de los carteles.
Manzanares volvió a demostrar su clase con el noblón quinto, al que también dejó inédito con la izquierda. No ha habido suerte esta tarde: ni una tanda al natural en condiciones. Por cierto que alguien
(por ejemplo su padre) debería decir a José María que agarrar al toro por los lomos es una fea costumbre: abusó Manzanares de ese mal truco con el que pretende hacer ver que alarga el pase. Pues no: los pases largos se hacen sólo con la muleta. La mano izquierda la pone usted donde quiera, pero no en los lomos del toro. Orejilla ganada con una buena estocada.
Pues eso, que Morante iba muy, pero que muy bien vestido. Y además nos regaló toreo de calidad, pero que de mucha calidad. Pero los jandillas que Daniel Ruiz ha traído a la Maestranza eran una verdadera birria. Algún dia los presidentes se atreverán a devolver los toros lisiados (no sólo los moribundos) a los corrales, los picadores harán eso para lo que han sido contratados y los matadores correran la mano por abajo aunque los astados se caigan, que así es el toreo, en vez de fungir de enfermeros de guardia. Si hacen eso cada día (aunque nos quedemos sin toros en los corrales y se acabe la corrida en el tercero) seguramente volveremos a ver corridas de toros. Digo yo.