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domingo, 23 de abril de 2023

ESCRIBANO, PATATERO Y COBRADIEZMOS

Dicen que el victorino que ayer saltó en quinto lugar al albero de la Maestranza era hijo de Cobradiezmos, aquel lujo de toro que Victorino Martín llevó a Sevilla en abril de 2016 y que, tras una excelente faena de Manuel Escribano, fue indultado con todos los merecimientos y dedicado a padrear en Las Tiesas. Patatero se llamaba el toro. Cárdeno claro, cinqueño y con poco más de 500 kg de peso, presentaba la morfología prototípica de esta rama de los  santacolomas pasados por Albaserrada y que cría con esmero Victorino Martín García.

Pues quiso la suerte que Patatero cayera en manos de quien había bordado el toreo con su bravo padre: Manuel Escribano. Patatero tenía menos fuerza que su padre y humillaba menos, pero Escribano escribió con él una página de oro en su biografía torera. ¡No se puede torear mejor y más despacio! Después de recibirlo valientemente a portagayola y de un brillante segundo tercio, fue ahormando la embestida del victorino hasta que, a base de dominio y temple, consiguió ralentizarla hasta el extremo de que pareciera la embestida de un saltillo de los que se torean en México. Por la derecha y por la izquierda Escribano puso de pie los tendidos con un toreo excelso. Mató de una certera estocada y el público pidió con fuerza las dos orejas que el presidente concedió, a la vez que la merecida vuelta al ruedo de Patatero. Si las de Luque fueron bien ganadas, estas no lo fueron menos. La feria se ha puesto muy cara. Escribano se ha convertido por méritos propios en uno de los toreros de la afición sevillana.

Pero la corrida no fue sólo esto. El encierro de Victorino Martín quizás sea el encierro de la feria. Seis toros marca de la casa (cuatro cinqueños), perfectamente presentados, aunque quizás cuatro de ellos algo pasados de peso para este encaste. Mansurrones en los caballos, con poca fuerza y de variado juego, pero todos con interés. A Escribano le tocó el mejor de todos y también el peor: el segundo estaba en la línea de lo que Ruiz Miguel bautizó como alimañas: tobillero, reponía inmediatamente después de tragarse el muletazo. Aunque no llegaba al grado de dificultad de los victorinos de antaño (el ganadero, además de aumentar el peso, ha dulcificado la embestida de sus animales) exigía que se le hicieran las cosas bien. Y encontró enfrente a un torero que supo plantarle cara. La estocada algo trasera quizás le privó de cortar una oreja de este difícil ejemplar.

El Cid volvió y fue recibido cariñosamente por la afición. ¡Cuántos buenos momentos nos hizo vivir! Y volvió mejor que cuando se fue. Estos años de retiro le han venido bien al torero. Cuando se esperaba que fuera una reaparición un tanto light, Manuel Jesús demostró que viene a darlo todo. Toreó muy bien a sus dos ejemplares, y al segundo le cortó una oreja de ley. Reapareció esa prodigiosa izquierda que añorábamos los que le vimos torear en sus primeros años y ha recuperado el sitio con la espada.

Y Emilio de Justo cumplió sobradamente con su primer compromiso en la Maestranza. Cortó una oreja con todo merecimiento en el tercero de la tarde y se impuso a ley con el difícil sexto. Un toro blando de cuartos delanteros, pero complicado a más no poder al que pudo cortarle otra oreja si no hubiera fallado con los aceros.

En fin, una magnífica corrida que hizo disfrutar a los aficionados que casi llenaban los asientos de la Maestranza. El mejor encierro hasta la fecha, el mejor toro hasta el día de hoy y una terna que ha puesto muy cara la feria,

viernes, 27 de abril de 2012

ALGO DE ESPERANZA Y UNA SARDINA



Eso era el cuarto toro de la tarde, una sardina con patas. Patas largas, cuerpo escuálido y carita de niño. Un bodrio de toro, como todos los demás que salieron al ruedo. Mansurrones (buscaban desesperadamente la puerta por donde habían llegado) blandos, descastados y tontorrones. Perdón, muy nobles. Seguimos con las mismas. ¡Qué mala suerte tiene Morante! Siete toros y ninguno ha salido bueno. Que si uno hacía no sé qué, que si el otro no se entregaba, que si el de más allá tiraba un gañafoncito por la izquierda y así no hay forma... Mala suerte. Con el cuidado que ponen los suyos en buscar el ganado para el maestro y nada. Pues a despedirlos a todos, incluido el apoderado. Y para la próxima que exija que le anuncien con toros de verdad. Verá como entonces sí puede mostrar todo lo que lleva dentro ¿O no? Porque dos medias (eso sí, de cartel de toros), unas chicuelinas, una tanda por la derecha y algunas trincherillas salerosas no sirven para justificar el día. Y sí dejaron ver con claridad que el de La Puebla está espeso y reservón. Aguanta las broncas con estoicismo, y a otra cosa. Ya lo decía: seguramente la afición sevillana no le va a permitir mucho más, porque Morante no es Curro. Ni siquiera en las broncas. ¿Quién no recuerda las broncas al camero en la Maestranza? Eran tan apoteósicas como sus triunfos. Las broncas a Morante son medianitas. Ni siquiera la lluvia de almohadillas en la despedida (que no estoy defendiendo, desde luego) son como aquellos diluvios que soportaba Curro en su camino hacia la puerta del patio de caballos. Así que como no es Curro, a lo mejor los aficionados se olvidan de él.
La esperanza la puso el nuevo matador de toros, el madrileño López Simón, que sorprendió con su decisión, su arrojo y sus maneras ante el único toro decente (que no bueno) de la tarde y que casualmente estaba reseñado de sobrero. Su decisión y arrojo le valieron la oreja y una cornada cuando se tiró a matar con todas las fuerzas de su alma. Cuando lime algunas asperezas y purifique su tauromaquia quizás tengamos un buen torero.
Eso fue todo en una tarde con tantas esperanzas, porque Manzanares vivió de la renta ante un ganado imposible y llevó la lentitud de su faena hasta la desesperación en el quinto de la tarde. Es que claro, además de que su tauromaquia está marcada por la despaciosidad, a estos toros enfermizos hay que dejarles mucho tiempo entre tanda y tanda, y a veces entre pase y pase, para que se recuperen y medio acudan la engaño.
Una penita de ganado del glorificado Núñez del Cuvillo. Como casi todo lo que ha salido, exceptuando lo de Cuadri y lo de Victorino Martín. Si estas mismas ganaderías sacan ganado bueno en otras plazas, tendremos que dar crédito a quienes dicen que el problema no es sólo del declive de la cabaña brava, sino que los ganaderos envían a cada plaza ejemplares de calidad proporcional a lo que las empresas pagan por ellos. Entonces, lo que sale en la Maestranza es de saldo.

miércoles, 25 de abril de 2012

¿TÚ TAMBIÉN, VICTORINO?



Otra vez el baile de corrales. Y esta vez al reputado como uno de los representantes más serios y honestos del paisaje ganadero. Pues también a Victorino le devolvieron cuatro reses: dos por despitorrados y dos por falta de trapío. Con eso y todo, hemos visto una corrida de toros. Que ya era hora. El encierro estaba desigualmente presentado; con dos toros fuera de tipo, grandones y feuchos, y otro demasiado chico. Uno, quizás el de mejor juego, era cinqueño. Debería Victorino Martín haber presentado una corrida más igualada, pero, claro, siendo para Sevilla...
Los saltillos del hierro del Marqués de Albaserrada dieron también juego desigual y todos blandearon durante la lidia. Algunos mansearon más y otros menos. Ninguno fue con prontitud al caballo y fueron picados desigualmente. Alguno metió la cabeza bajo el peto, empujando con codicia; otros se fueron del caballo a poco de sentir el picotazo. Unos presentaron más dificultades en la lidia (el primero era imposible por la derecha, pero Fandiño tuvo la habilidad de corregirlo); otros, un poco menos. Todos se comportaron como se espera de este encaste (ya saben, buscando los pies de su contrario) aunque ninguno fue lo que se dice una alimaña. Unos fueron aplaudidos al aparecer en el ruedo y en el arrastre, y otros no. Una corrida de toros en definitiva. Cada uno con sus características, cada uno con sus dificultades, pero los seis pidieron el carnet de torero a sus lidiadores. Ya era hora de que viéramos toros en el albero de la plaza. Sólo con eso nos dimos por contentos. Que no es poco estando las cosas como están.
El mano a mano lo ganó claramente Fandiño que estuvo muy seguro y poderoso con los ejemplares que le tocaron en (buena) suerte. El primero lo toreó admirablemente con la izquierda hasta que el animal se aprendió el camino, y entonces dio un par de tandas por la derecha una vez que había corregido las dificultades que el victorino tenía por ese lado por donde le había dado dos peligrosos avisos. En el tercero, un cinqueño que dio muy buen juego, Fandiño estuvo firme y bien plantado. Alargó la mano y le dio distancias, lo que le permitió cuajar una buena faena: cuando las cosas se hacen bien se obtienen buenos resultados. Oreja merecida. Con el quinto estuvo menos firme, aunque también hubo tandas de interés. El público pidió la oreja, pero el presidente hizo bien en no concederla (aunque se han dado orejas con menos merecimientos) y el torero mal al dar una segunda vuelta al ruedo por su cuenta. No lo necesitaba, porque ya tenía el reconocimiento de Sevilla. A los tres los mató bien y por arriba, aunque en las tres ocasiones la espada cayó algo trasera.
David Mora tuvo el peor lote y el peor toro de todo el encierro que salió en segundo lugar. Un toro fuera de tipo, demasiado grandón y regordío que tenía pocas fuerzas para tanto kilo. Pero aunque le puso voluntad, no dio la talla ante sus enemigos. Todos le superaron y en ocasiones se le vio espeso de ideas. No se colocó bien, no dio las distancias adecuadas (a veces recurrió al populista arrimón) ni corrió la mano ni mandó lo que los victorinos precisaban para entregarse. Demasiados toros para él.
Al menos yo he salido satisfecho de la plaza por tercera vez después de nada menos que doce corridas.
¡Ah, lo olvidaba! Tristán volvió a meter la pata con su música durante la lidia del quinto. El toro desarmó a Fandiño. El torero se fue a las tablas a por otra muleta, volvió al ruedo, cambió al toro de terrenos, y la música siguió con el pasodoble. Sería para entretenernos durante ese tiempo muerto. Menos mal que ha dicho en una emisora de radio que el próximo año no estará dirigiendo su banda en la plaza de toros.



viernes, 29 de abril de 2011

FIASCO DE VICTORINOS



Si señor. Otro fiasco ganadero. Razón tenía Victorino Martín cuando decía que no iba a Madrid porque no tenía toros. Pero sí tenía para Sevilla, claro. Porque aquí se aguanta todo. Un público que de respetuoso es casi tonto y una presidencia que no lo defiende como es su obligación. Será porque quieren ir gratis a los toros, o quitarse un poco de la rutina diaria durante un mes, o yo qué sé. Pero ayer se quedaron en le ruedo al menos dos toros que deberían haberse vuelto a los corrales.
Los victorinos habían despertado expectación, a pesar de que la temporada pasada tampoco respondieron a lo esperado. Un aviso a la empresa: si en 2010 la plaza se llenó el día de los victorinos, ayer había muchos claros en los tendidos. A este paso, entre unos y otros van a conseguir que no vayamos a los toros. Ni defensores de los animales, ni antitaurinos a la catalana, ni nada de nada: lo repito otra vez, toreros, ganaderos y empresarios son suficientes para acabar con la tauromaquia. Peor para todos.
Al menos ayer pudimos ver algo de interés. ¡Qué buena cuadrilla tiene El Cid! ¡Qué bien lidiaron al segundo toro! ¡Qué buen torero es Boni! ¡Qué bien hizo la suerte Ruiz Román! Por fin pudimos ver picar a un toro puesto en suerte y citando de la manera adecuada. En ese toro El Cid volvió a demostrar que no ha recuperado el sitio ni la confianza. Era un buen toro, al menos en comparación con lo que está saliendo de toriles. Un poco gordo (después hablaré de eso) pero un buen toro. El Cid le enjaretó alguna serie firme con la derecha, pero con la izquierda no pasó de probaturas ayudándose con la espada. Unos intentos para intentar decir que el toro no servía, pero ya está. Y en mi opinión el toro iba bien por ese lado: lo que descubrió El Cid con esas probaturas es que ya no es el poderoso torero que fue. En su segundo tampoco pasó de muy discreto, aunque mató bien. A buenas horas mangas verdes...
La sorpresa para mí fue Padilla. Toreó muy bien de capa al cuarto de la tarde; le puso un muy buen par de banderillas saliendo de los adentros y lo mató magistralmente. Ese espadazo valía una oreja. De momento es la estocada de la feria; muy difícil de superar. Aunque como se trata de Padilla, pues seguramente se llevará el premio algún figurón del toreo. Y además estuvo muy atento a todas las fases de la lidia en todos los toros: estuvo a los quites, siempre en su sitio (lo que es cada vez más difícil de ver), acompañó a los picadores hasta que dejaba cerrado el portón... Ya digo, una sorpresa para mí que siempre le he tenido por un torero valiente pero basto y aturrullado. Cortés sólo me gustó a ratos. Abusó de torear al hilo de los pitones, y sólo cuando se colocaba bien, las menos de las veces, conseguía series interesantes. Creo que pudo hacer más con lo que le tocó en suerte.
De los toros, para qué decir nada. Eso no es lo esperado de un ganadero que tanto ha presumido de ser distinto de sus colegas llamados comerciales y que siempre a culpado a los toreros de los fracasos de sus toros. Los de ayer eran blandos y bastante descastados. En mi opinión los tres primeros estaban pasados de peso. El primero escandalosamente regordío y basto. No estaban en el tipo de la ganadería: yo creo que se confunde trapío con kilos. Los saltillos de Albacerrada quizás no deberían pasar de 500 kg. De ese modo hay una relación ajustada entre la estructura del toro, su musculatura y sus fuerzas. Pasados de peso ni son bonitos ni se mueven como el aficionado espera que lo hagan. Tantos kilos sólo son buenos para que tengamos más masa para hacer un buen guiso.

viernes, 16 de abril de 2010

TOROS DE FACTORY